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Paseo 11 de Abril de 2013

La paz del mar y el río en Bocas de Ceniza

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Estando cercana aun la fecha del Bicentenario de Barranquilla, redescubrir las pequeñas bellezas que oculta esta ciudad en su seno es una decisión acertada que puede suponer una gran satisfacción para quien se anime a intentarlo. Dentro del área urbana de la capital del Atlántico, Bocas de Ceniza representa un escape al ajetreado ritmo del día a día, una forma de adentrarse en la paz del mar sin abandonar tierra firme.

Punto de desembocadura del río Magdalena en el mar Caribe, el comienzo de esta plataforma de tierra que irrumpe en las aguas de forma desafiante se encuentra ubicado en el barrio Las Flores, donde además existen diversos restaurantes en los que pueden comprarse gran variedad de peces debido a la ubicación privilegiada del lugar, en el que convergen la fauna marina fluvial con la marítima.

El trayecto de casi ocho kilómetros que va hasta la punta del tajamar de Bocas de Ceniza es una buena opción para aquellos que gusten de caminar y hacer deporte mientras están en contacto con la naturaleza, ya que la fauna durante todo este recorrido es abundante y llamativa. Al inicio del mismo se puede apreciar un ecosistema de mangle en el que cangrejos y otros moluscos se presentan a la vista en una variada oferta de colores, mientras a diestra los gigantescos buques mercantes arriban al puerto de Barranquilla por el río.

Quienes no deseen hacer un recorrido tan extenso pueden usar el tren que se encuentra aparcado al inicio del camino y que avanza hasta un poco más de la mitad de este. En caso de que el tren no esté funcionando también existe la opción de usar una moto que nos lleve hasta el final de Bocas de Ceniza, donde podremos apreciar el momento mismo en que el rio y el mar se unen.

Otro de los atractivos del lugar es la posibilidad de observar de cerca la vida de los pescadores que viven en el tajamar y que subsisten completamente con aquello que sacan de las aguas, así como observar a los pescadores que llevan sus botes hasta altamar y pescan usando técnicas que han pasado de generación en generación desde los orígenes de Barranquilla.

Quizá lo más llamativo sea el contraste entre el Magdalena y el Caribe, la tonalidad oscura del primero en contraposición al azul del océano y la expectativa de verlos reunidos. Todo esto se ve acompañado por una gran diversidad de flores silvestres, aves que pescan a lado y lado y el continuo roce de la brisa marina.

Congelado en el tiempo como un testimonio mudo de la llegada del progreso a la ciudad, e inmortalizado en su himno como las cuchilladas del rio sobre el mar, Bocas de Ceniza es el lugar perfecto para hacer turismo ambiental sin ir demasiado lejos, pues se encuentra ‘a la vuelta de la esquina’, además de ser bastante económico. Una oportunidad que ningún barranquillero debería desaprovechar.

Sitio histórico

Bocas de Ceniza

Esta vía fluvial llamó la atención de los empresarios durante gran parte del final del siglo XIX, debido al comienzo de la navegación con buques de vapor, sin embargo luego de la construcción del muelle de Puerto Colombia se perdió interés. Finalmente en el año 1936 el presidente Alfonso Pumarejo inauguraría el canal navegable.

Por: Rafael Pabón

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