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Aplausos 13 de Marzo de 2020

Un museo para viajar en el tiempo por B/quilla y el Atlántico

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Foto: Orlando Amador Rosales

En el centro interactivo de memoria urbana (Cimu), en el edificio de La Aduana, reposa información del archivo histórico del atlántico, videos e imágenes testimoniales. Anímese y descubra este espacio.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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El Centro Interactivo de Memoria Urbana (CIMU) es como una máquina del tiempo. Llegar allí nos adentra en el pasado, el presente y en una proyección del futuro de Barranquilla y del Atlántico. Es —por así decirlo— un viaje que se emprende sin abrocharse el cinturón. Inicia al adquirir una tarjeta que se convierte en la llave maestra para dar inicio a la aventura. La bienvenida está a cargo de un torniquete, una gran puerta de madera y algunos guías.

Iniciamos haciendo la primera parada en el pasado, situándonos en un salón pequeño. Este se encuentra dotado de un video beam que proyecta imágenes animadas de las dos versiones del mito fundacional de la ciudad de Barranquilla: la de los animales con hombres campesinos que entraron por el municipio de Galapa en busca del agua del río y, la de los hallazgos de fosas comunes y vasijas de barro de la época. El suelo, con dibujos de esqueletos humanos “desenterrados”, nos contextualizan lo antes mencionado.

Una cortina negra e imponente nos invita a continuar a la segunda sala. En sus paredes reposan textos en español e inglés sobre La ciudad que se abre al mundo. Los documentos registran que Barranquilla tiene al menos 40 hitos históricos que la hicieron merecedora del nombre ‘Puerta de Oro de Colombia’, pero solo visibilizan en una pared las imágenes y los sonidos del barco a vapor, la locomotora Bolívar y las aeronaves. La tercera alberga en sus paredes la historia de la primera aerolínea de América: La Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos (Scadta). A su vez cuenta con fotos aéreas tomadas a la Barranquilla de 1939. Después nuestra vista se topa con la pared de Construyendo un legado, que hace honor a las fotografías de 50 momentos y edificaciones más importantes en la historia de la ciudad, dentro de los cuales sobresalen la llegada del papa Juan Pablo II, la construcción de la Catedral, el muelle de Puerto Colombia en 1928, el primer teatro municipal, el sistema de transporte llamado tranvía de mulas y el edificio residencial García, entre otros. Hacia la derecha apreciamos la proyección de un video de Barranquilla en los 50, cedido por el canal Señal Memoria, hoy día Señal Colombia.

Damos unos pasos y llegamos al presente. Allí se encuentran tres momentos: el Atlántico, la Barranquilla y la Aduana. Melissa Parodi, directora del CIMU, explica que lo han llamado Cultura sin aduanas para romper un poco el imaginario de lo que ha sido el edificio, que por muchos años tuvo un uso comercial, y que hace 25 años se convirtió en un centro cultural. 

En las etapas anteriores se proyectan tres videos que con solo hundir un botón se reproduce uno por uno, revelando el desarrollo urbano y la gente de la ciudad, así como los espacios naturales del departamento y la mirada de La Aduana como espacio cultural.

Al terminarlo, una imagen del imponente mural Simbología de Barranquilla —de Alejandro Obregón— invita a que las miradas se posen sobre este. 

“Este mural fue un pedido especial que le hizo el Banco Popular al artista Obregón. Y como el pintor fue considerado como uno de los muralistas más importantes de la historia de la capital atlanticense, quisimos traer una imagen del mural a nuestras instalaciones para que quienes nos visiten tengan contacto directo con este. Es así como invitamos a la gente a que identifique elementos presentes en la obra, dando vía libre a la lectura de lo que fue Barranquilla en aquella época para el maestro”, explica Melissa.

Luego de hacer el ejercicio emerge una dinámica especial. Aparece en una pared el dibujo del mural sin colores para que todo aquel que desee —máximo cinco personas— deje volar la imaginación, tome un marcador digital, seleccione los colores y haga trazos sobre este. Seguidamente una gran pantalla con auriculares nos reproduce una serie de relatos de educadores y personas del sector que cuentan con miradas diferentes del antes y el después de La Aduana. Ahora viajamos hacia el futuro y llegamos a la sala Atlántico y Barranquilla futuribles. Su piso cuenta con efectos de luces con la reproducción de una mirada satelital de Google de cómo se ve Bocas de Cenizas y la unión del río con el mar.

“Creemos que en los últimos años hemos pensado en una ciudad y un departamento en crecimiento, pero si su comunidad no está educada y no cuenta con desarrollo cultural, las obras pueden terminar deteriorándose y es precisamente la reflexión que queremos hacer con este tercer momento”.

Una banca situada en la mitad de la sala, bajo un techo colmado de luces pequeñas que evocan las estrellas, invita a que nos acomodemos y con atención apreciemos los videos de algunos proyectos de ciudad basados en las miradas de arquitectos y de la Alcaldía Distrital. Más tarde encontramos unas tabletas adheridas en la pared, con las que grabamos cómo imaginamos a Barranquilla y al Atlántico en un futuro. Al culminar el video se guarda en el CIMU y lo enviamos a nuestros correos electrónicos.

“Quienes autoricen el uso del video, luego de que el comité del museo realice una selección, se convertirán en productos audiovisuales con el nombre de la persona que lo visionó”.

Otro de los atractivos del lugar es la zona de La banda sonora del futuro. Allí nos convertimos en Dj durante unos minutos para programar la mezcla de varios sonidos que al finalizar se convierten en una pista que suena a Barranquilla.

“Ahí la gente encontrará los sonidos de la bocina del vendedor de peto, de un grillo, del agua y del centro de la ciudad, entre otros. Lo que quiere el CIMU es que la gente se sienta parte de la ciudad creando el sonido de la Barranquilla del futuro”.

Una última pared natural da por terminado el recorrido. Esta cuenta con canoas pequeñas que tienen bolsitas con semillas de teca, de acacia y de orégano, que recibimos como recordatorio y con las que nos hicimos el compromiso de sembrar para darle como obsequio un árbol a la ciudad que nos vio nacer, crecer y desarrollarnos. 

Melissa recalca que este es un museo que emergió como extensión del archivo del departamento del Atlántico y que le apunta a que su visitante conozca de forma interactiva nuestra historia, haciendo uso de las nuevas tecnologías. 

“Una de las reflexiones que hacemos es que la ciudad puede crecer y construir sin destruir porque creemos que el patrimonio puede dialogar perfectamente con espacios modernos sin ningún problema”.

Advierte que es un lugar para el disfrute de extranjeros, del conocedor de historia y del que no, así como para todas las familias, desde el más pequeño hasta el más adulto. El ingreso también está pensado para las personas con discapacidad. Abren taquillas de martes a domingo, de 9:00 a.m. a 5:00 p.m. Cuentan con recorridos bilingües que deben realizarse con previa reserva. Los tickets pueden adquirirse en el ingreso de La Aduana o en su página web. 

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