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Testimonio 04 de Marzo de 2020

“Si no hubiese sentido esos dolores hubiera muerto”

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Foto: Christian Goenaga y archivo particular

María Alejandra Raad Cure recuerda a Kevin, nombre que le puso al tumor canceroso que la afectó por siete meses. En sus redes sociales registró todo el proceso.

Sharon Kalil - @sharondkalil
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Kevin es el nombre con el que bautizó María Alejandra Raad Cure a su tumor (ubicado en el tórax, justo al lado de su corazón). Cartas, casi que diarias, le dedicó desde el 10 de marzo de 2019, día en el que empezó su guerra contra el cáncer.

Linfoma no hodgkin es la enfermedad que se robó sus pensamientos y los de su familia durante siete meses. Pero ella prefiere llamarlo Kevin, recordando al protagonista de la película Mi pobre angelito, quien al igual que su tumor hizo muchos “desastres”.

La barranquillera, como muchas otras mujeres, durante su vida no vio señales de que pudiera tener la enfermedad, todo lo contrario, siempre se consideró una mujer sana. Mucho menos pensó que la iban a diagnosticar un año después de que terminara con el que iba a ser su futuro esposo y de que enfrentara la muerte de su padre, pues se suponía entonces que el 2019 iba a representar en su vida la reinvención total.

“Nunca sufrí de nada, ni siquiera me daba gripa. Creo que lo único fue que me operaron de apendicitis. A mí me descubrieron la enfermedad porque en septiembre de 2018 empecé a sentir un dolor en el pecho. Cuando fui al médico me dijeron que tenía osteocondritis y que iba a seguir teniendo esos síntomas por mi rutina: viajaba frecuentemente, sentía el peso del portátil, por como dormía, etcétera”.

María Alejandra cuenta que en enero empezó a sentir más dolor, a despertar con los ojos hinchados y a tener gripa. Fue fácil para ella atribuirle esos síntomas a un virus, hasta que el dolor en el pecho fue aún más fuerte y decidió hacerse una serie de exámenes.

“El domingo 10 de marzo estaba en mi casa empijamada a punto de dormir cuando sentí un tirón en el pecho que me quitó la respiración, además tenía un nódulo en la garganta que me dolía cuando quería tragar. Cuando llegué a la clínica me pusieron en triage naranja, lo que significa que si en 30 minutos no me atendían podía perder la vida”.

La médico que la atendió para descartar otras enfermedades decidió hacerle una radiografía de tórax. A la espera del resultado vio como médicos salían y entraban al consultorio, lo que la hizo pensar: “la persona que siguió después de mí está grave”. Después de unos minutos se dio cuenta que el desespero era a causa de ella.

“En mi radiografía se vio una mancha gigante en la mitad del pecho. Desde ese día escuché la palabra cáncer y lo primero que pensé fue en cuántas quimioterapias serían, porque quería únicamente que me dieran la solución. Pienso que si no hubiese sentido esos dolores hubiera muerto”.

Ese 10 de marzo también lo recuerda con tristeza Giselle Cure, su prima hermana, quien asegura que esa noche ambas hablaban sobre el nuevo look  rubio de María Alejandra.

“Ella subió unas fotos haciendo ejercicio y le dije que le hacia falta unos baños de sol porque estaba muy pálida, pero no sabía que se sentía mal. Al día siguiente me enteré de su enfermedad y me destrocé porque es muy duro sentirla de cerca ”, cuenta Giselle entre lágrimas. Agrega que su prima siempre ha sido de carácter fuerte, por lo que antes de Kevin expresaba muy poco sus sentimientos. “El cáncer la sensibilizó muchísimo, la ha llenado de mucha paciencia”.

 

El proceso. La comunicadora social y periodista se sometió a 28 quimioterapias durante su padecimiento. Se cortó el pelo desde antes de que los fármacos se lo tumbarán y se enfrentó con la pérdida de muchas amistades.

“Yo nunca pensé en mi parte física, lo que quería era recuperar mi salud. Me tocó cambiar toda mi vida”, dice.

Una de las situaciones que más le costó vivir fue que las personas le hablarán   solo sobre la enfermedad y no de temas simples como series, el clima, etcétera.

Terminó sus quimioterapias en el Instituto Nacional de Cancerología, en Bogotá. En sus  hospitalizaciones estuvo acompañada de su madre, Alexandra Cure, quien desde hace seis años es sobreviviente de cáncer de seno.

“Fue espantoso saber que mi hija tenía cáncer porque ya yo lo había vivido.  Siempre tuve la esperanza de que no fuera de los más malos”, dice.

Uno de los consejos que le dio a su hija fue que nunca perdiera la actitud positiva, “pues estar deprimido hace que las defensas se bajen”. “Lo principal es pedirle fortaleza a Dios y a la virgen, y estar rodeada de personas que te den ánimo en esas circunstancias”.

Alexandra asegura que su hija cambió muchísimo a raíz de la enfermedad. “Hoy día tiene más fe, es mucho más solidaria. Recuerdo que siempre estuvo al pendiente de los otros pacientes, de sus necesidades y me pedía que las ayudara. El cáncer despierta en ti sentimientos que tenías dormidos”.

Otro que concuerda en lo anterior es  uno de los dos hermanos de María Alejandra, Samir Raad.

“Ahora es una persona más positiva, luchadora y más determinada con lo que se propone. Se dio cuenta que a veces es bueno expresar la debilidad y que debe apoyarse en la familia”.

Agregó que para él el cáncer es una oportunidad para mejorar ciertos aspectos personales y para darse cuenta que “la vida es muy corta y que no hay que  enfrascarse en pequeñeces”.

Una campana sonó el 7 de octubre celebrando que María Alejandra estaba libre de cáncer y que ya no necesitaba un trasplante de médula. Recibió una serenata por parte de su madre, un pudín de cumpleaños para celebrar su nueva vida y una medalla de victoria del Instituto Nacional de Cancerología.

Ahora documenta cada paso en su vida desde que dejó a Kevin: volver a su casa, volver al trabajo, ir al gimnasio o a la playa. También da su testimonio en diferentes eventos, celebra a diario “el milagro de la vida”.

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