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Testimonio 30 de Mayo de 2018

La esperanza que trajo de nuevo a la vida a Griselda Bermúdez

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Foto: Orlando Amador Rosales y archivo particular

Daniela Murillo Pinilla- @DanielaMurilloP
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Todo lo que uno es y lo que uno tiene es efímero”. Así, con seguridad y firmeza la barranquillera Griselda Bermúdez Ahumada se refiere a la vida. 
 
A sus 31 años, esta fisioterapeuta de profesión, investigadora farmacéutica por convicción y líder de varios proyectos inmobiliarios reconoce que “nada está garantizado en el camino de cada quien” y que no “siempre vamos a estar en el estado en el que nos encontramos hoy día”. 
 
Además de ser partidaria de esta consigna, Griselda también reconoce que en ocasiones los cambios en los proyectos de vida son necesarios, aunque no se busquen y resulten difíciles, determinantes y en algunos casos, dolorosos. 
 
Ella lo sabe, pues vivió “en carne propia” la experiencia de enfrentarse a la muerte, a los miedos y a las frustraciones. El 30 de diciembre de 2013, Griselda sufrió un trágico accidente  automovilístico en la autopista Turnpike de Estados Unidos, cuando se encontraba viajando de Orlando a Miami. Un hecho que marcó un antes y un después en sus proyectos y propósitos.
 
Sentada cómodamente en un sillón, con sus manos entrelazadas y con la serenidad que identifica su voz, Griselda aún recuerda este fatal suceso “como si hubiese sucedido ayer”.  
 
“En el 2013 yo estaba atravesando por varias situaciones difíciles en mi vida. Mi papá había muerto y había terminado la relación con mi novio de aquel entonces. Es por ello que decidí viajar a Miami para olvidar un poco lo que estaba viviendo y encontrar nuevas oportunidades de negocio en el campo inmobiliario. Ese 30 de diciembre teníamos programado, con una pareja de amigos, viajar de Orlando a Miami, pues yo iba a pasar el Año Nuevo con mi familia allí”, contó Griselda. 
 
Aunque en un principio tenían planeado viajar juntos en el carro de Griselda, a último momento la pareja decidió alquilar un carro distinto, pues tenían pensado llegar a otra ciudad de Florida. 
 
En la actualidad, Griselda está radicada en Barranquilla. 
 
“Sentí temor al manejar de noche, ya que no tenía experiencia. Aun así, salimos en caravana a las 8 de la noche, pero al primer peaje nos perdimos. Manejé hasta las 9:30 p.m; paré en una estación de descanso y luego retomé la carretera. Yo nunca sentí sueño y esto siempre ha sido una incógnita en mi vida, pero recuerdo haber abierto los ojos y encontrarme en medio del accidente, el carro daba vueltas y en medio de los golpes perdía y recobraba la conciencia. Cuando sentí que se detuvo, me desperté y todo estaba oscuro. Solo escuchaba el sonido de un helicóptero, la sirena de las ambulancias y el murmullo de personas que me aseguraban que todo iba a estar bien. El carro quedó a cinco pies de un canal”, agregó. 
 
Así quedó el carro en el que se movilizaba Griselda, luego del accidente.
 
Después, fue transportada en helicóptero hasta el hospital. Allí el neurocirujano le preguntó unos datos personales que escasamente recordó y le pidió que moviera las piernas. 
 
“En ese momento me acordé de mis conocimientos en fisioterapia. No podía moverme de la mitad del pecho hacia abajo y yo sabía que debía tener la columna partida, se lo pregunté y me dijo que él también lo creía pero que necesitaba hacerme varios exámenes, entre estos una resonancia”, relató. 
 
Cuando la ingresan a una de las salas  para llevar a cabo estos procedimientos, Griselda sintió que las cosas en su vida “ya no serían igual”. Le pedía a Dios que le salvara la vida y que no la dejara morir de esa manera, le pidió que no la abandonara. Curiosamente, su cuerpo en el exterior se veía en buen estado, pero por dentro tenía traumas, fracturas y lesiones en la columna vertebral, las costillas, el esternón, la escápula y demás huesos. Fue operada de urgencia y estuvo internada seis días en cuidados intensivos. 
 
Durante los primeros días de recuperación, Griselda permaneció paralizada pero sintiéndose “inexplicablemente tranquila con una paz interna”. Aunque asegura que hubo momentos difíciles, ella sentía la seguridad de que volvería a caminar. Ignoraba los comentarios de los médicos y familiares que le insistían que debía acostumbrarse a asumir su vida en una silla de ruedas.
 
Griselda recuerda el día en el que logró ponerse de pie como uno de “los mejores de su vida”. 
 
“Me acuerdo preguntarle a mi prima Natalia si volvería a caminar y ella me responde “Grise, ¿tu crees en Dios?” Esa frase fue lo único que yo tuve y de lo único que me aferré”, manifestó. 
 
Duró tres meses en un proceso de rehabilitación en el Delray Medical Center, en Florida, gracias a que una trabajadora social de este hospital, quien también era colombiana, hizo una aplicación para brindarle una cama de caridad dentro del centro. Con actitud positiva asumió este nuevo rumbo en su vida, se devolvió a Colombia y se radicó en Cali, pues asegura que en Barranquilla “no hay centros de rehabilitación de calidad”. 
 
“Ha sido un proceso difícil y lento. Hubo días donde lloraba y una etapa en la cual perdí parte de mi confianza en mí. En Cali quise aislarme del mundo y fortalecerme como persona, pues tuve que empezar desde cero a nivel emocional, profesional, físico, mental y familiar. Los primeros dos años después del accidente me los dediqué a mí, ahora ya me siento capaz de ayudar a más personas. Estoy fuerte y tranquila”, afirmó.
 
Cuando le preguntan dónde radica el positivismo que siempre la ha caracterizado en su recuperación, agrega que ha sido gracias a dos aspectos: a su esperanza en la vida y a su fe inquebrantable, pues siempre se vio “luchando, caminando, saliendo adelante y trabajando”. 
 
“A veces tenemos miedo de sacar nuestra propia luz y vivimos aferrados a muchas cosas del pasado que nos entristecen. Aprendí a soltar paradigmas y prejuicios y hoy soy más paciente y humilde”, contó. 
 
En la actualidad, Griselda vive apreciando “el día a día”, se dedica a sus proyectos laborales en el sector inmobiliario y  continúa trabajando por su recuperación en Barranquilla, mediante entrenamientos diarios de dos horas. Camina con ayuda de un bastón, pero esto no ha sido impedimento para ella, pues lo ve como “un regalo de la vida”. 
 
“Hoy día estoy en busca del propósito de mi vida. En la ciudad no está bien desarrollado el tema de la rehabilitación en cuestión de calidad, cantidad y tiempo, no existen los equipos para tratar personas con problemas neurológicos ni terapias de dolor diferentes a las invasivas. Mi sueño y proyecto a largo plazo es crear un centro que combine tecnología con hidroterapia y rehabilitación física para niños y adultos. Los milagros ocurren y a veces lo único que te puede sacar de una situación difícil es creer que siempre hay una salida”, concluyó. 
 
Texto: Daniela Murillo Pinilla
Fotos: Orlando Amador y archivo particular
Vestuario: Beatriz Camacho
Agradecimientos: Milano Home Colombia

 

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