EL HERALDO SUSCRÍBETESuscríbete a EL HERALDO
El id es:node/136088
Testimonio 02 de Diciembre de 2015

Enamorada de un infectado con VIH

El usuario es:
Foto: Archivo particular

Inguel Julieth De La Rosa V.
Compartir:

Si uno ama verdaderamente, el amor no tiene condición, uno quiere a la persona tal cual como le toca quererla en la vida, hay que aprender a vivir con lo que se tiene y con lo que la vida le da a uno”. Con estas palabras, Margarita Abello responde por qué decidió casarse con un hombre infectado con VIH.

El tono de voz de esta barranquillera es fuerte, seguro. Antes de indagarle sobre los temores que ha podido sentir por la situación de su esposo, ella deja claro que esa infección “no es más que una condición médica”.

“Hemos vivido inmensamente felices con conocimiento de esta condición, que no es, en ningún momento, un impedimento moral ni algo de gravedad”, expresa, orgullosa de quien ha sido su esposo por casi 20 años.


Margarita Abello se casó con Juan Carlos Riascos en 1996, a sabiendas de su infección.

Transcurrían los días de febrero de 1996 cuando Margarita le dio el “sí” al samario Juan Carlos Riascos. Antes de llegar al altar, un amigo le preguntó: “¿no te da miedo casarte con él?”, y ella, con la madurez que ya había adquirido a sus 38 años, respondió: “miedo me da casarme con el que no es, con una persona a la que no amo, que no sea mi alma gemela o con la que no tenga nada en común”.

“Un amor que renació”. El amor de Margarita y Juan Carlos nació en Miami, en sus días de universidad. Mantuvieron una relación de tres años y terminaron “por circunstancias geográficas del destino”: él viajó a Israel a hacer una maestría y ella, a Londres, también a estudiar.

Tiempo después Juan Carlos regresó a su natal Santa Marta y fue ahí donde conoció a su primera esposa, una samaria también llamada Margarita, pero de apellidos Monroy Vives. Con ella dio vida a su hija Luciana, justo al año de casados. Por esos días, Margarita bajó de peso considerablemente, presentó falta de apetito y mareos. Inicialmente, los síntomas fueron confundidos con el síndrome postparto, pero sus males tenían origen, realmente, en el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH).

Era 1991, Juan Carlos tenía 32 años, su esposa, 26, y su hija, apenas 6 meses de nacida. Los tres ya estaban infectados y, lo peor, en ese momento el diagnóstico de VIH/Sida era una “sentencia de muerte”.

“En estos casos de accidente, el ser humano busca culpables, pero nosotros decidimos pensar quién fue el responsable y, por mi experiencia sexual y mi recorrido por el mundo, yo asumí la responsabilidad como jefe de familia. 24 años después no sé si fui yo, pero dudo mucho de que haya sido ella”, cuenta Juan Carlos.

Por más que buscaron ayuda en Bogotá y Estados Unidos, Margarita perdió su batalla contra el VIH, contrajo el Sida y murió en 1993. Los medicamentos AZT, que contrarrestaba el virus y para los que invertían unos mil dólares por cada frasco de 30 pastillas, surtieron efecto en Juan Carlos, pero no dieron los resultados esperados en Margarita.

Juan Carlos siguió sin síntoma alguno, pero su niña empezó a padecer infecciones derivadas del virus. La pequeña Luciana llegó al estadío (etapa) Sida y fue desahuciada por los médicos, para ella no existía tratamiento por su corta edad.

En ese momento volvió a ‘florecer’ la primera Margarita en la vida de Juan Carlos. Después de seis años distanciados, la barranquillera Margarita Abello se reencontró con Juan Carlos en Estados Unidos y decidió apoyarlo en este duro camino. Fue ella quien después de un año de luchar juntos tomó la decisión de casarse, por la Iglesia y por lo civil. La luna de miel transcurrió entre la clínica y la casa, sobrellevando los achaques de Luciana.

“El amor hace milagros”, dice hoy Margarita, con la convicción de haber visto sobrevivir a Luciana, a quien decidió adoptar como su hija y por quien luchó en compañía de Juan Carlos.

“Yo soy consultora de moda y mi hija creció viendo trapitos, hoy tiene 24 años, es profesional en mercadeo de moda y está bien, con el virus bajo control”, añade.

Ella “nunca” sintió miedo ni se dejó llevar por la incertidumbre, sabía que con preservativos podría llevar una vida sexual plena. Y así ha sido. Hoy, casi 20 años después, Margarita es seronegativo.


“La historia del VIH se divide en dos”. Para Juan Carlos, el inhibidor de proteasa, el medicamento que empezó a ser utilizado en 1996 para bloquear la reproducción del VIH en el organismo, dividió en dos la historia de esta infección. Fue este tratamiento, que justo encontró en jarabe, el que salvó la vida de su hija Luciana, cuando tenía 5 años.

En 24 años, Juan Carlos y su hija han aprendido a tener “una vida completamente normal”, a pesar de tener VIH. ¿La clave?, “tomarse los medicamentos religiosamente, todos los días. Antes del 96, las personas tomaban hasta 18 pastillas diarias, ahora con una puede ser suficiente”, responde Juan Carlos.

“El VIH ataca a las células CD4, defensoras del sistema inmunológico. Si una persona tiene menos de 200 células CD4/ml3 en la sangre (lo normal es entre 800 y 1200), puede tener Sida. Luego, si esta cantidad de células supera las 200 es simplemente un infectado con VIH y quizá no presente sintomatología, como es mi caso y el de mi hija”, explica Juan Carlos, quien estudió Economía, pero se ha convertido en un experto del virus y ahora está dedicado a dictar conferencias por el mundo, argumentando con su vida su más valiosa tesis: “VIH no es sinónimo de muerte”.

“24 años después del diagnóstico nunca en la vida he tenido un síntoma del VIH, ni siquiera un dolor de cabeza, un dolor de estómago, absolutamente nada, ¡y toco madera para que no pase!”, expresa Juan Carlos.

Busque ayuda y sálvese. En la década de los 90, Juan Carlos invirtió miles y miles de dólares para tener el tratamiento antirretroviral en casa. Ahora, gracias a los cambios constitucionales es posible acceder a los medicamentos sin costo alguno y seguir llevando una vida estable.

Luis Ángel Moreno, jefe de la oficina del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA), en Colombia, informa que “toda persona tiene derecho a ser diagnosticada, a recibir asesoría antes y después del resultado, a recibir un tratamiento oportuno y adecuado, de acuerdo con el estado de la infección en el cuerpo, y a recibir todos los servicios de apoyo médico, sea odontología, psicología o cualquier otro que necesite”.

Para practicarse la prueba, solo basta con ir a la IPS a la que esté afiliado y solicitar la orden para hacerse el examen de VIH, el cual no tiene ningún costo diferente al que exige cualquier otro examen de laboratorio.

Si el resultado es positivo y requiere tratamiento antirretroviral, tiene derecho a recibirlo, este “no tiene copago ni cuota moderadora, porque es un tratamiento de alto costo que está contemplado dentro del plan de beneficios en cualquiera de los sistemas de aseguramiento que hay en el país”, afirma Moreno, también especialista en Salud Ocupacional y en Proyectos de Desarrollo.

Vivir con VIH es posible. Martha* es barranquillera, tiene 60 años y hace 10 fue diagnosticada con VIH. Cuando se enteró, creyó que moriría, pero bastó con escuchar el testimonio de otros infectados para darse cuenta que sobreviviría si seguía al pie de la letra las indicaciones médicas, asistía a control cada tres meses y era rigurosa con su tratamiento diario.

“Ahora soy yo quien demuestra que así se puede vivir. Todos los días me levanto a las 4:30 de la mañana, hago el desayuno y los oficios de la casa, y me voy para la calle a dar charlas y a colaborarles a los recién diagnosticados. En cuanto a la alimentación, como lo que quiero, camino bastante y me encanta bailar salsa”, dice Martha, sin parar de reír, sin dejar de vivir.


Juan Carlos Riascos dicta charlas para aprender a vivir con VIH.

*Nombre cambiado a petición de la entrevistada.

En cuanto a...
Datos de ONUSIDA sobre la situación del VIH en Colombia.
Entre 2005 y 2010 se registraron 6.688 casos de VIH/Sida, por cada 100 mil habitantes. Mientras que en el periodo de 2010-2014 fueron notificados 7.616 por cada 100 mil personas.
En 2014, se registraron 925 casos de VIH por cada 100 mil habitantes en el Atlántico, siendo el cuarto departamento con mayor cantidad de casos de VIH por cada 100.000 personas.

La clave está en adherirse al medicamento
Hasta 2013, en el departamento del Atlántico, 2.781 personas estaban sometidas a tratamiento antirretroviral. Las personas que cumplen a cabalidad con esta terapia, la cual busca bloquear el virus y evitar que se reproduzca en el organismo, pueden tener un resultado seronegativo en la prueba de carga viral, ya que la cantidad de virus que se replica es muy bajo y no hace daño.

Temas tratados

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
REPORTAR UN ERROR O SUGERENCIA
Ir a EL HERALDO