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Relaciones 04 de Septiembre de 2019

Las emociones también desencadenan desequilibrio alimentario

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Foto: shutterstock

Elaborar una lista de hábitos alimenticios y buscar ayuda psicológica son algunos consejos para controlar la alimentación emocional.

Sharon Kalil - @sharondkalil
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¿Cuándo se ha sentido triste ha rechazado sus platillos y postres preferidos o, por el contrario, se ha llenado de dulces y comida chatarra? o ¿cuándo ha estado ansioso, ha consumido gran número de alimentos así no haya sentido apetito?, si le ha pasado alguna de las situaciones anteriores, en donde los sentimientos han sido clave en su relación con la comida, debe saber que se está enfrentado a una alimentación emocional.

Según la psicóloga Mary Ardila Hernández, nuestras emociones tienen un efecto directo y poderoso en nuestra alimentación y en los hábitos alimenticios. Asegura que, por ejemplo, se ha evidenciado que el vínculo entre la emoción y la alimentación es más fuerte en las personas obesas y en las personas que hacen dieta.

“Cada órgano genera una u otra emoción. Si ingerimos alcohol este ataca el hígado y la respuesta conductual está asociada con irritabilidad, ansiedad, agresividad e impulsividad. La razón por la cual las personas con dificultades emocionales suelen ir en búsqueda de comida para sentirse mejor es porque muchos alimentos ayudan a la liberación de serotonina. Los niveles bajos de serotonina se asocian con depresión y obesidad”, afirma la especialista.

Por su parte, la nutricionista Nicoleth Velásquez explica que las neuronas son muy sensibles a todo lo que se consuma. “Nuestro cuerpo está requiriendo minerales, glucosa, ácidos grasos, vitaminas y el exceso del uno o del otro va a generar que tengamos más ánimo o que, por lo contrario, estemos desanimados”.

Agrega que la ansiedad, por ejemplo, se genera cuando tenemos un alto consumo de azúcares, de tubérculos y cereales, y se puede calmar esta sensación al consumir bebidas como el jengibre o la canela, y frutas y vegetales, estos últimos ayudan a regular la glucosa generando más estabilidad emocional.

“Las tomas de oxigeno son muy importantes, en estas se incluyen frutas congeladas como la piña y la papaya, que tienen enzimas proteolíticas; vegetales como el pepino, el apio y el perejil, que son diuréticos; la linaza y una sustancia termogénica que puede ser jengibre o canela en polvo”.

Cabe destacar que si usted se encuentra con mucho desánimo evite consumir dulces —lo que la mayoría de personas hace para refugiarse y sentir momentáneamente una sensación de placer— porque cuando el efecto termina las personas tienden a sentir mucho más desánimo y depresión.

“Debemos regular nuestra alimentación en las cinco porciones que consumimos en nuestro día con frutas, vegetales y fibra, esto va a provocar que nuestras neuronas tengan la glucosa requerida para que baje, por ejemplo, la ansiedad”.

La psicóloga Mary Ardila aconseja que las personas que estén presentando en su vida la situación mencionada elaboren una lista de hábitos alimenticios, pues esto permitirá tener un análisis funcional de la conducta alimentaria e identificar los principales errores y la aparición de emociones negativas al comer.

“Es importante que revisen hábitos como, por ejemplo, si comen rápido o comen todo lo que tienen en el plato, si comen sin tener hambre, si se saltan comidas. También aconsejo que identifiquen y elaboren una lista de factores desencadenantes, es decir, que revisen diariamente la ingesta de alimentos, así tendrán mayor consciencia de dónde y cuándo se activan estos factores que afectan el estado de ánimo”.

Y es que sustituir hábitos no saludables, hacer ejercicio, mantener la salud mental equilibrada, buscar ayuda psicológica para el entrenamiento de técnicas de autocontrol emocional, de reestructuración cognitiva y de identificación de esquemas adaptativos, que influyen en la aparición de trastornos de orden psicológico, también son formas para controlar la alimentación emocional.

Más consejos...

Los familiares juegan un papel importante en el acompañamiento personal y afectivo de los pacientes con trastornos de conducta alimenticia o emocional, pues estos actúan como una red de apoyo que está presente en el proceso de retroalimentación.

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