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Relaciones 23 de Septiembre de 2020

El diálogo, una vía que mitiga los efectos de la depresión

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Foto: 123rf

Las recomendaciones para aquel que escucha es manejar una conversación asertiva sin opinar, sin juzgar y sin comparar.

Loraine Obregón Donado (@soyloraineo)
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Hay días en que *Marcela no se halla. Experimenta una tristeza profunda, llora desconsoladamente, le falta la respiración y se bloquea. Por momentos siente deseo de gritar o por el contrario callar y ensimismarse en su habitación. Para tranquilizarse muchas veces busca “refugio” en una amiga, con quien se desahoga. Hablar es una de sus alternativas infalibles, es lo que le alivia un poco y le ayuda a sobrellevar su depresión.

El psicólogo clínico Antonio Mengual explica que existe el concepto de trastornos depresivos, que hace alusión al “conjunto de cuadros clínicos, en los que predomina el síntoma subjetivo de estado de ánimo deprimido (puede ser no manifiesto) y una reducción del interés”.

Dentro de sus síntomas más comunes, según el psicólogo clínico Ricardo García, figuran: estado de ánimo bajo o irritable, exceso de sueño o dificultad para conciliarlo, cambios en el apetito, pérdida o aumento de peso, cansancio o falta de energía, sentimientos de inutilidad, odio a sí mismo  y culpa, dificultad para concentrarse, sentimientos de desesperanza o abandono y, en el peor de los casos, pensamientos repetitivos de muerte o de suicidio.

Mengual especifica que uno de los errores más recurrentes en estos pacientes es considerar que todo lo que les dice la mente es verdad, pues existe cierta tendencia a creer que “si los pensamientos permanecen en la cabeza, todos son ciertos”.

“Nuestra mente continuamente está trabajando, barajando infinitas posibilidades para enfrentarnos al mundo. Es complicado permanecer positivo u optimista cuando tu cabeza solo se centra en la parte negativa del mundo. Por eso es tan importante que hablen de sus sentimientos y los compartan con los demás. Al expresar cómo se sienten y el por qué se sienten de tal manera, puede pasar que quien escuche les aporte información con nueva perspectiva y puede que incluso les ofrezcan un plan de acción para empezar a salir de esa situación”.

Añade que cuando las personas con depresión son escuchadas, sienten que hay gente que se sigue preocupando por ellas, pues normalmente piensan que han perdido su valor, que no saben hacer nada bien, que no son útiles, que nadie se preocupa o que este mundo estaría mejor sin ellas. “Es fundamental que se expresen y sean escuchadas, de esta forma se sentirán valoradas y útiles”.

Conversar con una persona en plena crisis es tan esencial porque, incluso, Mengual asegura que en algunas ocasiones se podría evitar un posible suicidio. “Las personas con depresión suelen caer en un bucle de pensamientos negativos y una rumiación (tendencia de una persona a enfocarse repetitivamente en la depresión), que puede llevar a la persona a perder interés por seguir viviendo y, en algunas casos, llegar a plantearse el suicidio como vía de escape.

“A veces contemplan la opción del suicidio no porque la vida sea demasiado difícil, sino porque sienten que están solos y que nadie se preocupa. Si les demostramos que estamos aquí para ellos y que realmente queremos lo mejor, llegarán a sentirse queridos, valiosos y alcanzarán a alejarse un poco más de esa posible decisión fatídica”.

Ahora, si usted se encuentra en los zapatos de quien escucha, no cometa el error de consolar sin validar lo que la otra persona siente. Adicionalmente sujete el freno de mano y no exprese de forma directa lo que creería usted que esa persona debería estar haciendo.

“Se debe tener en cuenta que no siempre que alguien nos cuenta algo es necesario que demos nuestra opinión. A veces la persona lo único que necesita es sacar eso que lleva dentro y que le está incomodando o haciendo daño. Dar una opinión o un consejo cuando la otra persona no lo quiere puede hacer que se sienta aún peor, aunque nuestra intención sea la mejor. De hecho, puede llegar a pensar que todo el mundo tiene una solución a su problema, menos ella”.

Mengual aconseja tener cuidado con lo que decimos y cuándo lo decimos. A su vez le resulta  importante entender que aunque la persona que sufre de depresión aparentemente lo tiene todo, no es culpa de ella sentirse de tal manera, por lo que nunca se le deberá hacer sentir culpable por ello.

“Aunque los psicólogos sepamos cómo tratar la depresión, cada persona la experimenta de una forma diferente así que como amigo o amiga deberíamos preguntar cómo se está sintiendo, que nos cuente qué pensamientos están pasando por su cabeza y cómo se está sintiendo para así saber más sobre su situación”.

Asimismo aconseja preguntar: ¿Por qué cree que se siente de esa manera? y ¿Qué les está diciendo su mente? Es vital –cuenta- evitar decir: “no deberías sentirte así” o “no digas eso” o “te entiendo, a  mí me pasó lo mismo”. Resalta que bajo ninguna circunstancia se les debe comparar con lo que una vez le pasó a quien escucha o con lo que le ocurrió a algún conocido porque de esa manera no se estaría validando lo que esa persona siente en el momento.

“En el caso del suicidio, si alguien te dice que quiere hacerlo evita responderle: “no digas eso, lo tienes todo”, “estás loco/a” o algo similar. Sé que es doloroso escuchar a alguien que nos importa decir que no quiere vivir más porque nuestra primera reacción es impedirlo, pero con ese tipo de comentarios lo que estamos haciendo es que la persona se sienta peor (…) si alguien te habla sobre el suicidio debes hacerle algunas preguntas para saber más de su situación y así ver cómo podrías entrar a ayudar. Esas preguntas son: “¿Has pensado alguna vez en hacerlo?” o “Si lo has pensado, ¿cómo lo harías?” o ¿Por qué crees que esa sería una buena idea?”, “¿Has pensando en tu familia?”, “¿Qué solucionarías haciendo eso?””.

Otros de los actos que podríamos realizar para brindarle una mano amiga a alguien con depresión es ayudarle en sus actividades cotidianas. Debido a la falta de energía, del interés y de la motivación, la persona depresiva suele sentirse muy abrumada por todo lo que debe hacer durante el día.

Si no están comiendo bien –aconseja- una opción es visitarla, preparar la comida y comer juntos (podemos cocinar para varios días y así nos aseguramos que la persona coma saludable). Con respecto al aseo personal, siguiendo con el ejemplo anterior, cuando haya terminado de comer podemos recoger los platos y decir algo como: “voy a lavar los platos, ¿por qué no vas y disfrutas de un baño mientras termino?”.

“Con todo lo anterior nos aseguraríamos de que está comiendo bien y que se está aseando. Si la persona tiene hijos podríamos cuidarlos por unas horas, con el fin de que se relaje o haga otras actividades que necesite. Si vamos al supermercado a hacer la compra podemos hacer la compra para ella. La clave es hacer que su vida sea lo más llevadera posible”.

Recomendaciones. Para Ricardo García el diálogo y el acompañamiento a personas depresivas es vital, pero este –afirma- debe ser asertivo, es decir, bien encaminado. Para ello su primera recomendación es documentarse sobre la depresión, las causas, los síntomas y las consecuencias.

Luego aconseja hablar con la persona sobre lo que usted haya notado en su comportamiento, muchas veces las personas depresivas no notan el nivel de su estado y es necesario ponerlos en contexto, eso sí, con afecto.

También –dice- se les debe explicar que la depresión es una enfermedad, no un defecto, ni debilidad personal y que generalmente con un tratamiento mejora. “Esto le brindará a la persona una perspectiva distinta y le ayudará a tomar decisiones con respecto a su enfermedad”.

“Es necesario sugerirle que busque ayuda profesional tanto médica como psicológica y decirle que tú puedes acompañarlo/a a las citas y un poco en el tratamiento que requiera”.

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