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Relaciones 20 de Marzo de 2019

Amigo imaginario: ¿un problema o una oportunidad para el niño?

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Foto: Shutterstock

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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Si usted ha observado a su hijo y se ha percatado de que en sus momentos de juego repite un nombre determinado y sostiene una conversación con alguien que a simple viste no es real, podría tratarse de que mantiene una relación con un personaje que muchos reconocemos como amigo imaginario.


Esta compañía, según la psicóloga y magíster en adolescencia e infancia Vivian Hernández, es, desde el enfoque cognitivo conductual, el personaje que un niño recrea como alguien real, pero que solo existe para él. Añade que suele aparecer a temprana edad, durante el proceso de socialización que vive el niño con otras personas.


Para la experta, este personaje aparece entre los dos o tres años y desaparece, en el mayor de los casos, a los nueve. Aunque hay teorías que afirman que “deja de existir” a los 11. 


“El tema del amigo imaginario depende de la teoría en la que se plantee. Hay algunas que sustentan que hace parte del subconsciente, que es su otro yo u obedece a un proceso de alucinaciones. En el caso del cognitivo conductual, se habla de la persona que el niño crea para experimentar la parte social, debido a la necesidad que tiene de socializar. Este compañero existe en la mente del niño y está presente en su interacción”.
Hernández cree que normalmente idealizan a alguien de su misma edad, con quien pueden interactuar, jugar y pasar tiempo más allá de que los padres compartan o no momentos con el niño. 


“La manera de cómo ve el niño a su amigo imaginario es un proceso individual. Cada uno crea a alguno con base al contexto en el que se encuentra, teniendo en cuenta la perspectiva que tiene de personas que lo rodean o la forma de cómo ellos mismos se perciben. A veces lo recrean con características y comportamientos parecidos al de sus padres o al de una persona especial que hayan tenido, y recibe el nombre de algún amigo o de algún primo”, sostiene la profesional.


Cree en la importancia de que los padres no debatan con el niño lanzándole ideas de que su amigo es producto de su imaginación. En vez de esto, considera pertinente aprovechar la ocasión para conocer un poco más a su hijo.


“Los padres podrían sostener un diálogo preguntándole al pequeño cómo es percibido por su amigo, qué le gusta hacer con él, su amigo qué dice de él y qué tan importante es para él. Esto al final terminará siendo la puerta para conocerlo más y para compartir realizando actividades que al pequeño le gusten”.


Resalta que es de vital importancia no juzgarlo, ya que esto podría ocasionar que se aleje y evite hablar de dicha persona. A su vez, decirle que hace parte de su imaginación podría llevarlo a suponer que es mentiroso o, en el peor de los casos, podría hacérsele creer que se trata de un fantasma.

Las expertas dicen que es vital que los padres conversen sobre el amigo imaginario para conocer un poco más de sus hijos.


Hernández también explica que no se presenta en todos los niños. En quienes lo experimentan, tiende a desaparecer cuando conocen a personas reales, con las que pueden interactuar y hacer planes. Parte del desarrollo es orientarlos hacia la idea de que existen amigos de su edad con los que puede interaccionar. 


Resalta que en estos casos hay un error que comúnmente incurren los familiares y es cuando empiezan a darle vida al amigo imaginario con ciertas ideas, esto lo único que ocasiona es que perdure mucho más tiempo en la vida del niño. 


“Es un proceso intrapersonal, de conocimiento del mismo, de interacción con él mismo, porque pregunta y se responde de acuerdo a lo que él considera”. 


Por otro lado, la doctora en Psicología Ana Rita Russo manifiesta que los amigos imaginarios son personajes ficticios que algunos niños crean y vivencian como real, hablan, juegan y comparten con ellos parte de su tiempo. Sustenta que, normalmente, surgen en la vida del niño para “aliviar los avatares de la realidad y, en algunos casos, la soledad”.


Da un parte de tranquilidad sobre la existencia de este, pues asegura que es transitorio y forma parte de los recursos del niño para hacer frente a la realidad, poniendo en el amigo imaginario aquello que les angustia. Así mismo, durante su proceso de desarrollo moral, son ideales para hacerles cumplir aquello que les molesta y que poco a poco deben ir interiorizando.


La actitud del padre, frente a este, aconseja que debe ser natural, acompañándolos en sus juegos. “A veces los niños les piden que le den la comida a su amigo imaginario y cuando lo hacen poco a poco dejan de hablar de él, es importante no rechazar al niño, así como tampoco ignorarlo, ni hacer chistes, ni mucho menos reforzarlo”.


Sepa que el pensamiento mágico, la fantasía y hasta al amigo imaginario hacen parte del desarrollo intelectual y emocional del niño, a modo de intento de adaptación a la realidad.
Destaca que cuando los padres hacen parte del juego pueden comprender sus temores, tristezas y conflictos.

¿Cuándo preocuparse?. Russo da a conocer que es necesario que los padres se preocupen y busquen ayuda   siempre y cuando el niño llegue a aferrarse a su amigo imaginario hasta el punto de no querer salir, preferir estar solo, buscar excusas para no estar con otros niños, y hasta descuidar sus deberes. “También cuando es causa de alguna carencia emocional o necesidades afectivas, o cuando empieza a escucharlo y a asustarlos, o inclusive a exigirles comportamientos agresivos y punitivos que se mantienen en el tiempo”.

Señales. Según Hernández, los signos más claros que evidencian cuando el menor recrea a un amigo imaginario se dan cuando empieza a sostener un diálogo solo e inicia actividades como si estuviera acompañado, aunque realmente no tenga en ese momento ninguna clase de compañía.

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