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Psicología 10 de Mayo de 2011

Soy… lo que proyecto que soy

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Cada individuo es la medida de su amor a sí mismo… Hace algunas semanas, realicé una entrevista laboral a una mujer de 22 años, quien aspiraba a obtener el cargo de secretaria gerencial. La candidata ya había realizado las pruebas psicotécnicas requeridas, y su resultado había sido bastante satisfactorio.

Al momento de iniciar nuestra conversación, noté que la entrevistada se rascaba el pelo intensamente y que miraba de un lado a otro del salón. Después de unos minutos, la mujer se mostraba menos ansiosa, y pude obtener sus datos de personalidad, formación académica, experiencia laboral, motivación y conocimiento del puesto a que aspiraba.

Me quedaba claro, que la candidata era una mujer inteligente que contaba con todos los recursos cognitivos para el cargo; sin embargo, faltaba evaluar la capacidad de promoción, adaptabilidad, integración, actitudes y manejo de conflictos personales.

Al indagarle sobre las fortalezas y debilidades con que contaba, la mujer empezó a reírse de manera nerviosa y, después de unos segundos, me preguntó: “Doctora, ¿a qué se refiere?”. Le expliqué que quería conocer cuáles eran los puntos fuertes y cuáles los débiles de su personalidad, y me respondió: “Mi debilidad es que soy muy dependiente y me importa mucho lo que digan los demás; mi fortaleza es que disfruto la rutina y no me aburro”.

Ante dicha respuesta, comprobé que la mujer no tenía claro cuáles eran sus virtudes y defectos, puesto que el disfrute de la rutina no es una fortaleza, y, antes bien, apegarse a ella es negarse al cambio y tener poca adaptabilidad. La dependencia y la vulnerabilidad ante la crítica de los demás revelan baja autoestima y pobre visión de sí mismo.

Enseguida, seguí indagando sobre aspectos psíquicos de la señora, mientras era evidente su alto nivel de ansiedad. Moverse constantemente en la silla, evitar el contacto visual y no estar convencida de sus ideas, reforzaban lo que yo percibía.

Finalizando el encuentro, le pregunté por qué había renunciado a su última ocupación, y me dijo: “Doctora, lo que pasa es que en ese trabajo me cambiaban mucho las reglas de juego; a veces me tocaba quedarme a la hora del almuerzo, y mi jefe me corregía mucho, lo que me hacía sentir mal”.

Desde luego, me resultó evidente que la mujer no era la indicada para el cargo al que aspiraba, pues, pese a contar con cualidades intelectuales, carecía de las actitudes y de las capacidades sicológicas necesarias para dicho rol. No poder trabajar bajo presión, ser renuente al cambio y no tener un punto de vista propio delatan la ausencia de las habilidades síquicas primordiales para cualquier cargo laboral.

De otra parte, en nuestra vida diaria es común quejarnos de distintas circunstancias que se nos presentan a lo largo de los años, para lo cual empleamos afirmaciones como estas: “Me sentí muy bien en la entrevista, pero no conseguí el puesto”; “no entiendo cómo una mujer mucho más fea que yo logró conquistar a mi amor platónico”; “mis compañeros de trabajo constantemente tienen problemas, y termino siempre involucrado”; etc.

De seguido, nos preocupamos por ver, juzgar y arreglar lo ajeno, cuando la solución de muchos de nuestros problemas sería ver, juzgar y arreglar lo más preciado que tenemos: ¡nosotros mismos!
Tener una buena proyección hacia los demás es indispensable a la hora de alcanzar deseos, objetivos y proyectos propuestos; al mismo tiempo, es clave para evitar problemas y tener claras las fortalezas y debilidades con que contamos.

A lo largo de nuestra existencia, notamos cómo ciertas personas transmiten distintas sensaciones y emociones; percibimos los sujetos que emiten seguridad, tristeza, inconformidad, arrogancia, humildad, satisfacción, desesperación, rabia, etc.

La autoestima es el marco de referencia desde el cual uno se proyecta; cada acto en nuestra vida es reflejo de los pensamientos, creencias e ideales propios.

Si uno mismo no se valora ni se quiere, ¿cómo pretenderemos que los demás lo hagan?

PROYÉCTATE

Reconoce lo bueno en los demás; es bueno reconocer las virtudes de los otros. Relaciónate siempre con gente positiva, emprendedora y entusiasta. No toleres abusos de nadie; exige que te traten como tú te tratas a ti mismo. No te pongas a la defensiva cuando alguien te corrija o te critique por algún motivo. Cuando las cosas no salen como esperabas o planeabas, puedes sentirte defraudada pero no inferior, humillada o en ridículo.

¿CÓMO NOS SENTIMOS?

El ser humano que se siente incapaz, e infeliz consigo mismo, nunca podrá reflejar entusiasmo, emprendimiento y seguridad, a menos que cambie su percepción personal. Teléfono consultorio: 3738372

Texto: María Lourdes Dávila

 

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