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Moda
11 de Julio de 2018

Una segunda oportunidad para la ropa y el planeta

Un vestido dice más que mil palabras.
A la hora de comprar ‘vintage’, los vestidos son una de las prendas más populares, porque son de las más fáciles de vestir y en su silueta y los detalles se revela la historia de la pieza por sí misma. Sin mucho esfuerzo se logra un ‘look’ impecable.
Un vestido dice más que mil palabras.
Mejor que sobre a que falte.
Como en las tiendas de ropa usada no se pueden seleccionar las tallas, ya que son prendas únicas, Johanna sugiere que es mejor comprar una talla un poco más grande y luego entallarla a la medida.
Mejor que sobre a que falte.
@demodaconlaura.
Las prendas de denim son de las más cotizadas, por su estilo clásico, que ya no se encuentran en las nuevas colecciones. Además de la diferencia abismal de precios que tiene con las prendas actuales.
@demodaconlaura.
Sin miedo a arriesgar.
Lo mejor de adquirir una falda por 4.000 pesos y una blusa en 6.000, es que puedes dar un salto a comprar piezas que siempre habías querido probar, sin el riesgo de perder mucho dinero. Lo peor que puede pasar es que las vuelvas a poner en rotación, hasta que llegue a las manos correctas.
Sin miedo a arriesgar.
Un vestido dice más que mil palabras.
Mejor que sobre a que falte.
@demodaconlaura.
Sin miedo a arriesgar.
Marcela McCausland. Instagram: @Maclablog
Hace algunos años el término vintage, empezó a causar furor en la moda. A mediados del siglo pasado, los diseñadores iniciaron el juego temporal de mezclar tendencias del pasado y llevarlas a aquel presente. Desde entonces las nuevas creaciones están generalmente influenciadas por lo retro, por los recuerdos de un glorioso pasado. Cabe aclarar que hay una gran diferencia entre la ropa retro y la vintage. La primera, se refiere a prendas nuevas. Colecciones actuales, inspiradas en décadas remotas. Por otra parte, la ropa vintage es antigua. Debe tener al menos 20 años de haber sido confeccionada. Normalmente son prendas heredadas, compradas en pulgueros o portales web dedicados a vender este tipo de piezas. 
 
La ropa de segunda es la respuesta para aquellas personas que desean un escape del ciclo destructivo de la moda rápida. No solo porque nos libera de ser cómplices del verdadero precio que pagan los ríos contaminados, los suelos de los cultivos infectados de químicos y la explotación laboral a la que se enfrentan quienes fabrican esta ropa, aparentemente económica. Las fibras de las telas, sobretodo las de poliéster, pueden durar hasta más de 100 años en desintegrarse. Así que cuando compramos vintage, también estamos reciclando, dándole un nuevo uso a ropa que probablemente estaba destinada a la basura. 
 
Para encontrar tesoros vintage, posiblemente haya que escavar exhaustivamente en las montañas de ropa, que se esconden detrás de los letreros que dicen “Todo a $5.000”. Entre el polvo que se desprende de los vejestorios de algodón y poliéster, se afila la mirada aguda de las diseñadoras de moda, Johanna Martínez y Laura Escobar. Para ellas, que llevan cinco años comprando en pulgueros y almacenes de ropa de segunda, la calle 30, entre carreras 38 y 40, es una mina llena de diamantes en bruto. En estos lugares se pueden encontrar piezas de marcas de lujo, a un precio inferior de lo que cuesta un taxi para llegar allá.
 
Las piezas favoritas de Johanna son las atemporales, que no siguen tendencias. La bloguera de moda recomienda buscar prendas que sean del estilo del comprador, estén de moda o no, lo más seguro es que la use en su cotidianidad. En vez de caer en la tentación de llevar piezas de marcas de renombre, o que están de moda, pero que no va a utilizar. “Amo las camisas, sobretodo las de tallas grandes, porque puedo darles diferentes usos. Las puedo llevar como vestidos o amarradas en la cintura con un pantalón alto. También me encantan los jeans años 80, de talle alto ¡Son lo mejor!”. Comparte, por otra parte Laura Escobar. 
 
Estas jóvenes costeñas decidieron crear una cuenta en Instagram (@thesecondchanceco), para abrir un espacio a la ropa de segunda y darle una oportunidad a aquellas personas que no tienen tiempo, se ven abrumadas en los pulgueros y no sabes qué elegir. Laura y Johanna realizan una curaduría absoluta. Seleccionan la ropa, la llevan a la lavandería, hacen los arreglos pertinentes, ya sea cocer un botón, cubrir una mancha, remendar una costura, y la lanzan al mercado de los micro negocios de las redes sociales. La ventaja es que todas las prendas son únicas, y con el estilismo que ellas le dan a los looks, sus seguidoras tienen la guía perfecta para llevar con glamour prendas que oscilan entre los $ 10.000 y $ 60.000 pesos. 
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