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Moda 03 de Mayo de 2011

Las nuevas ‘autoridades’

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En el año 2005, una chica de California, con 17 años, bonita y con demenciales hábitos de fiesta comenzó a hacerse célebre gracias a las fotografías que le tomaba Mike Hunter, conocido como The Cobra Snake.

Además de ser su sobrenombre, The Cobra Snake es un portal que desde aquella época era conocido por retratar las fiestas más jugosas de la escena juvenil en Los Ángeles. Cory Kennedy, como se llamaba la chica en cuestión, comenzó a aparecer una y otra vez en las fotografías: contenta, borracha, haciendo gestos aniñados y con atuendos excéntricos con tintes vintage y rockeros.

Pronto, Keneddy fue convocada por la revista Nylon para ser chica de portada y para realizar secciones de compra en las que lograba looks chic a precios bajos. Pronto, también, un sinnúmero de chicas conocían su nombre y querían ser como ella. Gracias al Internet, Kennedy pasó a ser una celebridad y un icono de estilo.

Ese fenómeno de las celebridades virtuales hizo erupción en el momento en que comenzaba a gestarse otra tendencia: el protagonismo de los blogueros de moda.

Erase una vez, cuando Anna Wintour –directora de la Vogue norteamericana- tenía la primera y última palabra en lo que clasificaba o no como moda y las primeras filas de los grandes desfiles se veían inundadas por altos editores y críticos de la industria. De un tiempo para acá, sin embargo, es común observar cómo esos puestos han sido entregados a los célebres bloggers.

Hacia los 90, la pirámide de la moda comenzó a sacudirse. Esa industria, antes conocida por su inaccesibilidad y por ser asunto de una reducida élite, vio sus cimientos trastocados.

Los diseñadores, para inspirarse, comenzaron a mirar al estilo que se imponía en las calles, las tiendas grandes como Zara y H&M comenzaron a hacer accesible lo que antes estaba dado para muy pocos. Así, la moda comenzó a democratizarse y en ese escenario cobraron vigor los blogueros.

En principio, se trataba de chicas que, día a día, subían fotografías de sus looks y pintas particulares. Era común que en un solo atuendo hubiese tanto Zara como Chanel. Poco a poco, lo que parecía un gesto de vanidad comenzó a cobrar más y más relevancia.

Se trataba del nuevo espíritu de la moda, en el que las personas comunes podían interpretar, a su manera, lo que estaba pasando en materia de tendencias globales. Ese espíritu es el que pervive entre nosotros y uno que, hoy, ha pasado a darle mucha más importancia a la creatividad y al estilo personal, más que a la capacidad de adquisición o al poder de una billetera.

Hoy en día, esos blogueros no sólo son celebridades dentro de la industria y son invitados a los principales desfiles y eventos, sino que además son considerados “autoridades” dentro del medio.

Con frecuencia, son convocados para ensayar un nuevo producto –deleitables carteras, por ejemplo- y los diseñadores desean conocer su opinión sobre lo que sacan a las pasarelas o a los anaqueles.

Ellos representan el espíritu que domina la moda de nuestros días: son intérpretes creativos de lo que se supone es tendencia y sobresalen más por su sello personal que por adherirse a las corrientes.

Sin embargo, hay que preguntarse: es cierto que son chicas y chicos con estéticas deslumbrantes y que tienen un sentido alto de creatividad sartorial, pero ¿qué tanto pueden revisar el estado de una industria sacudida y atravesada por tantos factores? ¿Qué tan críticos pueden ser frente a un mundo que descresta, muchas veces, por su tentación a la indulgencia, por su forma y no por su contenido?¿Será que la importancia que han cobrado tiene algo que ver con la idolatría que hemos cedido a la juventud y a lo que se hace notar con evidencia? ¿Serán ellos mismos más forma que contenido o el contenido de nuestra época?

Texto: Vanessa Rosales

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