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José Manuel González 01 de Abril de 2015

Vida espiritual y salud conyugal

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La Semana Mayor es una excelente ocasión para reflexionar sobre la forma como estamos llevando nuestra vida personal y conyugal.

Las principales religiones (y la mayoría de las corrientes filosóficas espirituales) creen que el soplo divino que produce la vida nos genera un alma, o espíritu inmortal, a imagen y semejanza del ser superior: Dios, o lo que tú consideres que es el origen de todo lo creado.

El ser un alma, o un espíritu o la energía vital que habita en un cuerpo material es una creencia aceptada por la mayoría de los humanos.

Esta creencia está generalmente asociada con la idea de que la esencia espiritual, el alma, maneja el cuerpo fundamentalmente a través del sistema neuroendocrino.

Las hormonas, una parte importante del sistema neuroendocrino, serían los principales instrumentos para generar el equilibrio y la armonía que se requiere para una vida saludable y feliz. Lo mismo ocurre con la vida conyugal: una pareja en equilibrio vive una relación matrimonial armoniosa y gratificante.

En este momento es oportuno preguntarte: ¿mi vida personal es armoniosa y equilibrada?

Si la respuesta es negativa, porque tu cuerpo permanece intoxicado por hormonas como la adrenalina (que produce altos niveles de estrés, que terminan convirtiéndose en depresión) o carece de los adecuados niveles de melatonina (una hormona segregada por la glándula pineal, que influye en el dormir y la tranquilidad que se produce cuando podemos reponer nuestra energía con el adecuado periodo de sueño y descanso), es el momento de preocuparnos porque nuestra salud y bienestar están deteriorándose drásticamente.

Lo mismo ocurre con nuestra vida de pareja. Si nuestra convivencia está inundada y controlada por la ira, el estrés, los temores, la culpa, la desconfianza, el resentimiento, no habrá armonía conyugal ni felicidad matrimonial.

Todas estas emociones negativas producen respuestas que están coordinadas y reguladas por nuestras hormonas y pueden encausarse adecuadamente con la oración, la meditación, la psicoterapia, el yoga y muchos otros instrumentos terapéuticos que facilitan el buen funcionamiento de nuestra conciencia y el disfrute de una adecuada salud espiritual, cualesquiera que sean tus creencias o tu religión.

Muchos médicos (de diferentes especialidades) y psicoterapeutas contemporáneos ya están combinando su práctica convencional con las tradicionales artes en el tratamiento de las enfermedades, permitiendo que la meditación, la oración, el yoga y otras prácticas similares se conviertan en parte importante en su trabajo, animando al reconocimiento por parte de los pacientes y sus familiares de la relevancia de los aspectos espirituales y del extraordinario poder que aportan al proceso de recuperación. De hecho, hoy a casi todos los pacientes hipertensos se le sugieren estas actividades y muchos de ellos, en forma regular, meditan, oran o hacen yoga.

Lo mismo ocurre con la salud conyugal. Pregúntate cómo anda el nivel de conciencia tuyo y de tu pareja: ¿Hoy en día tú y tu pareja son la mejor versión de ustedes? ¿Tú estás dando lo mejor de ti a tu pareja? ¿Tu pareja te está dando lo mejor de ella? ¿Tu crecimiento espiritual está permitiendo que cada día tú seas una mejor persona y un mejor cónyuge? ¿El crecimiento espiritual de tu pareja está permitiendo que cada día ella sea una mejor persona y un mejor cónyuge?

A veces en el matrimonio solo nos preocupamos por las mejoras materiales, queremos una buena casa, buena ropa o un buen carro. A veces descuidamos los aspectos que son claves para nuestra salud y felicidad: nuestro desarrollo espiritual.

Me gustaría invitarte a conversar sobre estas ideas con tu pareja en el tiempo libre que esta Semana Mayor te dará.

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