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José Manuel González 18 de Septiembre de 2019

Nosotros podemos resolver esto solo

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Jose Manuel Gonzalez
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En nuestro entorno podemos ver una pareja, por ejemplo, él con 42 años, educación universitaria, vinculado laboralmente a una empresa grande, con un buen nivel de ingresos. Ella, con 38 años, dedicada a las labores del hogar y al cuidado de las dos hijas que ambos tienen.

Durante los fines de semana, él sale a divertirse con sus amigos, “a desestresarse porque tiene mucho trabajo en la empresa” (como dice él). Estas salidas incluyen generalmente el regreso en la madrugada o al día siguiente. Esto último, él lo excusa diciendo que es peligroso regresar a altas horas de la noche, por lo que prefiere quedarse en la casa de algún amigo.
Ella le discute cada fin de semana y surge una pelea, como ocurre en la mayoría de las parejas (hetero u homosexuales) cuando una de las dos personas hace algo que la otra persona interpreta como una falta de amor o de respeto.

En estas peleas, generalmente, surgen promesas de cambio cuando la persona reconoce que cometió un error o una falta. Cuando no se hace ningún reconocimiento, las peleas y el conflicto continúan con más intensidad, a veces hasta volverse crónicos.

Si las promesas de cambio no se cumplen, la persona inconforme con lo que pasa comienza a pensar que necesitan una ayuda externa para eliminar los hechos que le traen conflictos a la pareja. En nuestro ejemplo, ella comienza a sentir la necesidad de que les ayude otra persona para que él cambie su comportamiento en los fines de semana. Ella desea que él les dedique más tiempo a ella y a las niñas.

Como en casi todos los conflictos, la persona que más sufre es la primera que habla de buscar ayuda profesional. Generalmente la otra persona, que, aunque no lo reconozca, sabe que está actuando de manera injusta. Pero no quiere perder las ventajas que está sacando de la relación.

La respuesta típica a estas peticiones es: “nosotros podemos resolver esto solos” o “yo no necesito ayuda de nadie para manejar mis problemas”. Con esas afirmaciones se logra calmar por un rato a la pareja, pero cuando las acciones se repiten continuamente a la víctima del maltrato se le va llenando la copa y hay un momento en que la copa se desborda. Cuando eso ocurre, el amor se deteriora más intensamente, pueden surgir infidelidades, presentarse ataques violentos cuando el otro está durmiendo, o el abandono del hogar con la consiguiente demanda de divorcio.

Algunas personas tienen que llegar al límite para poder aceptar ayuda profesional, y cuando la otra persona se va del hogar es cuando corren a buscar un terapeuta de pareja. A veces la situación puede arreglarse, pero otras veces no, porque hay mucho resentimiento, el amor ya se murió y las frustraciones son muy grandes. Qué lástima que la gente no acuda a recibir ayuda profesional cuando los problemas se tornan pequeños, sino que tienen que esperar a que estos sean prácticamente irresolubles. 

Por José Manuel González
Dir: Cra. 51B No. 
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