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José Manuel González 02 de Noviembre de 2016

Los trapitos sucios se lavan en la casas

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Jose Manuel Gonzalez
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Esta mañana me desperté escuchando por la radio que en Colombia cada seis horas es asesinada una mujer por un hombre que es o fue su pareja sexual (esposo, amante, novio). 
 
Los estudios muestran que con anterioridad todas esas mujeres habían sido amenazadas explícitamente: el hombre había dicho que la iba a matar. No le creyeron, no lo conversaron con sus familiares, no se tomaron las medidas preventivas adecuadas y el hombre terminó cumpliendo su promesa de asesinarla. Esto ocurre cuatro veces al día en nuestro medio.
 
Una forma de prevenir esta situación es ayudando a nuestras hijas a conocer un poco más sobre las relaciones amorosas, tema sobre el cual muchos padres no conversan con sus hijas. De hecho, lo usual es que muchos padres se limiten a prohibirles los noviazgos a sus hijas, algo que casi nunca es cumplido por ellas, que terminan involucrándose en relaciones escondidas. Los padres deberían dialogar con sus hijas sobre varios temas, uno de ellos es el relacionado con los hombres que pueden terminar asesinando a su pareja.
 
Los hombres peligrosos muestran desde el noviazgo que no pueden ser buenos esposos. La primera pelea en una relación sentimental es muy importante para conocer cuál es el futuro de la pareja ante los problemas y las vicisitudes cotidianas. La forma como se manejen los conflictos desde el inicio da indicios de las posibilidades trágicas que pueden aparecer en el transcurso de la relación.
 
Entre los muchos indicadores que existen, hay dos que son muy importantes: la capacidad de conversar tranquilamente sobre los problemas y la ausencia de egoísmo.
Con respecto a lo primero, la capacidad de conversar sobre las cosas que le molestan a uno sin levantar la voz, insultar, tirar objetos al suelo, golpear las paredes, etc., es importante saber que los hombres que pueden dialogar tranquilamente sobre los problemas de la vida cotidiana son por lo general muy buenos maridos.
 
El egoísmo, caracterizado por solo ver los intereses propios y no percibir las necesidades de su pareja, es otra característica de los compañeros sexuales peligrosos. En el noviazgo esto puede detectarse de varias maneras. Por ejemplo, si las diversiones de la pareja se limitan a las actividades que le agradan a él y casi nunca incluyen aquellas cosas que le agradan a ella.
 
Los hombres egoístas ni siquiera se dan cuenta del sufrimiento y dolor que le causan a su pareja… por lo tanto piensan que están actuando correctamente.
 
Creo que es importante estimular por todos los medios de comunicación la discusión sobre las consecuencias negativas de una cultura complaciente con el machismo, la falta de equidad en las relaciones hombre-mujer, la ausencia de diálogo con las hijas sobre estos temas y la peligrosa idea de que “los trapos sucios se lavan en casa” para disminuir la probabilidad de abusos y maltratos en nuestros hogares.
 
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