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José Manuel González 28 de Octubre de 2015

Armonía conyugal y estabilidad familiar

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Foto: Shutterstock

José Manuel González
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En este mes de octubre he estado trabajando con la planta de Argos en Cartagena dos factores de riesgo psicosocial: armonía conyugal y estabilidad familiar. Las nuevas políticas gubernamentales en salud ocupacional hacen un importante énfasis en esta área y hoy quiero comentarles sobre este tema.

Uno de los factores básicos para que la familia tenga estabilidad es la armonía conyugal. Una pareja que viva su relación con amor, comunicación, respeto y placer sexual podrá superar los conflictos cotidianos de una manera adecuada.

Lo más importante en la relación amorosa es una comunicación adecuada. Gary Chapman, en su libro Los cinco lenguajes del amor, nos enseña cómo expresar nuestro amor a través de palabras, regalos, tiempo de calidad, acciones de servicio y contacto físico. Un mensaje romántico de texto inesperado, hacer un regalo sin ningún motivo aparente, ir a cenar los dos solos a un lugar romántico, ofrecer tu ayuda sin que te lo soliciten o tomarse de las manos al caminar son algunas de las muchas cosas que nos permiten expresar amor a nuestra pareja.

La verdadera comunicación conyugal no se refiere a conversar mucho. Lo más importante tiene que ver con poder compartir esas cosas pequeñas que nos alegran, nos entristecen, nos motivan o nos preocupan. Compartir nuestras emociones y sentimientos es lo que crea la sensación de que estamos unidos y formamos una pareja.

El respeto fortalece el amor y asegura la continuidad de la convivencia. La máxima regla al respecto es “no le hagas a tu pareja lo que no deseas que ella te haga a ti”.

Cuando una pareja maneja estos elementos se convierten en excelentes amigos y maravillosos amantes, lo que genera una familia estable y saludable.

Los hijos reflejan la desarmonía conyugal de diferentes maneras, las más comunes son:

Hijos rebeldes. Son niños o adolescentes que viven llevando la contraria, no respetan las reglas y no cumplen con sus obligaciones académicas. Muchas veces se involucran en el consumo de alcohol y otras drogas desde muy temprana edad. Con el tiempo pueden terminar en la cárcel o en un hospital mental.

Hijos promiscuos. Son adolescentes que inician su vida sexual en forma precipitada. Las enfermedades venéreas y los embarazos precoces son también una consecuencia de la desarmonía conyugal de los padres. Cuando adultos tienden a tener matrimonios desastrosos.

Hijos desmotivados. Son niños o adolescentes que no les provoca hacer nada, se pasan el tiempo tirados en una cama oyendo música o viendo televisión. Generalmente se vuelven obesos y no emprenden ningún proyecto, o si lo inician no llegan a culminarlo. Con el tiempo pueden llegar a convertirse en adultos fracasados.

Como podemos ver, este es un asunto delicado. Por eso me encanta que la salud ocupacional en Colombia este comenzando a darle importancia a este tema.

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