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Chica Miércoles 11 de Marzo de 2020

María Arévalo adentro y fuera del agua

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Alejandro Rosales Mantilla

En las playas de Pradomar, en Puerto Colombia, cada vez son más las mujeres que encuentran en el surf su deporte preferido. Es más, no resulta raro llegar una tarde o muy temprano en la mañana, y ver grupos de cinco o seis  chicas que superan en número y talento a los hombres.

Una de ellas es María Alejandra Arévalo Santana, la Chica M!ércoles de esta semana. Es de Bogotá, pero el municipio atlanticense, por donde entró en el siglo XX parte del progreso al país y cientos de familias provenientes de Europa, la cautivó a los 15 años. Hoy tiene 19.

Recuerda que fue suficiente una temporada de vacaciones en casa de su tía paterna Rosalba Arévalo, para que decidiera quedarse a vivir a un paso de la playa.

“Me encanta su gente, la cultura, la historia del pueblo y su importancia para Colombia y el Caribe, me gusta estar cerca del mar. Ya llevó casi cuatro años en Puerto Colombia y aquí me quiero quedar”.

Así como tuvo una química casi instantánea con Puerto Colombia, así también la tuvo con el surfing. Recuerda que las cosas “se dieron por sí solas”. “Poco a poco” fue haciendo bastantes amigos que practicaban surf y skate y eso despertó su interés en las olas y la adrenalina que generan cuando se desea correrlas con la tabla. 

“Este es un deporte en el que tienes que estar muy conectada con la naturaleza, quererla, respetarla y cuidarla. Es un estilo de vida. Empecé a practicarlo y después conseguí mi tabla. Ahí voy, no quiero convertirme en una experta, solo deseo disfrutar del mar y hacer ejercicio. Llevo apenas ocho meses en esto”.

María Alejandra se sienta en la tabla y espera la ola. El fotógrafo simplemente dispara y deja que ella se compenetre con el océano que en la mañana en que se hicieron estas fotos permanecía calmo, inalterable, como una laguna con una tonalidad verde aguamarina que contrasta con su color de piel.

Frente a la cámara.

“Al modelaje llegué por accidente”, recuerda. Especifica que un día en el que trabajaba como mesera en el restaurante Mahalo, en Salgar, un fotógrafo se le acercó y le pidió que lo dejara hacerle un par de imágenes. 

Más tarde la misma persona, que trabajaba para una reconocida marca de ron, la contactó nuevamente y le hizo muchas más fotografías.Esa sesión de fotos la llevó a otros fotógrafos que la retrataron sin pensarlo.

Ahora María Alejandra aparece en nuestras páginas, su primer gran logro en su carrera de solo un año. El talento lo tiene y se le da de forma empírica. Nunca ha estado en una academia y mucho menos en una agencia. 

Ella simplemente posa como le nace hacerlo, como cuando se deja llevar por la marea cuando está montada en su tabla color azul cielo.Ya no trabaja en Mahalo, ahora lo hace en el bar Bourbon del centro comercial Mall Plaza. El modelaje, que disfruta mucho, sigue siendo una opción temporal, igual que  la práctica del yoga. 

Señala que le gusta meditar y el yoga la ayuda, así como también le sirve para calentar y estirar los músculos antes de entrar al agua.

Hoy, quizás cumpla su cita mañanera con el mar, salude al sol y se lance en busca de una buena ola en el municipio que cautivó sus sentidos y ahora contempla su nado.

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