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Bienestar 24 de Junio de 2020

La alimentación: el escudo protector del sistema inmune

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Foto: 123RF

Consumir productos lácteos, proteínas de origen animal y vegetal, carbohidratos “de la tierra” y grasas insaturadas ayudan a mantener el organismo fuerte.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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¿Quién no escuchó durante su infancia sobre la importancia de alimentarse correctamente? Ese discurso, que quizá solía ser el preferido de sus padres, tal vez usted lo vio como una simple 'cantaleta’, obviando el trasfondo que por años ha sido fundamentado por nutricionistas.

Y lo cierto es que, según la dietista Diana De la Ossa, los alimentos y sus nutrientes ejercen un papel fundamental en el desarrollo y en la preservación de nuestro sistema inmunológico, un tema que en estos tiempos, justo cuando la COVID-19 hace estragos, resulta vital prestar mayor atención.

Jhon Jairo Bejarano, presidente de la Asociación Colombiana de Dietistas y Nutricionistas, ACODIN, manifiesta que si bien no es posible garantizar completamente la respuesta eficiente de nuestro sistema inmune, hay factores que podemos controlar, como —por ejemplo— nuestra alimentación.

“Está científicamente comprobado que la calidad de la dieta influye en la microbiota intestinal y, por consiguiente, en su acción sobre el sistema inmune. El adecuado aporte de nutrientes en nuestra alimentación es clave para mantener un correcto funcionamiento del organismo. En ese orden de ideas, es trascendental garantizar el consumo de micronutrientes como las vitaminas A, C y D, y minerales como el hierro, el calcio y el zinc. Asimismo, se recomienda evitar una dieta restrictiva en proteínas y micronutrientes, entre otros aspectos”.

De la Ossa asegura que no solo debemos comer acorde a nuestros requerimientos energéticos, sino también preocuparnos por la calidad y la variedad de los alimentos que llevamos a nuestra boca, “siempre teniendo en cuenta que debemos darle prioridad a aquello que nuestro cuerpo pueda reconocer como son los alimentos sin procesos”.

No optar por una buena alimentación influye —según De la Ossa— en el aumento de la probabilidad de contraer infecciones, virus, bacterias o moléculas no reconocidas como propias, es decir, aquellas que no hacen parte de nuestra estructura biológica.

Así que para prevenir los posibles daños Diana recomienda darle prioridad a una alimentación ancestral, variada y completa. Señala que debemos asegurarnos de consumir proteínas tanto de origen animal magras y sin procesos, como de origen vegetal: las legumbres o los granos. También aconseja los carbohidratos de la tierra como frutas, vegetales, tubérculos, hortalizas y cereales integrales, y las grasas insaturadas como el aguacate, el aceite de oliva y las aceitunas, y también aquellas ricas en omega3 como las semillas, las nueces y los pescados grasos.

“La distribución de estos depende mucho de cada persona, de su rutina y de sus necesidades. Cada quien puede adaptarlos como guste, siempre y cuando se le dé prioridad a los mencionados anteriormente”.

Para Diana De la Ossa quitar o eliminar alimentos en todo este proceso no es la mejor idea. En cambio, aconseja enfocarnos en sumarle a nuestra vida hábitos que nos permitan tener una buena calidad de vida, dándole prioridad a los alimentos ancestrales.

Por su parte Bejarano brinda tres recomendaciones nutricionales que, según su experiencia, son esenciales para fortalecer el sistema inmune.

1)      Una buena nutrición, la clave. La evidencia científica —para Bejarano— demuestra que la calidad de la dieta influye en la microbiota intestinal y, por consiguiente, en su acción sobre el sistema inmune. “Entre los factores positivos que se mencionan se ha estudiado y destacado la importante acción de los lácteos fermentados y los probióticos por su efecto benéfico sobre la microbiota, popularmente conocida como flora intestinal”.

2)      Los lácteos. Bejarano sustenta que, debido a la especial composición, el contenido y equilibrio entre los nutrientes de los lácteos, además de su variedad, resultan aliados importantes para mantener fuerte nuestro sistema inmunológico. “Son fuentes de calcio, proteínas de alto valor biológico, vitaminas A y D, nutrientes que están relacionados directamente con el funcionamiento de nuestro sistema inmune. Estimulan las defensas y ayudan a formar una barrera natural contra las infecciones”.

3)      Productos fermentados. Los productos lácteos, en especial los fermentados como el yogurt, Bejarano asegura que son alimentos funcionales, y han sido utilizados además como materia prima y vehículos de sustancias funcionales como bacterias probióticas, fibras con características prebióticas y minerales, entre otros. Añade que “el consumo regular de yogures probióticos y prebióticos ha demostrado a lo largo de la historia su estrecha relación con el mejoramiento de la función intestinal y, por tanto, una adecuada respuesta del sistema inmunológico”.

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