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Bienestar 12 de Agosto de 2020

El Omega 3 y las vitaminas A, B Y D: determinantes en el embarazo y en la primera infancia

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Foto: Archivo particular

La carencia de estos nutrientes puede generar enfermedades infecciosas y congénitas en cerebro y columna, anemia, raquitismo y desarrollo de alergias.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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Sostener una dieta balanceada y rica en nutrientes sin lugar a dudas permite que los seres humanos mantengan el correcto funcionamiento de su organismo, aunque en algunas etapas de la vida ciertos macro y micronutrientes cobran un mayor protagonismo.

Por ejemplo, en el caso de las mujeres gestantes y de los niños que hacen parte de la primera infancia, la nutricionista dietista Valentina Díaz expresa que en estos periodos “se aumenta la demanda” de los ácidos grasos omega-3 DHA-EPA, y de las vitaminas A, D y B”.

El Omega 3 lo define Díaz como un nutriente importante para el desarrollo cerebral de los niños, desde la gestación hasta que finaliza su etapa de crecimiento y desarrollo. En el caso de la vitamina A manifiesta que es necesaria para el correcto crecimiento de las funciones celulares, y para fortalecer la visión y el sistema inmunológico. La vitamina D sustenta que es fundamental para el desarrollo de los huesos, así como para el fortalecimiento del sistema inmune. Y sobre la  vitamina B dice que es un complejo de ocho vitaminas necesarias, dentro de las cuales se destaca la vitamina B9 (acido fólico) por ser tan importante tanto en los periodos de preconcepción, gestación como en la primera infancia.

Por su parte, la nutricionista dietista Ibon Berbesi establece que los ácidos grasos omega-3 (especialmente el DHA) son esenciales y dependen de un aporte externo, debido a que el organismo por sí solo no puede sintetizarlo.

“Estos juegan un papel crucial en el desarrollo neurológico fetal. La ingesta de los citados ácidos grasos se puede dar en el aumento del consumo de pescado azul (salmón, sardinas) y nueces, con diferentes suplementos que incluyan omega-3 (LCPUFA) y DHA. El crecimiento y el desarrollo del cerebro es excepcionalmente rápido durante el último trimestre del embarazo y los dos primeros años de vida, así que la alimentación en estas etapas jugará un papel fundamental”.

Sustenta que una nutrición carente de micronutrientes podría desencadenar la  preeclampsia, los partos prematuros, el crecimiento intrauterino retardado (CIR), el bajo peso al nacer (BPN) y las malformaciones congénitas.

Berbesi añade que el ácido fólico ayuda a prevenir ciertos defectos congénitos. “Antes del embarazo se necesitan 400 microgramos por día. Durante el embarazo y la lactancia, se necesitan 600 microgramos por día. Es difícil obtener esta cantidad solo de los alimentos, por lo que se aconseja adquirirlo en un suplemento que contenga ácido fólico”.

Asimismo, manifiesta que la vitamina D ayuda al calcio a formar los huesos y los dientes del bebé. “Todas las mujeres, embarazadas o no, deben recibir 600 unidades internacionales de vitamina D al día, y recordar que solo se deben tomar vitaminas y suplementos minerales que un profesional de la salud les recete”.

En los alimentos. Díaz asegura que el Omega 3 DHA-EPA suele encontrarse en pescados como: el atún, el salmón, la caballa y las sardinas. También está presente en semillas como la linaza, la chía, y en algunos aceites como el de soya, el de lino y el de canola.

La vitamina A es usual hallarla en la carne de res, la carne de aves, en los pescados y en el beta-caroteno de las frutas como el mango y las verduras como la zanahoria y la auyama. En cuanto a la vitamina D, Díaz afirma que puede obtenerse al momento de exponerse al sol y en alimentos como el huevo, el salmón, el atún, la caballa y el hígado de la res (este último rico en ácido fólico y fundamental en el embarazo y en la primera infancia). Agrega que las vitaminas del complejo B normalmente se encuentran en las carnes, los vegetales de hojas verdes, las legumbres y las frutas.

¿Y si no existe el aporte? La deficiencia de dichos nutrientes —según Díaz— incide de forma negativa en el desarrollo cognitivo y cerebral. A su vez, da pie al padecimiento de enfermedades infecciosas, patologías congénitas en cerebro y en columna, el raquitismo e, incluso, en la aparición de alergias por la falta de vitamina D. También puede aparecer la anemia, que suele ser muy común en mujeres en estado de embarazo y en niños.

“Es necesario llevar una alimentación variada, suficiente en cantidad y calidad, cuidando siempre —en mujeres gestantes— el aporte adecuado de proteínas y de calorías. Cabe destacar que la lactancia materna es una práctica importante que siempre se debe promover para cumplir con los requerimientos en nutrientes de los niños. Adicionalmente se deben seguir las recomendaciones de un experto de la salud a la hora de iniciar con la alimentación complementaria de los bebés, para así cubrir la brecha de nutrientes que suele incrementarse cuando avanzan en edad. A partir de los 6 meses hasta los 5 años es el momento crucial para el correcto desarrollo de los niños que a futuro llegarán a ser adultos sanos (...) se debe tener presente que son momentos de la vida en los que se necesita un acompañamiento y un asesoramiento profesional en el tema”.

A su vez Berbesi advierte que si se sigue una dieta saludable y equilibrada (que incluya carne magra, frutas, verduras, pan integral y productos lácteos de bajo contenido en grasas), las probabilidades de obtener los nutrientes que necesita el cuerpo aumentarán, aunque “se necesitarán más nutrientes esenciales, sobre todo el calcio y el hierro”. 

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