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Bienestar 07 de Octubre de 2020

Dieta keto: alimentación que incrementa las grasas para bajar de peso

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Foto: 123rf y archivo particular

Según expertas en nutrición no es recomendable para los que desean ganar masa muscular, presentan problemas cardiovasculares, deportistas y niños.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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Hace cinco meses la administradora agropecuaria Alisson Sánchez, de 37 años, decidió hacer un cambio en su vida. Su propósito estuvo centrado en adoptar un nuevo estilo de alimentación que beneficiara su salud, así que motivada por su esposo Marlon Álvarez y guiada por el nutricionista e ingeniero corporal Farid Naffah, inició con la dieta keto, también conocida como dieta cetogénica.  

“Hoy día me veo al espejo y me doy cuenta de que he logrado muchos cambios en mi salud y en mi físico. Es más, he obtenido más de lo que esperaba y me he sentido más activa y más liviana. Adicionalmente, mi estómago amanece totalmente desinflamado”.

La nutricionista dietista Diana De la Ossa sustenta que la dieta keto es considerada como un patrón alimentario, basado en un consumo elevado de grasas (70%), en una ingesta moderada de proteínas (20%) y un consumo muy bajo en carbohidratos (10%). Agrega que —por ejemplo— “una mujer en promedio podría comer entre 200 g a 250 g de carbohidrato al día, mientras que con la dieta cetogénica podría consumir alrededor de 20 a 50 g. Normalmente un patrón alimentario está compuesto de un 50% a 60% en carbohidratos, 20% en proteína y el restante en grasas, así que la diferencia es grande”.

“La dieta cetogénica surgió en la década de 1920 para tratar a niños con epilepsia, pues se había encontrado que quienes lo adoptaban, por su bajo patrón de glucosa, tenían un mejor resultado a la medicación y presentaban una baja en los ataques epilépticos, así que por eso se instauró en el mundo de la medicina y de la nutrición (...) Básicamente con la ‘keto diet’ las células se encargan de oxidar las grasas y como resultado se crea la glucosa a partir de otro sustrato que en este caso resulta siendo la grasa”.

De la Ossa sustenta que si bien, luego de varias investigaciones, se encontró que puede llegar a ser benéfica para quienes desean bajar de peso, ya que —en pocas palabras— es “como si le dijéramos a la persona que coma mucha grasa, que resultan saciantes”, pero al final “no termina siendo sostenible, debido a que los músculos requieren de glucógeno para reestructurarse y el cuerpo por sí solo no logra hacer la conversión a partir de las grasas”.

Señala que dentro de los pro está que al “entrar en cetosis (estado metabólico)” se hace uso de las grasas como fuente de energía, y dentro de los contra se encuentra que “durante los primeros días de adoptarla el cuerpo obtiene la glucosa a partir del proceso gluconeogénesis (que se da a partir de la proteína), así que se puede perder masa muscular”. En ese orden de ideas, manifiesta que no recomienda este tipo de dieta en personas que buscan ganar masa muscular, en quienes  presenten problemas cardiovasculares, en niños (a menos de que sea indicada por un médico como tratamiento) ni en deportistas de alto rendimiento.

Añade que hacer una transición paulatina de una alimentación tradicional a una cetogénica “no es posible”, debido a que al iniciar se debe tomar la vía de la restricción de los carbohidratos para lograr la cetosis, pues de lo contrario solo se “llevará una dieta hipocalórica”. Da a conocer que los alimentos permitidos en este patrón son: mantequilla, aceites, quesos, cremas, mayonesa, proteínas de origen animal, nueces, aguacate, verduras bajas en carbohidratos como el brócoli, la col rizada, la espinaca y la cebolla. También están permitidos —dice— los champiñones y las frutas bajas en carbohidratos como la fresa y la mora. Adicionalmente están aprobadas las especias y restringido el consumo de los tubérculos y de frutas como la manzana o el banano.

Por su parte, la nutricionista dietista Lorena Gómez indica que la metodología de dicha dieta no está basada “en suprimir, sino en reducir” la ingesta de lo que comúnmente se conoce como “las harinas”: cereales, tubérculos y almidones.

Para De la Ossa es vital, antes de adoptar este tipo de alimentación, entender cómo funciona el cuerpo humano. “Por algo dentro de los patrones alimentarios universales existe una mayor proporción para los carbohidratos, mientras en este hablamos de un 10%, lo que evidentemente es muy bajo. También se debe tener en cuenta que el cerebro se alimenta de la glucosa”.

Gómez establece que si no es ajustada por un profesional experto puede generar efectos adversos  como dolor de cabeza, síntomas intestinales, mareos, desmayos, descompensación hasta dislipidemia (niveles excesivamente elevados de colesterol o grasas en la sangre) por el mal uso de las grasas. Advierte que aunque hay personas que combinan el ayuno intermitente o ‘fasting’ con la dieta cetogénica, son protocolos que, si bien se apoyan, buscan un beneficio diferente a nivel del bienestar integral del paciente.

Teniendo en cuenta su práctica y perspectiva, De la Ossa asegura no encontrarse a favor, debido a que si lo que se busca es cambiar conductas alimentarias alrededor de la comida “resulta ser muy limitante, ya que crea restricciones que llevan a la persona a sentirse decepcionada”.

“Con la dieta keto sometes al cerebro a restringir la glucosa, por lo que es muy posible que cuando la enfrenten surjan los atracones y se genere estrés. Cabe mencionar que al ser limitada en carbohidratos, prácticamente se deja de consumir fibra y variedad de carbohidratos, por tanto, poco a poco puede ir deteriorando el sistema inmune, ya que los micronutrientes concentrados en los alimentos de la tierra son necesarios para alimentar a los microorganismos que se encuentran en el tracto digestivo y nos protegen de múltiples enfermedades”.

Sustenta que al aumentarse el consumo del Omega 6 “pueden surgir cambios hormonales e inflamatorios”. Sintetiza en que quien desee perder peso y grasa no necesariamente deberá someterse a un patrón “tan restrictivo” como este porque para lograr su objetivo al final necesitará de la reunión de varios factores: de movernos, de manejar el estrés, de descansar lo suficiente y de llevar una salud intestinal.

Recomendaciones. Gómez aconseja no vivir en función de encontrar la mejor dieta porque para ella tal cosa “no existe”. La mejor estrategia nutricional —sostiene— es aquella que se ajusta a las necesidades individuales, distribuyendo los nutrientes de manera inteligente y conforme a la edad, el sexo, el factor de actividad, los ingresos económicos, los gustos y las preferencias.

“No es correcto seguir un protocolo solo porque le sirvió a una figura pública o a algún amigo, pues cada individuo tiene sus propias condiciones que son diferentes a la del otro. Es más inteligente invertir el tiempo en una asesoría nutricional que brinde educación para tomar decisiones conscientes al momento de comer y a la hora de crear hábitos que sean sostenibles y perduren en el tiempo”.

“Hoy día me veo al espejo y me doy cuenta de que he logrado muchos cambios en mi salud y en mi físico”: Alisson Sánchez.

“la dieta keto es considerada como un patrón alimentario, basado en un consumo elevado de grasas (70%), en una ingesta moderada de proteínas (20%) y un consumo muy bajo en carbohidratos (10%)”: Diana De la Ossa, nutricionista dietista.
 
“Si la dieta keto no es ajustada por un experto puede generar efectos adversos como dolor de cabeza, síntomas intestinales, mareos, desmayos y descompensación hasta dislipidemia”: Lorena Gómez, nutricionista dietista.

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