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Actualidad 11 de Septiembre de 2019

Secuelas que deja en las familias una catástrofe

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Foto: shutterstock

Sharon Kalil - @sharondkalil
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Perder a un ser querido es una de las situaciones  que más dolor produce en los seres humanos. Y es que sobrellevar el hecho de no ver ni escuchar nuevamente a alguien supone para muchos una tarea imposible.

En los casos en los que la pérdida se produce por una masacre, un atentado o un asesinato, el sufrimiento resulta ser aún mayor.

Hoy se recuerda el ataque del 11 de septiembre de 2001, que acabó con la vida de casi 3.000 personas después del secuestro de cuatro aviones. Dos de ellos causaron el colapso de las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York, uno golpeó un ala del Pentágono en Washington y el último se estrelló contra un campo de Pensilvania.

Así como el mencionado atentado, muchos más han nublado la vida de miles de familias que han visto, de cerca o no, morir a sus seres queridos.

Ante esto, se debe destacar que la psicología brinda algunas herramientas y terapias que pueden ayudar a estas personas. Según el especialista en esta área Ricardo García, con esta las personas podría llegar a comprender que a pesar de haber sido una muerte violenta, de todas formas la muerte forma parte del proceso “natural de la vida”.

“Por supuesto esto no es tan fácil de aceptar como cuando realmente la muerte se produce como consecuencia de una enfermedad, que de cierta manera prepara a las personas para el futuro desenlace, o como cuando ocurre por vejez. Existen terapias como la conductual cognitiva, el arte terapia, la hipnosis clínica, la terapia reconectiva y la reprogramación neurolingüística”, dijo.

Agregó que para superar un duelo ayuda la unión familiar, la comunidad cercana a donde viven la persona afectada, los amigos, la iglesia a la que pertenezca la persona, el acompañamiento y atención del gobierno para brindar justicia, verdad y reparación, “y sobre todo dos ingredientes fundamentales: tener mente abierta y aceptación”.

Por su parte, la también psicóloga Laura Patricia Rodríguez Villanueva aseguró que, en primer lugar, se debe reconocer que cuando un vínculo afectivo se rompe de manera sorpresiva el ser humano experimenta un proceso de duelo, que es natural.

“En el proceso de superación ayuda mucho la etapa de aceptación porque cuando se hace, se deja ir el dolor y aprendes a vivir encontrando el sentido y la utilidad de la vida”.

Rodríguez comentó que, aunque estos episodios pueden generar una sintomatología depresiva, una ansiedad, la pérdida de sueño, de proyectos, etc, una de las formas que ha sido más efectiva es darse paso a la adaptación en su nueva vida.

“Si una persona experimenta recurrentemente sueños que pueden ser perturbadores y generar a veces insomnio es necesario que la persona acuda a un especialista porque puede que se haya gestado un estrés postraumático, que a su vez puede provocar un disfuncionamiento continuo y crónico si no se trata a tiempo”.

Por su parte, Ricardo García finalizó con que presenciar el acto o acontecimiento “realmente puede ser un impacto difícil de superar (algunas personas no lo logran), por ello es necesario el tratamiento y acompañamiento  psicosocial, donde la finalidad es favorecer la recuperación o “mitigación” de los daños mentales psicológicos e inclusive espirituales. También lograr de alguna forma que la religión a la que pertenezca la persona se involucre y ayude desde su área a superar la tristeza y elaborar el duelo, es importante”.

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