EL HERALDO SUSCRÍBETESuscríbete a EL HERALDO
El id es:node/137258
Latitud 20 de Marzo de 2016

Voces espirituales en el Caribe colombiano

El usuario es:

El góspel como género musical está integrado a la espiritualidad de la mayor parte de los isleños de San Andrés y Providencia, en iglesias bautistas e incluso católicas. Anualmente se realiza un festival con delegaciones de más de 30 coros.

John William Archbold
Compartir:

Cada mañana de domingo, el punto más alto de la isla de San Andrés parece convulsionar en torno a una fiesta. Se trata del ya tradicional Sunday Service de la Primera Iglesia Bautista, ubicada sobre una pequeña colina en el alma del sector conocido como La Loma. Desde el templo puede divisarse toda la isla, y constatar el número de colores que dibujan su mar hasta perderse en la lejanía. Mientras, dentro de los ya centenarios tablones de madera que conforman sus paredes, retumban platillos de batería, cuerdas de guitarra y los tubos de un antiguo órgano, acompañados de decenas de voces que, vestidas de blanco, entonan himnos en inglés. Distinguiéndose de otros cultos religiosos en los que el discurso y los rituales son el eje central mientras que las melodías se constituyen en un leve complemento, en las iglesias raizales las intervenciones musicales son constantes y extendidas; las lecturas e interpretaciones parecen solo intermedios para tomar nuevos aires.

La fuerza de aquellos cantos deja claro que el góspel, a diferencia de otros géneros tradicionales de la isla que se encuentran casi extintos, está muy lejos de desaparecer. La razón no es caprichosa, el góspel no solo se encuentra ligado a la espiritualidad de la mayor parte de los isleños, también está integrado a su historia, a sus fortalezas sociales, culturales e incluso políticas.

El góspel nació en el sur de los Estados Unidos a finales del siglo XVIII, dentro de la tradición de los Black Spirituals, una adaptación que los esclavos convertidos al cristianismo realizaron de los himnos que se entonaban durante los cultos protestantes. El góspel podría considerarse la primera creación musical afroamericana; combina una instrumentación occidental con elementos propios de la cultura africana como el baile, las palmadas y fundamentalmente la percusión. Los mecanismos de transmisión oral también resistían en sus letras, al sincretizar las epopeyas de héroes negros con las proezas de los grandes patriarcas bíblicos, como Moisés, Josué y Gedeón. Para los esclavizados no fue difícil identificarse con la historia del pueblo de Israel, la opresión sufrida a mano de los egipcios y su posterior emancipación se convirtió en una voz de esperanza para aquellos hombres y mujeres subyugados por la barbarie, una voz que ellos decidieron alimentar a través de sus propias gargantas y convirtieron en una de sus pocas alegrías.

Esos cantos adquirieron pronta popularidad y se diseminaron por todo el Caribe angloparlante a través de los misioneros.

Ya en el siglo XX, gracias a la fama de la cantautora y guitarrista Rosetta Tharpe, una predicadora de la fe bautista que cobró amplia popularidad en los años cuarenta, se extendió masivamente. Sister Tharpe, como era conocida, buscaba hacer llegar la palabra a más oídos, por lo que experimentó son sonidos propios del jazz y el blues que, con el tiempo, dieron lugar a otras variantes de góspel más comerciales. Con la aparición de cantantes como Mahalia Jackson y la legendaria Aretha Franklin, que incluían en su repertorio letras con temas no religiosos, el género se encaminó a lo que hoy conocemos como góspel contemporáneo. 

En Colombia, aunque el góspel es desconocido a nivel continental, sus ínsulas en el Caribe muestran un prolífico potencial.


Coro Juvenil de la Primera Iglesia Bautista, de San Andrés.

Leonor Umbacía, gestora cultural y organizadora del Encuentro anual de coros de las Islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, que este año llega a su trigésima quinta edición, nos aporta una idea: «En el 2015 participaron en el festival más de 30 coros, cada uno de ellos agrupando entre 20 y 50 personas. Todos interpretaron por lo menos un canto góspel en su presentación». La organizadora aclara que esta es solo una muestra, ya que solamente en San Andrés existen más de 80 iglesias de diferentes denominaciones religiosas, y cada una cuenta en promedio con tres coros. 

 

Arribo del góspel al Archipiélago
Fady Ortiz Roca, magíster en estudios del Caribe y docente de la Universidad Nacional, señala la importancia que tuvo la llegada de las misiones bautistas en la historia cultural del Archipiélago. Todo comienza en 1833, con la proclamación de libertad que la Corona británica ordenó para los africanos esclavizados en sus colonias caribeñas. Aunque el Archipiélago ya se encontraba bajo dominio colombiano, Mary Livingston, una de las terratenientes de la isla de Providencia y quien para ese entonces vivía en Jamaica, decidió obedecer la disposición de su gobierno, por lo que envió a su hijo mayor: Philip Beekman Livingston, a dirigir la liberación de los esclavos y la repartición de sus tierras entre los mismos. Beekman, quien era ministro religioso de la fe bautista, no se limitó a cumplir la orden de su madre, además dio inicio a una cruzada para conseguir la emancipación de todos los esclavos, a la vez que sumaba conversiones para su credo. Aunque los grupos protestantes tenían presencia en las islas desde el siglo XVII, la labor de Beekman y su trascendencia social lograron un calado más hondo. Beekman estableció una escuela en San Andrés, y la primera iglesia en el año 1844, la misma que hoy se alza majestuosa en un risco del que se enorgullecen no solo los bautistas, sino todos los sanandresanos. De alguna manera, la edificación de ese templo también se constituye en la piedra angular de la cultura raizal.

El góspel se introdujo a la isla como parte del corpus religioso que fue fortaleciéndose con la llegada de otros ministros, y aquellas mismas canciones que habían servido de consuelo para otros esclavizados, se constituyeron en una experiencia espiritual liberadora. El antropólogo Darío Ranocchiari considera que las iglesias y los ritmos religiosos resultaron ser un auténtico catalizador de identidad para los isleños. En su investigación “Música y etnicidad en el Archipiélago de San Andrés y Providencia” explica que la campaña de Beekman además de liberar a los esclavos, también los constituyó en personas al darles derecho a una propiedad, no solo material, sino también cultural. Estos nuevos ritmos no estaban emparentados con el europeo que los desarraigó y los confinó a un entorno foráneo, tampoco a la identidad colombiana que forzosamente se les quiso imponer y que hasta 1851, con la Ley de Manumisión, no reconocía su humanidad y ciudadanía. Era algo distinto, que sin poder saberlo, estaba en sintonía con ellos mismos, con aquella esencia que habían dejado del otro lado del Océano Atlántico. La opresión de la que hablaban las canciones estaba en su historia colectiva, una liberación mediante la fe era la realidad que emulaban en esos instantes.   

El arraigo del góspel, como decíamos anteriormente, es una cuestión espiritual, tan visceral para los sanandresanos que fue capaz de permear las barreras religiosas. El catolicismo y demás credos se vieron obligados a entender que esa música, antes que propiedad de una denominación religiosa, es un patrimonio del pueblo. Desde hace décadas las iglesias católicas cuentan con sus propios coros, y al igual que en la Bautista, estos dominan la misa.

El sacerdote Marcelino Hudgson señala que muchos sacerdotes católicos, él entre ellos, tiene un pasado protestante, esa influencia habilita un sincretismo que para muchos hace difícil distinguir un servicio católico y uno bautista, o relacionar una misa en la isla y otra en el continente. «Finalmente, lo importante es la comunión con Dios, y los isleños hemos aprendido a establecer esa conexión por medio de la música», concluye.


La Primera Iglesia Bautista, donde se mantiene la tradición del góspel: entonar himnos religiosos en inglés.

Las voces del presente
Las influencias externas, el auge de los medios de comunicación y la falta de arraigo de las identidades ancestrales son peligros a los que están sometidas las tradiciones. Y aunque San Andrés, Providencia y Santa Catalina no están menos expuestas, también están llenas de guardianes culturales que guerrean a diario con estas corrientes, evitando que la tradición musical isleña caiga en la escucha del olvido.

Desde los años noventa se instituyó el Green Moon Festival, un homenaje a la música, tradición e historia raizal, que ha ganado una importante repercusión a nivel local y nacional. Pero antes de este, desde 1981, Leonor Umbacía y otros gestores dieron inicio al Encuentro anual de coros, que se inició con una contada afluencia, y que hoy recoge tantos participantes que ha tenido que ensancharse, desafiando su propia capacidad. Los participantes no solo exaltan el valor del góspel tradicional y contemporáneo, también de otros géneros como el spiritual. Este festival se constituye en el medio de difusión del góspel a otros rincones del país.

Por su parte, la Organización Raizal con Residencia Fuera del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (Orfa) lleva a cabo anualmente la Semana Raizal, en Bogotá, un cúmulo de eventos que exaltan los valores isleños en la capital del país y que cuenta con la participación de algunos de los coros que asisten al festival.

En la década de los noventa, gracias a la gestión del maestro Moisés Consuegra, algunos intercambios llegaron a encuentros corales con sede en Barranquilla y Santa Marta, pero la falta de apoyo a estas iniciativas impidió que pudieran consolidarse. 

La señora Leonor, organizadora del Encuentro Anual de Coros de San Andrés, destaca que el festival se hace posible gracias al apoyo del Ministerio de Cultura, el auspicio de las iglesias, pero principalmente la disposición de los maestros de música que dirigen estos coros, permitiendo que las nuevas generaciones abracen su belleza e importancia. Una labor que en su juicio no es lo suficientemente reconocida y remunerada, lo que acrecienta el valor de quienes lo hacen por una motivación auténticamente espiritual. Entre ellos se destaca la profesora y pianista Rima Ayala Gordon, quien ha dirigido múltiples grupos, y en el año 2013 fue escogida por el Ministerio de Relaciones Exteriores y su programa Diplomacia cultural y deportiva, para llevar una muestra de los coros típicos isleños hasta Bangkok, en Tailandia.

La profesora Ayala se dio a la tarea de seleccionar 21 niños entre los distintos coros existentes, conformando un grupo de múltiples edades y confesiones religiosas. Ella considera que la experiencia «fue algo inigualable, que nos permitió tener otra idea de la música y de nosotros mismos, al tener la oportunidad de aportar desde nuestro universo cultural. Después de la apertura del puerto libre que atrajo a tantas personas de afuera, nuestra música y nuestra lengua son lo que nos identifica y mantiene nuestra conexión con nuestra historia común».   

Sergio Bent, productor audiovisual y gestor cultural de las islas, cree que la lucha tiene que librarse utilizando las armas que se han convertido en enemigos, configurarlas en favor propio, demostrar así el valor y la competitividad de nuestras raíces. Es por eso que de la mano del canal local Teleisla desarrolló el proyecto más revolucionario en torno al góspel de los últimos años: Voice from the Soul, un reality para cantantes de góspel contemporáneo.

El programa contó con dos decenas de participantes y un formato que hasta entonces no se había utilizado en la televisión local. Para Sergio, este programa permitió ponerle rostro a todas las iniciativas que hay en la isla en torno al góspel, demostrando la existencia de talentosos artistas que están a la espera de una oportunidad. «En otras islas del Caribe, el góspel tiene una trascendencia superior, muchos músicos han logrado sacar adelante el género y producir importantes propuestas a través de él. Este proyecto solo quiso demostrar que en nuestras islas también es posible; estos jóvenes están a la espera de los medios que permitan capitalizar su talento».

Al examinar detalladamente la relación del pueblo raizal con este género, no se nos hace difícil coincidir con lo dicho hace un par de siglos por el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, cuando afirmó que la música era el arte más sublime, porque es una forma de comunicación universal. Para los isleños fue el canal que les permitió comunicarse con Dios, con su creación y con ellos mismos, permitiéndoles reconstruir una identidad perdida tras el desarraigo sufrido desde África. Una identidad que –pese a su aparente lejanía– también hace parte de nuestra conciencia como caribeños, del espíritu colectivo que integra a los que nacimos rodeados por este mar. 


Coro Ministerio  Adventista Hossana.

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
REPORTAR UN ERROR O SUGERENCIA
Ir a EL HERALDO