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Latitud 25 de Mayo de 2014

Tradición oral en el Atlántico

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Adriano Guerra y Juan Pablo Mestre
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En 1948, Carlos Angulo Valdés publicó en la revista ‘Folklore’ un artículo titulado “Las leyendas de la Costa”, donde destacaba la importancia de la tradición oral en la cultura del Caribe colombiano y expresamente en el Departamento del Atlántico y su capital Barranquilla. Allí daba cuenta de la riqueza de la oralidad y de los innumerables mitos y leyendas que existían en cada lugar, calle o rincón de este espacio caribeño. No obstante, el patrimonio cultural inmaterial, en su componente oral, está revertido de una gran fragilidad, sobre todo por los soportes para conservarlos –la memoria y las formas de transmitirlo–, la oralidad, que si no se transfieren de generación en generación pueden desaparecer para siempre.


La gran parte de esta tradición se encierra en las creencias y es fruto de la riqueza cultural y del ingenio creador del hombre Caribe, pero sobre todo del encuentro de las tradiciones entre americanos, europeos y africanos. Cada uno con sus diferentes formas de apreciar el mundo y con sus propias supersticiones, de las cuales a pesar del sincretismo, no renunciaron a ellas y más bien las adecuaron a las suyas y a sus explicaciones para aquello que no podían entender. En este sentido, las leyendas y mitos, si bien tienen peculiaridades de acuerdo al entorno, manejan grandes similitudes. A lo largo y ancho de la geografía del Caribe colombiano se repiten en unos y otros pueblos historias en común donde los nombres y lugares cambian pero no la idea central.

Gracias a las migraciones internas y externas hacia Barranquilla, esta se ha convertido en un nodo cultural donde se depositan gran parte de estos saberes y tradiciones venidos de todos los rincones de la Costa, pero particularmente de las poblaciones del Departamento del Atlántico, que alimentan su tradición y riqueza oral. Pregones, cantos, narraciones, dichos y agüeros, entre otros, se cuentan en cada barrio de la ciudad. Es así como las historias de La llorona, El caballo sin cabeza, La puerca, La mojana, El trovador y el diablo, entre otros, forman parte del repertorio de las abuelas, donde también se incluye un legado innumerable de cuentos infantiles como Juan Bolón o Tío conejo. El mundo imaginario se mezcla con el mundo real, en el que participan burros, puercos y caballos con hombres y mujeres en la inventiva de su creatividad.

Dentro de las historias comunes que abundan en cada lugar, pero de la cual se cambian de una u otra forma nombres y acciones, tenemos La puerca, que relata (resumidamente) la historia de una puerca que durante las madrugadas deambulaba por las calles persiguiendo a cualquier habitante que se encontrara a esas horas fuera de su casa. Cierto día un grupo de amigos logró enfrentarla y reducirla a punta de garrote, descubriendo al día siguiente que alguna desafortunada habitante del barrio o de la población había amanecido indispuesta o muerta por el peso de los golpes. 

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