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Latitud 03 de Mayo de 2015

“Soy una mujer definida por la creación literaria”

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Mayra Santos Febres, organizadora del Festival de la Palabra en su natal Puerto Rico, Premio Juan Rulfo (1996), antes de sentarse a escribir arregla su casa y se tira las cartas del tarot.

Alfredo Baldovino
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Mayra Santos Febres (1966) es una de las voces más reconocidas de la literatura del Caribe contemporánea. Nacida en Carolina, Puerto Rico, comenzó a publicar poemas desde muy joven en revistas y periódicos de Cuba, Argentina, Francia y Estados Unidos. Ensayista, poetisa, narradora, y dueña de una pluma prolífica (suma 10 libros impresos en 14 años y dos más en la sala de espera), funge también como organizadora del Festival de la Palabra de su isla natal. Como cuentista se hizo merecedora del Premio Letras de Oro (USA, 1994) y del Premio Juan Rulfo (Francia, 1996). Su ópera prima en novela, Sirena Selena vestida de pena (2000), traducida al inglés, francés e italiano y finalista en 2001 del Premio Rómulo Gallego de Novela, ha sido objeto de múltiples trabajos monográficos. Allí, Sirena Selena, un travesti quinceañero con una voz fenomenal, viaja con su protectora, Martha Divine, desde Puerto Rico hasta República Dominicana, para labrarse una carrera como cantante de boleros y termina enredado en un affaire con un prestante hombre de negocios.

Piel de melaza, y una forma de caminar que pareciera seguir el rumor de las semillas de unas maracas invisibles, Mayra Santos Febres respira el Caribe por todos lados. El título de su primer libro, Anamú y Manigua (1991) es bastante diciente a este respecto. Y su amor por la salsa y el bolero, y por los camarones con cebolla picada y salsa de tomate en un mirador frente al mar. Directora del taller de narrativa de la Universidad de Puerto Rico, y feminista declarada (aunque no de las que lucen todo el tiempo una provocativa boina verde), Mayra reparte su tiempo entre la literatura, el cuidado de sus dos hijos, los baños de mar, las clases de yoga y las reuniones con sus panas. En la siguiente entrevista, Mayra conversa sobre los tópicos de la literatura del Caribe, su visión del feminismo, sus retos como profesora y sobre el intríngulis de su trabajo como escritora.

La literatura del Caribe

p  En ‘Resinas para Aurelia’ y en ‘Sirena Selena...’, así como en otros textos caribeños (piense, especialmente, en ‘Inca’, en ‘La maravillosa vida breve de Oscar Wao’) son las abuelas y no los padres quienes traban un fuerte lazo con sus nietos, ¿qué implicaciones tiene esta presencia en su literatura, o en la literatura del Caribe en general?
r  No es sorpresivo recordar que las organizaciones familiares de esta parte del Caribe son muy frágiles debido a la esclavitud. Antes, las mujeres y los hombres iban a trabajar al campo o a la hacienda, y quienes se quedaban al frente de los niños eran las abuelas, las comadres o las madrinas. Después, con el nacimiento de los nuevos estatutos profesionales y de otro tipo de empleos, la situación siguió siendo la misma. Así que la presencia de la abuela como trasmisora de conocimiento y tradición está en toda la literatura del Caribe, tanto la que se escribe en español como la que se escribe en francés y en inglés.

p  Al cotejar la literatura del Caribe con la literatura eurocéntrica, uno advierte algunas diferencias en cuanto al planteamiento de los paradigmas. En lo relacionado con la belleza femenina, por ejemplo, la literatura caribeña presenta como ideal a la mujer mestiza (o negra) de carnes abundantes y senos grandes, a diferencia de la mujer rubia y delgada de la literatura eurocéntrica. ¿Qué otros paradigmas de la literatura del Caribe y eurocéntrica entran en confrontación?
r  Ante todo hay que decir que en la literatura eurocéntrica tradicional, el cuerpo no entra en las discusiones intelectuales porque es pecaminoso. En el Caribe, en cambio, hay mucha corporalidad, muchas cosas eróticas y sensuales. La oralidad es otro de los puntos de divergencia entre ambos enfoques. En la literatura eurocéntrica se tiende a ser menos oral y a utilizarse un lenguaje mucho más estilizado, mientras en la del Caribe hay una presencia importante de la canción, de la oralidad, del juego de palabras. El escenario en el que se desarrollan los acontecimientos también es distinto, pues solamente desde las décadas del 70 y del 80 es cuando en la literatura del Caribe las ciudades empiezan a cobrar protagonismo, aunque, en todo caso, ese trata de una cultura urbana diferente. También hay divergencias en las comidas, las religiones populares, el ritmo, etc. Lo que a mí me molesta es la insistente marginación de unos saberes sobre otros, el intento de presentar la literatura del Caribe como un producto inferior. A mí me gustan los atardeceres frente al mar, y la sensación del salitre en la piel cuando salgo del agua. Eso es algo que yo quisiera compartir, pero el sistema eurocéntrico de conocimientos no valora eso, porque se supone que una mujer negra no piensa. Esos son los contrapuntos que yo quiero que desaparezcan, porque el mundo estaría más completo si le diera una importancia por igual a los distintos referentes culturales.

p  ¿Qué autores caribeños recomendaría leer?
r  Empecemos por Puerto Rico. Creo que es fundamental leer, por ejemplo, La guaracha del Macho Camacho, de Luis Rafael Sánchez. Si nos vamos un poco más atrás, hasta el siglo XIX, La charca, de Manuel Zeno Gandia. Toda la poesía de Julia de Burgos. De República Dominicana, La mañosa de Juan Bosch; Salomé Ureña, Junot Díaz, los cuentos de José Alcántara Almanza, los poemas de Frank Báez. En Cuba, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Cecilia Valdez, la poesía de Nancy Morejón, Virgilio Piñera, y, un autor más contemporáneo, Leonardo Padura. Como el Caribe se extiende, hay dos textos que hay que repensar: María, de Jorge Isaacs, y Cien años de soledad. Los cuentos del colombiano John Junieles también son de apaga y vámonos, y así podría nombrarte una lista de nunca acabar, como Ana Lydia Vega, etc.

Sobre el ser puertorriqueño

p  Junot Díaz explica los problemas de República Dominicana como resultado del fucú que trajeron primero los españoles y luego los estadounidenses. ¿Pesa algún fucú sobre los puertorriqueños?
r  Por supuesto, nuestro gran fucú ha sido la colonización norteamericana. La colonización apostó a que Puerto Rico iba a desaparecer, pero nosotros, por cabeciduros, hemos insistido en lo contrario. Tenemos la mitad de gente aquí en la isla y la otra mitad en los Estados Unidos, pero todos porfiamos en seguir considerándonos puertorriqueños. A partir de allí ha surgido una literatura con muchas variantes, literatura de ficción, literatura gay, etc., pero siempre con la idea de configurar una identidad, al margen de los ideales norteamericanos.

p  Varios ensayos subrayan la negación de lo negro, étnicamente hablando, por parte de los puertorriqueños cuando de reconocer sus orígenes se trata. ¿Cuál es la verdadera deuda de los puertorriqueños con los africanos, además de las gestas libertadoras que muchos han tratado de ignorar?
r  La negación es la misma de toda América Latina con las culturas negras e indígenas. Todos los discursos nacionales de América Latina se han erigido en contrapuntos de las culturas europeas o estadounidenses. Sin embargo, las élites siempre han visto en lo blanco un elemento de prestigio. Puerto Rico no podía ser la excepción. La deuda que tenemos ha sido con los escritores. Hay una gran presencia de lo negro en la fábrica fundacional de la identidad puertorriqueña, la música, el ritmo y las de más esferas de la cultura.

El feminismo

p  En uno de sus ensayos habla usted de las dudas que la acosaron durante algún tiempo sobre el modo más conveniente de construir el ser femenino. ¿A qué conclusión llegó finalmente?
r  Yo el feminismo lo pienso mucho, pero soy una feminista del Tercer Mundo (risas). Creo que para que se cumpla la utopía de una relación equilibrada entre mujeres y hombres, es necesario que estos últimos repiensen su masculinidad, y el discurso de la victimización de la mujer. Que se acabe con la división entre los espacios públicos y privados. Yo siento que todavía la vida íntima se rige por esa división, y que las mujeres públicas somos vistas como una amenaza, inclusive, en el amor, porque muchos hombres se sienten impedidos de amarnos por ese solo hecho.

p  ¿Qué es lo que define a una mujer?
r  Una mujer tiene múltiples maneras de definirse. En mi caso, soy una mujer definida por la creación literaria, que es lo que me permite extender mi mundo. Desde allí he construido una familia con mis dos hijos, y relaciones amorosas que han durado algo y luego se han caído, pero no por razones sociológicas. Pero no es el único camino posible de realización, pues cada mujer se define según sus propios parámetros, como ama de casa, como bióloga, o como lo que quiera. A Carmen Gaite le preguntaron una vez que qué prefería, si sus libros o sus hijos. Esa es una pregunta cruel que nunca le harían a un hombre. ¿Por qué no puedo ser escritora y madre de familia a un tiempo?

p  ¿Cree usted que el feminismo, sobre todo el que sufre de una especie de paranoia, puede llegar a ser nocivo en algún momento?
r  Nocivo no; tal vez erróneo. Pero lo que pasa es que el feminismo es una filosofía joven y hay que darle tiempo para que se desarrolle. Es verdad que hay mujeres que afirman tajantemente que el hombre es el enemigo. Yo no estoy de acuerdo con ellas, pero entiendo que están reaccionando radicalmente ante una situación radical: siglos y siglos de maltrato y dominación por parte de grupos controlados por hombres. Mira si no a las casi 500 mujeres que fueron asesinadas en las fronteras con México, a las niñas (y niños) prostituidos o utilizados como esclavos laborales, y la violencia dirigida al espacio que más nos interesa. No estamos hablando de quién saca la basura y quién saca a pasear a los niños, sino de sistemas complejos de dominación económica y política que han impedido el protagonismo de la mujer en los grandes escenarios de la vida social.

‘Sirena Selena vestida de pena’

p  ‘Sirena Selena vestida de pena’ es una novela donde predomina una visión travestida de la sexualidad. ¿Cómo fue ese ejercicio de despersonalización, de borrar el sujeto Mayra Santos para que aflorara en su lugar Martha Divine o Sirena Selena o cualquiera de las otras dragas del bar?
r  Lo que pasa es que las dragas y las mujeres nos parecemos muchísimo, porque ser mujer no es tener unos atributos biológicos y ya; uno se viste de mujer para salir a la calle. Te pones el maquillaje, te pones la faja y te pones todo lo que sea necesario para el espectáculo social. Y yo utilizo esa experiencia para darle voz a esos sujetos: me he vestido de mujer deseada; conozco los trucos de personificación y de impostura para entrar en un espacio que no es el propio. Por otro lado, Sirena Selena (…) es una metáfora de cómo aparece vestido el Caribe ante el imaginario europeo. El Caribe, en ese sentido, es el lugar en el que yo vengo a desinhibirme, a soltar todos los controles que debo refrenar en mi espacio, que es el de la razón y el de la productividad. El Caribe que es solo sexo, drogas y deseo. Esa era la cultura que me interesaba repensar; por eso me salían bien las dragas. Hay también otro travestismo en el lenguaje: el lenguaje oral que se traviste de lenguaje literario, y el lenguaje de la santería, en el que ser hombre o mujer no tiene la misma connotación que en la cultura occidental. De allí que Changó, rey del tambor y de la fiesta, se ponga una falda. Sirena hace lo mismo, pero Sirena es Yemayá, una diosa del inconsciente.

La escritura como oficio

p  ¿Hasta qué punto se complementan o rechazan las profesiones de docente y escritora?
r   Aquí en Puerto Rico se complementan muy bien. La mayoría de escritores en el mundo son periodistas, pero como el periodismo en Puerto Rico es bastante frágil, la docencia aparece como una muy buena opción para los escritores: el trabajo es bien pagado y hay espacios para la investigación y la creación. En cuanto a los saberes, me complace mucho ser profesora, porque tengo acceso a las discusiones más vivas de los estudios culturales. No obstante, le tengo desconfianza a los discursos teóricos sobre la literatura, porque son discursos derivativos. La crítica literaria es privativa: tú tienes un texto que utilizas como pretexto para decir cosas sobre algunos temas que te interesan. No digo que eso sea bueno o malo. Lo que digo es que un escritor puede confundir la teoría con la práctica, y la creación literaria con el estudio de la literatura. Ser escritor implica una experiencia con el lenguaje y la tradición completamente distinta a lo que se enseña en la universidad.

p  ¿De qué trata su nueva novela y cuáles son sus proyectos editoriales más cercanos?
r  En mi última novela cuento la llegada de Gardel a Puerto Rico, y la entrada de Puerto Rico a la modernidad. También escribí una biografía, estoy trabajando en un libro de cuentos y en un nuevo proyecto de novela. Quiero, igualmente, abandonar por el momento las novelas históricas y trabajar con novelas más contemporáneas.

p  ¿Ha sucumbido alguna vez al bloqueo creativo?
r  Todo el tiempo. Por ejemplo, en mi última novela, escribí un manuscrito y cuando terminé me di cuenta de que algo estaba fallando. Demoré cuatro años hasta que resolví el problema. Lo hice con la ayuda de unos amigos. Les di la novela para que me dieran su opinión y conversamos al respecto. También me ayudó el cuaderno de apuntes que llevo conmigo desde que era niña, porque siempre estoy tomando notas acerca de las reflexiones que me genera lo que estoy viviendo y escribiendo. Si no logro entender a un personaje, entonces lo escribo, hasta que doy con la respuesta. No me interesa la experiencia por la experiencia misma, sino bajo el filtro de la intimidad que encuentro en mi cuaderno de apuntes.

p  García Márquez tenía rosas en su escritorio y Hemingway le sacaba las puntas a sus lápices, ¿tiene usted supersticiones o ritos a la hora de escribir?
r  Sí, sigo el rito de la limpieza. No puedo sentarme a escribir en un sitio desordenado. Antes de sentarme a escribir arreglo la casa y me tiro las cartas del tarot.

Plano personal

p  ¿Conoce usted Barranquilla?
r  Desafortunadamente, no. Conozco Bogotá, Medellín, Cartagena y Cali. Pero no Barranquilla, aunque tengo amigos por allá. Estoy esperando que me inviten un día de estos al Carnaval de las Artes para preparar las maletas (risas).

p  ¿Qué busca Mayra Santos en un hombre?
r  Busca un cómplice creativo y un cómplice de vida y una persona que quiera transformar la realidad en la que vivimos de adentro para afuera. Además, tiene que estar bien bueno y saber bailar salsa (risas).

p  ¿Cómo se la lleva con la cocina?
r  Yo cocino muy bien, aunque poco por la falta de tiempo. Pero me encanta hacer pescado en salsa criolla, arroz con calamar, y también la comida internacional.

p  ¿Cómo es su relación con la música?
r  A mí me gusta escuchar mucha música; mientras más mezclá’, mejor. Cuando fui a Cartagena, por ejemplo escuché un grupo que me voló la cabeza: Bomba Estéreo. ¡Uf! ¡Sensacional! También me gusta la bachata, la salsa de Pirulo, lo que se mezcla con lo tecno, la fusión.

p  ¿Cuáles son sus dioses?
r  Yo practico muchas religiones: budismo, santería, espiritismo. Medito mucho. Me gusta ser espiritual, me gusta también eso de los hombres, que practiquen cierta espiritualidad, algo New Age, si se quiere, desde el Caribe hacia el mundo.

p  ¿Qué hace Mayra Santos Febres cuando no está escribiendo, estudiando o dando clases en la universidad?
r  Ahora mismo, por ejemplo, le estoy echando agua a las plantas. Después me voy a una clase de yoga y a dar una vuelta con mis niños por ahí. Ayer me fui a chinchorrear con una amiga, que es como uno le dice a esos puestecitos que hay en las montañas donde se come una comida estupenda. Cocino, salgo a correr; vivo.

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