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Latitud 21 de Agosto de 2016

Soy un man políticamente incómodo

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Foto: Archivo EL HERALDO

En su casa de Salgar en marzo de 2016, junto a su 'bicicaballo'.

John Better @johnbetter69

El pensamiento directo y una mirada a algunos de los proyectos creativos de Aníbal Tobón, en esta entrevista publicada por Latitud el 10 de octubre de 2010.

Aníbal Tobón pertenece al consciente e inconsciente cultural barranquillero. Escritores, actores de teatro, músicos, y gente del común lo consideran como un superhéroe de la postmodernidad. Su sola persona es la vibrante expresión de un hombre que ha creado su propio universo. Universo del que sale cada cuanto para hacer de esta ciudad un lugar donde la continua creación sea una empresa posible. Atravesando dimensiones Tobón parquea su nave y gustoso atiende esta invitación en esta, nuestra Latitud.
 
P  Tratar de definirte en una sola palabra sería imposible, pero ¿qué conceptos podrían acercarnos a ese ser llamado Aníbal Tobón?
R  Un «man» políticamente incómodo a quien las cosas sanas lo enferman, podría ser una. Otras que es una pinta que duda de casi todo, es curioso con todo y cuyos principios serán su final. Lo más fácil del mundo es definirse o entenderse a uno mismo, lo complicado es tratar de definir o entender a los demás. Así de simple y de complicado, como cuando un pájaro levanta el vuelo.
 
P  Acaba de terminar PoeMaRío, un evento que vienes haciendo hace tres años, ¿crees que es posible despertar una conciencia poética en una ciudad tan apática al arte, crees que lo merezcan?
R  Hago no, hacemos, porque está Miguel Iriarte, Yadira Ferrer y Tallulah Flórez en el combo directivo. Creo que la poesía anda por todas partes, claro que muchas veces estamos en el diario trajinar y eso nos ciega ante la belleza. Recuerda además que este es un puto país de poetas, o de recitadores Julioflorezcos o de imitadores Barbajacobinos, y Barranquilla no es la excepción. Creo que a más poesía menos policía, en cuanto a que ella propende a la sensibilidad y con pocas excepciones aleja de la violencia. Y bueno, para responderte la parte pringamozera te digo que Barranquilla lo que no se merece es la clase política que la ordeña. Y también que todos esos que maltratan a la ciudad, en realidad no se la merecen. Barranquilla les queda grande y decirse barranquilleros más aún. 
 
P  El término «poetariado» se utiliza para señalar cierto tipo de personajes que más que escritores son «mercaderes de la palabra», ¿qué es un poeta para ti?
R  Contestando rápido, un poeta es el que escribe poesía. Vaina que es falsa de toda falsedad, como los abogados y la justicia. Nadie se gradúa de poeta. Uno puede asumirse como poeta, también lo pueden llamar poeta los otros y a muchos los hacen las notas de prensa. Muchos  se hacen con el billete para poder imprimir y a otros cierto servilismo institucional los convierte en tales. Recuerdo a Vargas Vila que dijo que «hay escritores a quienes se les abren todas las puertas... porque escriben para los porteros». Un poeta puede ser alguien que es militante de los derechos humanos del corazón, o de la imaginación. Es difícil definir al poeta, pero más jodido es definir a la poesía. Yo la verdad no me considero poeta como tal, sino más bien alguien que sabe mirar a su alrededor y por dentro de sí. El otro día leí de alguien que dijo que el «nunca había querido ser poeta, sino
poema». Agárrame ese verso en la uña...
 
P Un colega escritor acostumbra decir que cuando las mujeres escriben están haciendo la lista del mercado, cosa que contradigo, pero la nueva generación de mujeres en la poesía del Caribe parecen no tener una dirección clara a la hora de escribir, ¿a qué crees que se deba esto?
R Los jóvenes nunca saben con seguridad para donde van. Es una cualidad de la juventud que les permite explorar mucho más amplio que los que tienen metas fijas. Con respecto a las jóvenes que hacen poesía en Barranquilla, creo que son una buena camada literaria con una calidad como de montaña rusa, cuestión que irá decantándose con el ejercicio y la locurita. Lo que falta es difusión y en eso los periódicos son un mal ejemplo, porque le dan prioridad a la música, por ejemplo vallenata o reguetonera, o a las «actrices» de telenovelas, a la moda, a los cumpleaños de las quinceañeras adineradas, y excluyen por ejemplo a la poesía que ya casi parece la putica del paseo. No creo que sea exactamente una cuestión de género sino una vaina degenerada. 
 
P  ¿No crees que los escritores nuevos les mueve un afán de publicar creyendo que este oficio es una máquina de fama y fortuna?
R  Eche, casi todo el mundo quiere publicar. Es casi como una finalidad del ejercicio de la escritura. Ahora, si lo que buscan es fama y fortuna mejor les iría como galanes de TV o asaltantes de bancos. Lo que sí me preocupa en algo es que la temática que ha asumido la juventud que escribe (hablo de jóvenes menores de 25), es tan parecida que muchas veces con leer a alguno casi que se ha leído a la mayoría. Pero bueno, ese es un cuento individual y cada quien verá en que se gasta la punta del lápiz o la memoria del computador.
 
P  Hablemos de un lugar que marcó la pauta durante breves años en Barranquilla como lo fue Caza D’ Poesía, ¿cómo surgió esa idea y por qué de su desaparición?
R  Siempre he tenido sitios culturales. Con Benedicto Arenas tuvimos La Caleta, primer café-concert de Barranquilla; en Estocolmo tuve, con varios amigos latinos, Svarta Manen (La luna negra) un café teatro; en Cumaná Venezuela tuve otro: un café llamado deseo, y en Barranquilla Caza D’ Poesía, para mentar algunos. Cerró en parte por la doble moral barranquillera, hablan de recuperar el centro y cuando Caza bajó al centro, entonces declinó la asistencia. También influyó habérselo dejado en su último tiempo a pelaos sin experiencia, pero uno no debe hablar mal de las mujeres que deja o que lo dejan, entonces no puedo hablar paja de la desaparición de Caza de Poesía.
 
P  Dicen que los escritores no se toleran unos a otros, ¿cómo hiciste para reunirlos en santa paz en los animados salones de Caza de Poesía?
R Yo funciono colectivamente, desde mi época grupos de teatro, pasando por El Sindicato (grupo de arte de los años 70 ganador de un premio nacional de artes visuales que cada día es más actual, a pesar de haber desaparecido hace 34 años), mis Revistas Orales y casi toda mi actividad ha estado marcada por lo colectivo. Eso da herramientas para limar asperezas entre personas, extraerle a cada cual su mejor lado y además yo soy amigo de casi todos los escritores de acá, entonces no hubo milagro sino que respetaban en todas sus formas el espacio que les brindaba.
 
P Tobón es un hombre que juega con el lenguaje, transformas las palabras a tu antojo, háblanos de tus ‘concervezatorios’ y las cátedras de ‘filosofría’ que en tu bar se desarrollaban?
R Los concervezatorios son una de las pocas vainas que no me han pirateado en Barranquilla, donde piratean hasta un charco en el bordillo, entonces con más facilidad se piratea un concepto o una idea. Sin embargo y te cuento, que alguien por Internet registró legalmente el término, vaina que yo nunca hice. Fueron creados aquí como una necesidad de conocer más sobre una de las cosas más consumibles: la cerveza, nuestra sin igual y siempre fría. Se hablaba de la influencia positiva de la cerveza en la salud, para el riñón por ejemplo o la menopausia. También la historia de la cerveza desde los sumerios hasta los Santo Domingo o SabMiller de nuestros días; había chistes sobre borrachos, un doctorado en licores, se hablaba de religión y cerveza dado que las mejores las hacen los curas benedictinos, y además un poco de vainas más, que hacían un espacio interesante, que no tuvo eco en una propuesta hecha para Águila, como una forma de la cultura del buen beber. Así es la vida... 
 
P ¿Tendrá la felicidad el sabor de una cerveza helada?
R  Salgar es más rico que tomarse una cerveza helada por el ojo. Acá está mi felicidad donde tomo al nivel del mar y del bar. Yo no volví realmente a Colombia, país que aunque conozco bien, cada vez me es más extraño. Yo volví a Quilla y especialmente a Salgar donde vivo y me desvivo por Yadira y por mis cosas, cualesquiera que ellas sean, como mis sembrados de pringamoza y cadillo.
 
P  En tus lecturas ya es célebre un pequeño performance que haces, al terminar de leer algo de inmediato rompes las hoja del escrito, ¿por qué lo haces, de qué te liberas cuando lo haces?
R  Realmente es una reminiscencia de mi pasado en el teatro, pero cada quien le debe dar el concepto que crea. Todos tenemos derecho a interpretar una obra como nos dé la gana. Desconfío de esas obras explicadas o esas introducciones a los poemas que muchas veces son más largas y mejores que el poema.
 
P  Por ese hermoso lugar pasaron nuevas tintas como Paul Brito, Carlos Polo, Fadir Delgado, Nena Cantillo, Katho Gómez, ¿cómo ves el futuro de estos muchachos?
R  Ninguno de ellos o ellas es ningún muchacho o muchacha en este momento. Mi criterio ha sido abrir espacios y coyunturas por donde se cuele la juventud. Nunca he sido egoísta con quienes comienzan ni tampoco con quienes ya están acabados. Creo sinceramente que cada uno va abriendo la trocha de su futuro y es bien si alguien te proporciona herramientas o te presta apoyo moral, «manque sea», como decía mi abuelita.
 
P   ¿Qué piensas cuando te comparan inevitablemente con ese esplendido personaje de la literatura universal como es el Quijote?
R  Ñerda cuadro, si a mi me han comparado con cuanta vaina, desde Jesucristo, pasando por Fidel Castro, John Lennon, Che Guevara y últimamente con Bin Laden, sobre todo por el pelo largo y la barba. Ojala que nunca me confundan con algún ideólogo de las Farc, como le pasó al «flaco» Correa de Andreis o a Yamil Cure, que a uno lo mataron y al otro lo asilaron. Claro que algunos de esos personajes los he escenificado en teatro, como el caso del Quijote, el Caballero de la Triste Figura, y como tuve actual la pieza hasta el año pasado, entonces la comparación y hasta la mamadera de gallo es inevitable.
 
P  Viviste en Suecia durante muchos años ¿cómo demonios llegaste hasta allá?
R  Por avión. Pero también por el teatro y los títeres, que aunque mi vieja detestaba que fuera actor y titiritero, habiendo sido periodista, ambas cosas me permitieron viajar casi por medio mundo y vivir en Suecia muchos años. Salir por más de 20 años de Colombia me permitió ver al país de otra manera. Me dio perspectiva y valoré más mi cultura. Sobre todo cuando descubrí que la mediocridad también hablaba francés, o danés o sueco, por ejemplo, y me saqué ese complejo europeizante que traemos desde el mal llamado Descubrimiento. 
 
P  ¿Algún día volverá a abrir sus puertas Caza D’ Poesía?
R  Claro que sí viejo man. La ciudad necesita una Caza D’ Poesía en cada esquina. Pero también necesita civismo y memoria y convivencia y respeto y amor y locuritas y concervezatorios y Revistas Orales y Monumentos Hablan (como el proyecto que tengo con el programa de Arte en espacio público de Cayena en la Universidad del Norte) y necesita amistad y mejores presupuestos culturales y barrios que no se caigan y arroyos que sea como el Joe y las mil y una cosa que nos faltan como ciudad. Muchas de ellas perdidas, porque realmente las tuvimos. Ojalá que en un futuro cercano nos volvamos una «Bacanquilla» de verdad verdá.

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