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Latitud 03 de Mayo de 2015

Sofro y Barranquilla

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Juan Martín Fierro Especial para EL HERALDO

El biógrafo del legendario bolerista pasacaballero evoca la estrecha relación del músico con artistas, lugares y amigos de La Arenosa, entre ellos el cantante lírico Gastón Vega, abuelo de la actual Miss Universo, Paulina Vega Dieppa.

A propósito de los 90 años del natalicio de Sofronín Martínez Heredia (Pasacaballos, 10 de febrero de 1925), y de los 15 de su fallecimiento (Cartagena, 22 de diciembre de 1999), justo es recordar los lazos que unían al genial bolerista con Barranquilla.

Si bien el esplendor de Sofro como uno de los máximos intérpretes de la corriente del filin cubano tuvo como escenarios principales Cartagena y La Habana, no puede olvidarse que Barranquilla fue clave en el afianzamiento de su carrera como músico de sesión, ni que allí labró una reputación como percusionista y guitarrista de importantes orquestas y agrupaciones de música tropical.

En 1959 hizo parte del sexteto del Hotel El Prado, dirigido por el maestro Gil Díaz, y en 1961 fue contactado por el maestro Pacho Galán, quien ya le venía siguiendo la pista.

«Mi papá tocaba en la Heladería Americana del centro de Barranquilla. Un día lo vio Pacho Galán y lo invitó a que se incorporara como guitarrista a su gran orquesta. Mi papá estuvo un promedio de tres a cuatro años con Pacho, incluso tocando con él en Bogotá en la famosa ‘Hora Philips’ (…) Pacho hizo varios arreglos para que mi papá se luciera con la guitarra. Él buscaba sonidos internacionales», recuerda Luis Fernando Martínez, hijo mayor del bolerista (1).

Sin duda, la vinculación de Sofro a la orquesta de Pacho Galán fue uno de los momentos estelares de su carrera antes de brillar con luz propia en la taberna La Quemada, en Cartagena, el lugar que lo proyectó internacionalmente como uno de los grandes intérpretes del filin. Así evoca el periodista e investigador musical Adlai Stevenson los primeros años de Sofro en Barranquilla: «Él era guitarrista para grabaciones y acompañaba a grandes cantantes que pasaban por la ciudad, a tríos brasileros y, en general, a cualquiera que necesitara esos acordes con disminuídos y con feeling, que tan bien le salían. Creo que Emilio Fortou, de discos Tropical, lo llamó varias veces. También actuaba en clubes nocturnos de la época de los cincuenta y sesenta, acompañando conjuntos y orquestas. Su paso más importante se daría a la Orquesta de Pacho Galán. Precisamente, en la época en que andaba con Pacho estaba de moda un restaurante chino llamado Chop Suey, donde había grupos de serenatas y guitarras todos los días. Ese sitio fue famoso y fue el que empezó con los encuentros de guitarristas en la 72».

La terraza del famoso Mediterráneo, ideal para saborear un delicioso pie de uva o un helado de café al caer la tarde, fue otro de los lugares emblemáticos de la Barranquilla musical de entonces, como lo recuerda el escritor e investigador Miguel Iriarte:

«Esa era un terraza muy agradable. Por aquel entonces, la 72 tenía mucho prestigio, era la gran vía donde se daban cita empresarios, artistas, periodistas, gente de cierta edad y de gustos definidos. Por ahí pasó Sofro, a quien yo conocí por referencias de mi padre, que era muy amigo de Rodolfo el Tigre García, pianista de la orquesta de Pacho Galán. Sofro ya era un referente gracias a su talento, y años después compartí con él y con César Portillo de la Luz durante el tercer Festival Internacional del Bolero, que se realizó en la Plaza de la Aduana en octubre de 1998».

En 1965, Sofronín grabó en Barranquilla sus dos primeros álbumes para el sello Tropical: Paseo, solo paseo, y Piensa en mí, Sofro y su conjunto. Ese mismo año se unió al Conjunto de Toño Criales y acompañó al cantante cubano Miguelito Valdés, que se presentó en el Country Club.


El guitarrista y compositor se presentó en numerosas ocasiones en La Estación, local musical que funcionó por varios años en el complejo cultural de La Aduana.

Irakere y el gran Gabriel Rondón
Desde finales de los cincuenta, Sofronín se movió entre Cartagena y Barranquilla en función de sus compromisos artísticos y sus grandes amistades. Solía alojarse en casa de una señora llamada Luz, cerca del Hotel El Prado, quien lo atendía como un miembro más de su familia, y cada lunes regresaba a Turbaco para estar al frente de los ensayos y presentaciones en Cartagena, con la puntualidad que lo caracterizaba. En Barranquilla, Sofro cultivó gran amistad con Humberto Viana, Álex Barón, Gina Banfi, Roberto de Castro, Alberto Carbonell, Nacho Dugand, José de Ávila y Mingo de la Cruz, entre otros. Como dato curioso, cabe anotar que Gastón Vega, notable cantante lírico cartagenero y abuelo de Paulina Vega, actual Miss Universo, fue una de las voces que grabó con el acompañamiento de Sofro a mediados de los sesenta.

De esos años de amistad y de tertulia, dice el piloto Mingo de la Cruz: «Yo era un gran admirador de Sofronín, a quien conocí por Fico Falquez y su esposa Judy Segovia. También iba a verlo en La Quemada y solíamos rematar en el Hotel Playa, propiedad de mi amigo Moncho Peñaranda. En Barranquilla, él tocaba en el Country, con la orquesta de planta que dirigía el sanandresano Marcos Newall, y también en casa de sus amigos como Adolfo Falquez y Norma de la Espriella. Recuerdo que para Barranquijazz una vez trajeron a Irakere y Sofro se presentaba con su grupo en el bar La Estación, de la Plaza de la Aduana, adonde llegamos con los músicos después del concierto. Carlos Emilio Morales, el guitarrista de Irakere, compartió escenario con Sofro, y aquel fue un momento mágico». Fue precisamente Morales quien apodó ‘Dedito de oro’ a Sofronín, al asociarlo de inmediato con José Antonio Méndez y el Niño Rivera, dos colosos del bolero y la sabrosura de Cuba.

Para Gina Banfi, amiga y contertulia de Sofro, «cualquier cosa que se diga de su talento musical es poca. Sofro era un artista, una belleza, un ser humano impecable».

Además de Pacho Galán, también el maestro Gabriel Rondón, extraordinario guitarrista nacido en Medellín, pero de alma barranquillera, confesó alguna vez en una entrevista que Sofro le había «partido el coco» después de verlo tocar en la Heladería Americana, y que el pasacaballero fue determinante en su amor por la guitarra cuando apenas era un estudiante de Ingeniería Química en la Universidad del Atlántico. En una semblanza que le hiciera Jairo Grijalba Ruiz para Herencia Latina, Rondón evoca: «Sofro fue mi primera influencia en el jazz. Él tocaba en Curramba en una heladería de la 72, y con Nando lo íbamos a oír. Él tocaba su guitarra eléctrica; para mí era espectacular ver a este señor con una suficiencia y propiedad tocar toda clase de temas. Después tocó en La Quemada. Pero Sofro siempre fue un gran conocedor de todas la músicas» (2). Esa admiración dio paso a una gran amistad de largos años con Sofronín, a quien Rondón dedicó el tema La manigua, en su álbum Orekagua.

Barranquilla, la ciudad que más quiero del Caribe colombiano, es bulliciosa y frenética. Musicalmente desparpajada. Bailadora sin par. Pero hoy, al evocar a Sofro, se revela cadenciosa y romántica como un bolero que está ahí, que permanece, que sigue vivo en esa voz, en esa guitarra, en esa mano tendida siempre para la amistad.

@jmartinfierro
(1) STEVENSON SAMPER, Adlai, Pacho Galán, El rey del Merecumbé, Editorial La Iguana Ciega, Barranquilla, 2006, p. 58.
(2) Véase: http://www.herencialatina.com/Gabriel_Rondon/Gabriel_Rondon_Jairo_Grijalba.


Sobre el autor
Juan Martín Fierro (Bogotá, 1972). Abogado y politólogo de la Universidad de los Andes y director del periódico especializado ‘Ámbito Jurídico’. Para escribir la biografía de Sofronín Martínez, trabajó durante cuatro años y viajó a Cartagena, Barranquilla, Medellín y La Habana en varias oportunidades. Sus crónicas, entrevistas y reportajes sobre música son publicados habitualmente en ‘El Tiempo’ y la revista ‘SoHo’. 

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