EL HERALDO
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Latitud 30 de Octubre de 2016

“Rebolero, ¡a mucho honor!”

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Foto: Archivo particular

Nelson Pinedo en 1960. Tenía 32 años.

Rafael Bassi Labarrera

Los inicios artísticos del Pollo barranquillero, evocados por el mismo cantante, en un diálogo en Rebolo, el barrio que lo vio nacer.

Fue el porro Playa, brisa y mar, del compositor y guitarrista Rafael Campo Miranda, la canción que escogió Nelson Pinedo para su debut en Radio Progreso de La Habana, en los años cincuenta. De esa manera inició su ascenso al estrellato. 
 
Poco más de medio siglo después, un domingo 18 de diciembre de 2005, en el Estadio Moderno del Barrio Rebolo, el Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Barranquilla le rindió un merecido homenaje. Fue un inolvidable regalo de Navidad. Tremendo concierto con entradas gratuitas en el que su público orgulloso le gritaba «rebolero» y Nelson respondía: «¡A mucho honor!» En esa ocasión, hace poco más de una década, tuvimos la oportunidad de compartir una extensa y sabrosa conversación con el famoso Pollo barranquillero. Haciendo gala de su buena memoria y de su gran capacidad narrativa nos recordó sus inicios artísticos en la Barranquilla de los años cuarenta:
 
«Mis comienzos fueron cantando como aficionado en Barranquilla. Antes fui locutor comercial y de noticias en La Voz de la Patria. Pero después hice un recorrido interesante con orquestas de la Costa, empezando con la del maestro Julio Lastra como cantante de boleros. Después estuve en la orquesta de los hermanos Rodríguez Moreno, con ellos hice una gira a Maracaibo, mi primera salida al exterior, y grabé el bolero Mucho, mucho, mucho. Regresamos a Barranquilla y me conecté con el maestro Antonio María Peñaloza para trabajar en los bailes de carnaval en el Country Club. Por aquellos días llegó el señor Danielson, dueño del Club Miramar, de Bogotá, quien estaba por inaugurar el Club La Casbah, situado arriba del teatro Mogador. Peñaloza pidió llevarme como el crooner para esa orquesta que allá iban a conformar. Danielson, que le tenía a Peñaloza la orquesta preparada, le dijo ‘vengo a buscarlo únicamente a usted’, pero Peña le dijo que iba si con él íbamos el bajista, el baterista y aquel muchacho –señalándome– que era yo. El empresario le respondió que le tenía dos cantantes. Fue cuando Peñaloza dijo: Si no va él, yo no voy. Esa gratitud la guardo para toda la vida. Tengo que reconocerle al maestro haber creído en mí».
 
Al igual que Justo Almario, Joe Madrid y otros músicos colombianos, Nelson Pinedo no escatima elogios para las enseñanzas que le dio el maestro Antonio María Peñaloza. 
 
«La época que viví con el maestro Peñaloza en Bogotá fue para mí un posgrado de música. Me preparé y aprendí muchísimas cosas. El Club La Casbah era para la clase media-alta y la high de Bogotá. Súperelegante, exclusivo. Su público era muy refinado. Ahí no entraba el que quería, sino él que podía. La dotación era un cantante francés que tocaba trompeta, acordeón, un hombre polifacético; su esposa, quien también era cantante, Cervantes en la batería, uno de los hermanos Fernández en el saxo, Peñaloza primera trompeta, y un pianista de primera, Alex Disroma, traído especialmente de Perú. 
 
 El repertorio incluía temas en español, inglés, portugués e italiano. Esa orquesta hacía jazz, hacía la música nuestra, música española, argentina, hacíamos de todo. Tenía un repertorio tal que los cantantes de Bogotá iban en su día libre a escucharnos y algunos a aprender. Llegamos a ser los dueños de la noche en Bogotá. Antonio María Peñaloza, su orquesta, y su crooner, Nelson Pinedo». 
 
Nelson en el ‘show’ de los 50 años de su carrera artística. Comenzó el espectáculo cantando ‘Playa, brisa y mar’.
 
ME VOY PA’ LA HABANA 
Calentando la fría noche santafereña y soñando con viajar al extranjero, Nelson Pinedo conoció a los músicos de la orquesta Casino de Sevilla, que se presentaba en el Grill Europa.
 
«En sus días libres los españoles nos iban a ver a La Casbah, la boîte que competía con el Grill Europa, los dos locales de más categoría que había en Bogotá en esa época. Los muchachos de la orquesta Casino de Sevilla la pasaban muy bien con nosotros, de manera que nos hicimos muy buenos amigos. A ellos les encantaba la música de Peñaloza, sus arreglos maravillosos del folclor colombiano, de bambucos, pasillos, bundes, toda la música del altiplano y de las costas colombianas. Los españoles quedaron encantados con nuestra versatilidad. Me escuchaban cantando en varios idiomas: inglés, francés, italiano y portugués, estaban fascinados. Pasó el tiempo y no volvimos a verlos. 
 
Un día estaba sacando el pasaporte en el Capitolio. Me encontré en la calle con una señora que me dijo que su esposo tenía un telegrama que me habían mandado de La Habana. Era del director de la Casino de Sevilla, que ahora se llamaba Serenata Española, y me solicitaba que fuera a trabajar con ellos, aunque ya no se acordaban de mi apellido. El telegrama decía: ‘Soliciten a Nelson Nieto’. Yo no tenía en mente ir a Cuba, eso era para mí algo inalcanzable, entonces era La Meca del mundo hispanohablante. Todos los artistas latinoamericanos tenían que refrendar su prestigio en La Habana. Era el epicentro del mundo artístico hispano. Y como las ocasiones hay que agarrarlas al vuelo…».
 
Nelson Pinedo no viajó directo a La Habana sino que hizo escala en Caracas para visitar a su amigo Chucho Sanoja, tal como lo había previsto. Entonces Sanoja lo relacionó con el representante Ángel Pintado, quien manejaba a artistas de la talla de Pedro Infante, y este le dio a Nelson una tarjeta para Tito Garrote, su socio en La Habana.
 
«Caigo en La Habana, pero no voy directamente a la Sonora, ni a Radio Progreso. Llego a la orquesta Serenata Española y tengo que actuar con los atuendos típicos españoles, eran cuatro trajes bellísimos. Era un muchacho de 25 años, delgado, con figura de torero. Imagínate un currambero, un corroncho, vestido de andaluz. Con esa orquesta grabé cuatro temas: Yo te diré, una romanza italiana; Volverán, volverán, una canción basada en las rimas de Bécquer; Entre tus brazos, una balada del pianista de la orquesta, y un chotis titulado Monísima, que fue el que pegó en la radio». 
 
Con la orquesta Serenata Española no pasó realmente nada especial. Aunque impusieron aquel chotis en la radio habanera, a los tres meses tuvieron que regresar a España, y Nelson se quedó buscando su destino en el competido ambiente habanero, apoyado ahora por el representante artístico Tito Garrote. Teniendo como tarjeta de presentación los discos grabados con Serenata Española, el Conjunto de Luis Santí y el realizado con Don Américo y sus Caribes, el representante Tito Garrote decidió ir en busca de una oportunidad para Nelson Pinedo en Radio Progreso.
 
«Entramos una tarde, a las cinco y media, a Radio Progreso, que quedaba al lado del Capitolio, ahí en los bajos del Centro Gallego. Un estudio muy pequeñito y la entrada era muy incómoda. Allá nos encontramos con Rogelio Martínez y Daniel Santos que estaban revisando los temas que iban a tocar esa tarde. Daniel, con esa personalidad que se gastaba, muy propia de él, que siempre he respetado por su verticalidad, un poco hosco y muy satírico, lanzó una frase en son de chiste: ‘Aquí no cabe uno más’. Nos reímos y seguimos a la oficina donde les mostramos los discos. No pasó nada, pero, a los tres días llamaron urgentemente a Tito Garrote para pedirle que yo hiciera una suplencia a Daniel Santos, que se había ido para México sin avisar. ‘Serán como unos 15 días, porque él va a regresar’, le dijeron». 
 
Eugenio 'Tito' Garrote (centro), fue el gran mecenas de Nelson Pinedo, quien manifestó por siempre su gratitud.
 
«Todo se me juntó como una andanada, cantar con la Sonora Matancera y hacerle la suplencia a Daniel Santos. Ese fue el golpe maestro en mi carrera. Entonces Tito, en un momento de audacia, decide no cobrar nada, y yo lo lamentaba porque estaba comiendo cable, hacía meses que no trabajaba, estaba golpeado económicamente. Le dije a Garrote: ‘No juegues con mi estómago’, y él me respondió: ‘Tranquilo, que usted está bajo mi responsabilidad’. Él era también el empresario de Beny Moré, de Fernando Albuerne, de Olga Guillot, de Rolando Laserie, de Lucho Gatica, de las grandes figuras, y ahí, modestamente, tuve yo un espacio muy especial».
 
LA SONORA MATANCERA 
Nelson Pinedo llegó a la Sonora Matancera, la ya famosa orquesta que dirigía Rogelio Martínez, y se quedó por cinco años. Fue una época gloriosa para el cantante barranquillero, quien entre 1953 y 1958, y con su porro familiarizado en guaracha ayudó a internacionalizar la música del Caribe colombiano. 
 
«Cuando entré en la Sonora Matancera, hicieron un jingle para anunciarme previamente, y es cuando surge la hermosa simbiosis musical entre el porro y la guaracha. Llevo un tema de Rafael Campo Miranda que dice Playa, brisa y mar… que fascinó a Rogelio, y pegó tanto el jingle que la gente llamaba para que sonara toda la canción completa. Para debutar presento El ermitaño, de Rafael Escalona, y Momposina, de José Barros. Así nacen las fusiones del porro colombiano con la guaracha cubana, y del vallenato con la guaracha. El éxito de El ermitaño fue tan grande que en los carnavales de Santiago de Cuba las comparsas orientales arrollaron con esa composición de Rafael Escalona. ¡Ay, Dios mío!  Cuando empezamos con la cuestión del ritmo colombiano, insistía que lo tocaran como porro y a la Sonora no le salía. Estando en esa situación, Rogelio me preguntó por otros temas. Entonces le presenté El vaquero, El mochilón, Mi casita linda y Trópico, aquello fue un aluvión de éxitos, por eso tengo en la discografía de la Sonora Matancera, mínimo, cuarenta éxitos».
 
Otra importante faceta de Nelson Pinedo como intérprete es la de bolerista, «con una perfecta dicción», como dijera Tito Rodríguez al invitarlo a grabar con su orquesta.
 
Estando en Nueva York fui contratado por seis meses para presentarme en el Cabo Rojeño. En mi debut me acompañó la orquesta de Tito Puente, que mantenía una rivalidad con la de Tito Rodríguez. Al terminar mi actuación fui invitado por Tito a su mesa, declarándome su admiración me propuso grabar un disco con su orquesta. Los arreglistas de los temas de ese álbum fueron René Hernández y Ray Santos. Allí incluí el bolero Corazón, del empresario barranquillero Rafael Roncallo Vilar, un aristócrata de la bohemia currambera. Muchas veces canté en su Emisoras Unidas y escuché con el Trío Serenata, de Rafael Mejía, ese hermoso bolero. También incluí en ese long play el clásico Kalamary, de Lucho Bermúdez. Al final de ese tema yo mismo me respondo en el coro, y al escuchar eso, Tito Rodríguez me dijo: ‘Oye Nelson, tú eres tremendo sonero’».    
 
Napoleón Pinedo Fedullo nació en Barranquilla el 10 de febrero de 1928. Desde sus primeros éxitos en el extranjero se convirtió en un embajador cultural barranquillero, paseando orgullosamente el nombre de nuestra ciudad por el mundo entero. 
 
«La Mona Fedullo era mi madre, hija de napolitano, nacida en el puerto de Honda, Tolima, pero desde pequeñita vino a Barranquilla. Ella me contaba que cuando yo estaba naciendo en el barrio Rebolo se escuchaban los versos de la danza de El Torito que iban pasando por la puerta de la casa. Estuvo conmigo en La Habana, Argentina y México. Mi padre genético fue el director de orquesta Alejandro Barranco, y mi padre adoptivo, Julio Pinedo». 
 
La cheveridad barranquillera de Nelson Pinedo se hizo sentir en las mágicas noches habaneras de los años cincuenta, dejando para la inmortalidad el clásico matancero ‘La esquina del movimiento’.
 
«El compositor es Senén Suárez, guitarrista y cantante, que tenía un conjunto que se presentaba en el cabaret Tropicana de La Habana. Senén me escuchaba atento cuando cantaba, y una vez se me acercó para decirme: ‘Nelson, tengo un tema que va bien contigo’. Ya la Sonora Matancera le había grabado varios números a Senén, casi todos cantados por Celia Cruz. Como él sabía que yo me movía en todos los ritmos, me dio además dos boleros: Muñeca adorada y Una equivocación. La esquina del movimiento hace parte de la iconografía latinoamericana. En Caracas con esa guaracha se recogía plata para los guerrilleros de Fidel Castro que estaban todavía en la Sierra Maestra. 
 
Otro tema que hace parte de mi repertorio es El muñeco de la ciudad, un merengue venezolano que le escuché al cantante Mario Suárez aquí en Barranquilla, cuando me estaba colando como cantante aficionado en Emisora Variedades. Ese número me gustó y me lo guardé, y tiempo después lo grabé con la Sonora Matancera». 
 
Claro que la canción que identifica universalmente a Nelson Pinedo es el porro ‘Me voy pa’ La Habana’, autoría del compositor barranquillero José María Peñaranda, que en su versión original se titula ‘Me voy pa’ Cataca’. Nelson cambió este nominativo por el de La Habana, y lo convirtió en su pasaporte musical.
 
«Me voy pa’ La Habana es la historia de mi vida. Siempre me han preguntando por Carmela y he respondido, pregúntenle a Peñaranda. Lo que hice fue cambiarle el título y la procedencia, puse lo que soy, oriundo de Barranquilla, y convertí ese número en mi cédula musical. Mucha gente en La Habana no sabía de dónde era yo». 

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