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Latitud 24 de Agosto de 2013

¿Quieres que te lo cuente?

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“Érase lo que se era, el que se vaya y el bien que se venga...”
L narración oral es la acción de contar historias, sucesos o acontecimientos, reales o imaginados a un grupo de personas, utilizando para ello como herramientas fundamentales la palabra y la gestualidad del ejecutante, en una situación de comunicación viva y directa.

Todos podemos contar, es decir, todos, en la medida en que manejamos una lengua o un sistema de códigos comunes con un auditorio, somos narradores de hecho. Cuentan los jóvenes en las esquinas, los maestros en clase, los hombres en el taller, los amigos alrededor de una cerveza o una comida, los pasajeros en el bus o en el tren de alta velocidad, las mujeres que lavan juntas en el río o las que comparten puesto en la oficina, o las que se acompañan al tocador, los abuelos y abuelas, los niños en el recreo (o en clase, a escondidas de la profe), los marineros, los emboladores, los peluqueros, los taxistas, los albañiles, los agricultores…

“Y hasta aquí nos trajo el viento… otro que cuente su cuento…”

El asunto es que hay unos que son “más graciosos que otros” y empiezan a ser reconocidos por su comunidad como ‘echadores de cuentos’, ‘cuenteros’ o ‘cuenta cuentos’. Entonces los invitan a las reuniones sociales y al acontecimiento que ofrece mejores condiciones para que la palabra fluya de manera espontánea y los oídos se dispongan a disfrutarla: el velorio.

Estos son los llamados narradores orales espontáneos o tradicionales, presentes generalmente en culturas agrarias, poblaciones pequeñas, o como decía un cuentero en Quibdó, “donde no ha llegado todavía la luz eléctrica”. Pero los hay también en la ciudad, y claro, cuentan sucesos citadinos. Algunos se han hecho contratar en colegios y universidades como profesores de historia, de filosofía o de literatura y desde allí realizan su práctica; otros se vuelven locutores de radio. Un grupo más reducido se dedica a contar historias en escenarios: los llamados narradores orales escénicos, y son los que se dedican de lleno al oficio de contar cuentos, se declaran artistas y de allí derivan su sustento. Es decir, ellos sí “viven del cuento”. Estos juglares contemporáneos provienen de diversas profesiones y casi todos tienen o han tenido un acercamiento con el teatro.

“Entro por el sano, salgo por el roto, y el que quiera venga y me cuente otro...”
Al depurarse el ejercicio artístico, empiezan a aparecer también la crítica y el debate. Al principio, en torno a la función social, luego sobre el rigor del desempeño y la técnica, y más recientemente acerca del estilo.
A partir de entonces se empiezan a reconocer diferentes vertientes y tipos de narradores: El narrador popular o narrador tradicional, generalmente de origen y temática rural, cuentos de tradición oral, mitos y leyendas. El narrador urbano o contemporáneo, generalmente actores o actrices, que recrean historias de barrio o relatos de la literatura universal. Como una derivación de estos está el narrador experimental, preferiblemente joven, que involucra objetos, textos no narrativos, juegos de palabras, danza, etc. El personaje narrador, un actor que encarna un personaje y cuenta su historia.

Cuento teatralizado, actor espontáneo o académico, que recrea con algunos elementos de utilería y escenografía la situación original de donde provienen el habla y las historias contadas. También hay otra modalidad y es la de la narración en grupo, ejecutada de diversa manera, en voces alternadas o en voces simultáneas sobre un mismo texto… y así, el repertorio podría continuar ad infinitum, como el cuento del gallo capón. El Festival Internacional de Cuenteros El Caribe Cuenta llega en el 2013 a su décima sexta edición… y es una excelente oportunidad para corroborar todo este cuento. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

Por Manuel Sánchez
Director escénico

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