EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/129111
Latitud 03 de Noviembre de 2013

Quien escribe debe leer la vida misma: Fadir Delgado

El usuario es:

Foto: Jésus Rico

Para Fadir, la poesía es una apuesta a vernos a la cara como lo que somos.

Para una mujer que siempre ha vivido en una casa de hierro, la poesía es la mejor arma para forjar el duro metal de sus días. Hablamos de un lugar para ella casi místico, hablamos de la  poeta Fadir Delgado.

Es un antiguo caserón con un inmenso patio que servía de taller de reparación de asombrosas hélices de barco, un patio donde las hormigas coloradas devoraban las hojas sin descanso, “el sitio de su recreo”, como diría el cantante español Antonio Vega.

Allí cada artefacto de metal, cada pequeño animal de estación, cada hoja coloreada de otoño convierte el tiempo en metáfora, en verso, en implacable imagen gestada dentro del óxido del tiempo acumulado.

La poesía de Fadir Delgado parece reptar por cada rincón de su casa, parece salir de los oscuros interiores hacia la luz para luego atravesar la ciudad y alimentarse de ella. Entonces la escritora vuelve a su oficio y revela esa ciudad desolada atravesada por autobuses sin alma, retrata el odio, el hastío de una época donde la humanidad parece agonizar como un cardumen de peces enfermos a las orillas de las oficinas públicas, de los bancos, de las iglesias.

De estas cosas habla su más reciente poemario, El último gesto del pez, un libro que pretende reflejar lo que es hoy en día la escritora. Pero, ¿quién es Fadir Delgado?, ¿quién habita debajo de esa   mujer cuyo rostro parece el de una niña de almanaque? Entramos a su mundo, a su latitud, y nos habló de poesía, gestión cultural y hasta de las calumnias de las que fue víctima por anónimos enemigos virtuales.

Como gestora cultural lleva cinco años de fructífera  experiencia. Luego de más de una década, el Café el aire libre sigue siendo un espacio para músicos, escritores, fotógrafos, gente del teatro y  soñadores.

Allí, año tras año, esos protagonistas tienen la oportunidad de compartir con el público sus saberes en un evento público gratuito. Otro espacio dirigido por su Fundación Casa de Hierro es Poetas bajo palabra, donde mes a mes son invitados poetas de todos lados del Caribe y el mundo para que hagan recitales en espacios tradicionales de la ciudad y en las cárceles del Distrito, para que los que están privados de la libertad puedan volar con las alas de las palabras, como lo afirma Fadir.

Una escritora de ciudad. Después de servirse una copa de vino, y justo un día antes de que se llevara a cabo el undécimo Café al aire libre, Fadir dice, para iniciar esta conversación: yo soy una escritora de ciudad.

Fadir no oculta su ansiedad ante el evento que se venía encima. Por un momento deja las cosas quietas mientras siguen trabajando por la misma causa su mamá, la escritora Fabiola Acosta y su hermana Faleimy Delgado, encargada de la parte administrativa.

¿Se considera un ícono dentro de la actual poesía hecha por mujeres en el Caribe colombiano?

Ícono, esa palabra me resulta extraña y asfixiante. Yo solo escribo. No pretendo nada. Además, para mí solo existe la poesía; la poesía no tiene sexo, existen simplemente diferentes formas de mirar. Es muy aburrido pensar que la mujer debe escribir de una manera y el hombre de otra. Dos mujeres pueden pensar diferente y tener interpretaciones distintas de su realidad, como puede pasar también con los hombres. No es cuestión de sexos, es cuestión de experiencia, creo que la gente escribe a partir de sus experiencias. La poesía es una apuesta a vernos a la cara como lo que somos.

En este punto queda en evidencia que la escritora tiene clara que la poesía es su vida, la vive, la respira. La poesía la ha llevado a festivales en París, Canadá, Venezuela, Perú, entre otros lugares, reafirmando eso de ser una autora de ciudad.

“La escritura con la cual convivo o intento hacerlo toma la ciudad como hecho poético, intenta  traspasar esas realidades pequeñas que configuran la otra realidad que nos abarca y nos consume. Intenta desentrañar el espíritu sensible de los objetos y de los espacios que la habitan”, afirma la autora, no sin antes aclarar que no solo se refiere a la ciudad como un lugar físico, o como un compendio de arquitecturas permanentes que pretenden definir al individuo: “Mi trabajo creativo es una forma de gritar la ciudad, no solamente esa que relacionamos con un espacio geográfico, también intento abrir todas aquellas ciudades que llevamos tejidas o adheridas al cuerpo; ciudades de luz, de objetos perdidos, ciudades fantasmas o sombrías”.

¿Con eso podría decirse entonces que usted es una intérprete de eso que llama la ciudad?

Considero que el escritor debe ser un lector de todo lo que circunda el universo; un lector de eso que no se ve a simple vista, pero que respira y hace parte de nosotros. No somos lectores solamente cuando abrimos un libro. Quien escribe debe leer la vida misma, debe leer el detalle más mínimo de lo que circunda.

Calumnias e infamias

Con la misma seriedad con que la escritora asume su papel como narradora de su tiempo, así defiende a capa y espada su labor como gestora cultural, asunto que le ha traído sinsabores últimamente, cuando fue víctima de señalamientos que la involucraban con hechos delictivos y hasta un supuesto encarcelamiento.

“Lo que hago desde la gestión cultural con la Fundación Casa de Hierro es otra manera de escribir, es como realizar un texto. Es un camino desconocido, no sabes con lo que te vas a encontrar. Así es la literatura, así es la gestión cultural, así es la vida. Hay una incertidumbre constante”, dice Fadir.

Hablando de incertidumbres, ¿de qué se trató el asunto de difamación y quién cree que pueda estar detrás de ello?

Fue un hecho absurdo, producto de alguna mente desquiciada y enferma. Un 13 de agosto me entero por vía telefónica que habían enviado un correo sobre mí al Festival Internacional de Poesía de Maracaibo. El representante del evento me dice que recibieron a través de un correo anónimo una supuesta copia de un proceso judicial en mi contra. Me reí, le dije que dejara la broma. Ese correo iba con una carta del anónimo en donde prevenía a los organizadores del festival del peligro que corría la imagen del evento si decidía insistir con mi presencia en el mismo. Jamás pensé que podía ser víctima de algo así. Fue un hecho macabro, sentí rabia y dolor al mismo tiempo. De inmediato interpuse la denuncia ante la Fiscalía General de la Nación por calumnia.

Pero no era la primera vez que era víctima de alguna persecución.

No, antes de esto habían hackeado mis redes sociales y mis correos electrónicos, pero hasta allí todo era un caso que le puede suceder a cualquiera, recuperé mis cuentas y asunto solucionado, pero llegar a extremos de perversidad, de ponerse a redactar o falsificar un documento público, en este caso un proceso judicial, y tomarse el tiempo de intervenirlo y cambiarle nombres parece extraído de cualquier historia macabra de un sicópata suelto.

¿Llegó a sentir temor?

En ese momento todo lo manejé con mi familia. Luego, a la semana siguiente me informan que ese mismo correo llegó a una institución cultural con la cual tengo un vínculo contractual en estos momentos. Entonces decido hacerlo público, pues el enemigo encubierto daba muestras de que estaba empecinado en enviar esa información falsa a todas las instituciones con las cuales tengo relaciones literarias y laborales. En medio de todo este agrio episodio, la respuesta de la gente, tanto cercana como desconocida, fue impresionante. Me rodearon con palabras y con un halo de apoyo asombroso.

¿En manos de quién está el caso en estos momentos?

Ahora la denuncia está a cargo de la Fiscalía 28  de Barranquilla, y me enfrento a la otra parte de la historia, pues me toca esperar los procedimientos un poco lentos de la justicia colombiana, pero confío en que todo llegará a un positivo resultado y que podré saber quién fue el culpable de semejante atrocidad hacia mí. No sé quién pudo haber sido, solo sé que tiene que ser una persona enferma y algo desocupada, y con ganas de hacerme mucho daño.
Para cambiar el mundo. 

La autora agota su vino. Reitera que el asunto de la difamación logró afectarla anímicamente, pero no le quitó fuerzas para seguir trabajando, para seguir creyendo en la labor titánica de sembrar cultura en medio de la canícula. Cree en el arte, cree que la literatura, que las palabras pueden cambiar si no el mundo, sí ciertas cosas no muy gratas en él.

“Considero que hay un movimiento muy importante, caras nuevas que se plantean otras búsquedas y necesidades creativas. Algunos lo toman en serio, otros toman la escritura poética muchas veces como una pose. Estamos en un tiempo en donde todo tiende a banalizarse y lamentablemente la literatura no ha escapado de eso. Pero al final lo que se escribe tiene su propia voz y vida, y por lo tanto tendrá la última palabra”, dice Fadir Delgado, que se levanta y se diluye de la terraza hacia el pasillo para continuar trabajando en su enigmática casa de hierro.

Por John Better
@turbajackson

Etiquetas

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
Más de revistas