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Latitud 06 de Marzo de 2016

Piel y cerebro

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¿Por qué hablar de violencia solo contra mujeres? ¿O acaso la violencia contra hombres, niños, ancianos, animales y hasta con el medio ambiente no es violencia? ¿O es menos condenable?

Carmen Amelia Pinto
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Las estadísticas no mienten. La historia de la humanidad ha estado marcada por la violencia. La guerra de Troya, la guerra de las tribus de Israel, las Cruzadas, la Inquisición, las guerras mundiales, las guerras civiles en Colombia y en otros países, el terrorismo actual y las pandillas o la delincuencia común. Utilizando las matemáticas de todas ellas, sabemos que han muerto más hombres que mujeres, y estas cifras no parecen bajar.

Tristemente, las féminas ostentan dos títulos de violencia: el del primer y el de mayor asesino en serie. La primera, Locusta (Roma, años 30 a 60 de nuestra era), asesina de los emperadores Claudio y Británico; y la mayor asesina, la emperatriz húngara Erzsébet Báthory (1560 – 1614), que aparece en el récord Guinness con 630 muertes comprobadas.

Y en nuestros tiempos, cada día se incrementa el número de mujeres delincuentes, integrantes de mafias o de grupos terroristas. O las que, utilizando sus atractivos físicos, engañan a los hombres para robarles. ¿A esas tampoco se les puede tocar ni con el pétalo de una rosa? Esa campaña debería ser específica, más explicativa. Incluso, se ha descubierto que hasta en la violencia intrafamiliar hay mucho fraude. Mujeres golpeadas que deman- dan y muestran sus rostros amoratados por todos los medios de comunicación, como un trofeo; luego, regresan con sus parejas, simplemente porque son ellas las que no son capaces de vivir sin ellos.

O, como lo explica la sicoterapeuta caleña María Cecilia Betancur en su libro Estoy encantado de haberme conocido, a muchas mujeres les falta autoestima, y piensan más en las cosas negativas que tienen, como odios, rencores, frustraciones, y esto las hace débiles. Asimismo, según estudio del PIB (El Tiempo, nov. 25 de 2015), solo el 14% de las mujeres afectadas por violencia de parejas denuncia; y el 40% cree justos los golpes que reciben.

Entonces, ¿por qué hablar de violencia solo contra mujeres? ¿O acaso la violencia contra hombres, niños, ancianos, animales y hasta con el medio ambiente no es violencia?, ¿o es menos condenable?

Es cierto, el género femenino es físicamente más débil, y por consiguiente, es más fácil atentar contra ellas. Pero hay otra realidad. Las damas, en su afán por ser iguales a los hombres, los han imitado, pero en los malos ejemplos: drogadicción, prostitución, infidelidad, borracheras y desobediencia con sus progenitores; esto, porque es lo más fácil. Pero, ¿por qué las mujeres, en términos generales, no han superado o alcanzado a los hombres en ciencia, astronomía, tecnología, arte, e incluso, en literatura? Hay avances, pero muy pocos, en estas áreas, que siguen dominando los hombres. En Colombia se destacan las jóvenes científicas Adriana Ocampo Uria, de Barranquilla, y Diana Trujillo Pomerantz, de Cali, quienes trabajan en la Nasa. La primera como geóloga planetaria en el área de astronomía, y la segunda, en el laboratorio de propulsión a chorro, pero escasamente conocidas por sus compatriotas.

Hasta el 2015, de 201 premios Nobel de Física, hay 199 hombres y 2 mujeres. De los 210 premios Nobel de Medicina, 202 han sido para los hombres y 8 para mujeres. Los Nobel de Química están repartidos en 167 para los hombres y 4 para mujeres. 75 hombres han obtenido el Premio Nobel de Economía, y una sola mujer. Y en los Nobel de Literatura, donde ha habido, durante todos los tiempos, muy buenas escritoras, 14 han sido otorgados a mujeres y 98 a hombres. Como vemos, las cifras son elocuentes.

En cambio, en el rubro de modelos, actrices porno, bailarinas, ‘damas de compañía’ o exhibicionistas, el número de mujeres es, en un alto porcentaje, superior al de los hombres. Hay muchos establecimientos comerciales, de venta de comidas y bebidas, y de lavado de carros, en todo el mundo occidental, atendido por mujeres en ropa interior; entre ellos el Bikini Bean, Café con Piernas, lavados Air Was.

Aunque hay que resaltar el incremento de mujeres profesionales, en las universidades hay más damas que caballeros, y esto va en aumento, pero paradójicamente, entre más títulos alcanzan, menos posibilidades tienen de encontrar parejas, como lo cuenta el periodista Jon Birner (revista Semana, edición 1740).

Las mujeres exigen respeto, que no sean tocadas ni con el pétalo de una rosa. Pero, para tener derechos hay que cumplir deberes. La degeneración femenina cada día es más aberrante. La prostitución y el consumo de alcohol y drogas en las adolescentes se salen de los datos estadísticos. Para un hombre serio es difícil encontrar una mujer, joven y seria, para formar un hogar. Porque la consigna es: si él toma, yo también; si él es infiel, yo también; si él sale y abandona a los hijos, yo también. ¿Por qué no dicen lo mismo en el caso contrario, en el aspecto de la inteligencia?: si de cien científicos hay 98 hombres y solo dos mujeres, yo voy a ser científica; si de los miles de inventos que existen en la humanidad, solo el 1% ha sido patentado por mujeres, yo voy a inventar algo nuevo que quede para la posteridad.

Vemos que la mujer es más manipulable. Los comerciales con mujeres semidesnudas son el pan de cada día, o los bailes modernos, todos son con mujeres ligeras de ropa, o casi sin ninguna ropa; mientras la mayoría de los hombres van vestidos adecuadamente. En la calle, niñas, jóvenes y hasta adultas llevan atuendos que muestran más de lo que tapan; los reinados, que en Colombia pasan de 1.000, cada vez exhiben a las mujeres más desnudas; y ya los han extendido a las bebés y a las niñas en colegios y barrios; el negocio de la pornografía, tanto en videos, revistas y cabarets, ha estado, casi siempre, dominado por mujeres. Mucha piel, poco cerebro.

Está comprobado que la mujer es más indecisa a la hora de comprar y de tomar una determinación empresarial. Va al centro comercial a comprar lo que vea o lo que le parezca bonito. El hombre va a comprar lo que necesita o lo que ya ha pensado comprar. Si no me creen, hagan la encuesta en los almacenes. O busquen en internet los videos, bien documentados, de la psicóloga chilena Pilar Sordo, especialmente “¿Por qué las mujeres son inconformes?” O el video “¿Has oído hablar del feminismo?”, de Lauren Southern. También lo menciona Margarita Rosa de Francisco, en su columna “Hombres, mis respetos” (El Tiempo, 28 de octubre de 2015).

Soy mujer y rechazo la violencia. Pero no solo la violencia contra las mujeres. Rechazo todo lo que se viste de dolor, de humillación, de racismo, de injusticia, de desigualdad. Creer que solo se debe condenar a quien se alza contra las mujeres, es creer que en las cárceles deben estar solo los hombres. Porque, según esta concepción, estamos casi creyendo que los hombres son malos y las mujeres son buenas.

Despertemos, la violencia es una y única, es todo lo que vulnera tu vida, tus derechos, tu personalidad. La palabra es femenina, pero es igual para todos. No creamos que todas las mujeres son víctimas y todos los hombres son victimarios. Cada caso es único y concreto y debe estudiarse y condenarse por el delito cometido, no por el género, femenino o masculino, que lo cometió o lo padeció.

El acoso sexual se da en los dos géneros, pero a las mujeres es más fácil denunciarlo, porque les creen. Pero el acoso de ellas hacia ellos va cada día en aumento, y para los varones es más difícil denunciarlo; por miedo, pena, o por la condición interior de sentirse menos hombre. En las instituciones educativas muchas alumnas acosan a los profesores, esto se sabe pero se calla. En el caso contrario, profesores contra alumnas, sí se disparan las alarmas.

En los asuntos del lenguaje creen que cambiando las palabras, masculino y femenino, obtienen un triunfo sobre el machismo: niños y niñas, líder y lidereza, colombianos y colombianas, escritores y escritoras, aprendices y aprendizas, concejales y concejalas, todos y todas, ¡qué estupidez! Si varios de los oficios más varoniles se designan con palabras femeninas: futbolista, ciclista, atleta, tenista, beisbolista, jazzista, pianista, artista, poeta, ebanista, caricaturista, taxista; y, que yo sepa, ellos no se han puesto a cambiar esas palabras: futbolisto, tenisto, caricaturisto, artisto, atleto, ebanisto, taxisto, poeto.

Estoy contra la violencia, y todos deberíamos estar contra la violencia, en cualquiera de las formas, en cualquiera de los géneros. Hombres, alcen la voz. Mujeres, busquemos la igualdad, pero la igualdad en lo positivo, no en lo negativo. Las invito a cubrir más la piel y a destapar más el cerebro.


*Gestora cultural, ensayista y narradora nacida en Cereté. Miembro del Grupo Literario El Túnel, de Montería. Autora del libro de relatos ‘Cuentos para comenzar la noche’. En 2013 obtuvo el premio nacional de cuento Generación, del periódico ‘El Colombiano’, de Medellín.
 

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