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Latitud 08 de Octubre de 2011

Pensar no es solo pensar

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¿Por qué enseñar a pensar? No hay duda de que las necesidades del siglo XXI exigen enseñar a pensar. Estamos en un mundo cambiante que cada día recibe mayores retos que atentan contra la supervivencia del ser humano. Para poder responder a estos retos exitosamente, es necesario que enseñemos a pensar a los estudiantes desde temprana edad, con el fin de que contribuyan a mejorar la sociedad.

Actualmente, los avances en el conocimiento y la tecnología son alarmantes. Lo que aprendemos ya es obsoleto minutos más tarde. En el siglo pasado, los estudiantes se graduaban de bachilleres con el 75% de la información que iban a adquirir el resto de sus vidas.

En la actualidad, los estudiantes se gradúan con el 2% de la información que van a adquirir el resto de la vida. ¿Cómo van a adquirir estos conocimientos los estudiantes si el 98% de lo que van a aprender lo van a hacer cuando estén fuera de los colegios? Estos hechos exigen un cambio en la forma como enseñamos y en aquello que enseñamos.

Es apenas lógico pensar que necesitamos brindar herramientas a nuestros estudiantes, para que aprendan a aprender y a aprendan a pensar. Igualmente, es indiscutible que el conocimiento es necesario, ya que no podemos pensar sobre lo que no sabemos. Por otra parte, debemos aceptar que estamos educando a otra generación.

Los estudiantes de hoy, en colegios y universidades, nacieron en un momento diferente. Este año ingresa a la universidad la primera generación de jóvenes nacidos, criados y educados en la era digital. No hay duda de que esto nos exige modificar las formas tradicionales de enseñar y aprender. Los jóvenes y los niños de hoy aprenden de manera diferente, y esto hay que valorarlo, respetarlo y ¡facilitarlo!

Los lineamientos de aprendizaje nacionales e internacionales indican que el progreso de la sociedad requiere, no solo de individuos que recuerden lo aprendido, sino de ciudadanos críticos, capaces de analizar la información y realizar escogencias responsables. De hecho, las teorías de aprendizaje han demostrado que los estudiantes no recuerdan mucho lo que aprenden de clases magistrales. El aprendizaje complejo surge como resultado de aprender haciendo, con significado, y de enfrentar conflictos cognitivos.

El mundo globalizado de hoy exige de una educación que se enfoque en el desarrollo conceptual, del pensamiento creativo, de la resolución de problemas y de la formulación y comunicación de argumentos. En esta misma línea, los estándares de evaluación exigen un cambio en las pruebas, de las que evalúan la memorización de datos, a las evaluaciones auténticas, de desempeños articulados a las actividades de aprendizaje. Los resultados deficientes de los estudiantes en pruebas que exigen pensar y resolver problemas son evidencia de que muchos docentes tienen un dominio limitado de las herramientas para enseñar a pensar y para evaluar el pensamiento.

Hoy, los procesos educativos se llevan a cabo en una variedad de contextos donde se brinda educación informal y/ o formal.  Entre otros, encontramos los hogares, jardines infantiles, colegios, universidades, así como los contextos de trabajo. Cada día se encuentra mayor efectividad en la formación de individuos en el sitio de trabajo, en competencias laborales particulares. Así, un alto número de personas hoy día ejerce la función de educar. La mayoría de los agentes educativos de hoy fuimos formados en escuelas tradicionales que propiciaban las prácticas tradicionales fundamentadas en la transmisión de conocimientos.

Los lineamientos curriculares de educación, aun cuando lo solicitan, no brindan las estrategias necesarias para que el profesor pueda diseñar clases para pensar. Necesitamos herramientas claras y efectivas que faciliten el cambio en  la forma como enseñamos a nuestros hijos, estudiantes, y trabajadores. Para dar respuesta a la necesidad de asegurar la formación de individuos con las competencias necesarias para contribuir al desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación, surge, entonces, ‘La clase para pensar’.

¿Cómo enseñar a pensar?

‘La clase para pensar’ se fundamenta en un trabajo investigativo extenso desarrollado en el contexto del grupo Cognición y Educación, del Instituto de Estudios en Educación de la Universidad del Norte. ‘La clase para pensar ’tiene como propósito facilitar a los docentes herramientas que propicien el desarrollo del corazón y de la mente, es decir, del estudiante en los aspectos espiritual, intelectual, social y físico, concomitante con el desarrollo del pensamiento. Este libro brinda estrategias para que los agentes educativos resalten el currículo de las instituciones en que laboran, tanto en los planes de formación, como durante la ejecución de estos.

En la obra ‘La clase para pensar’ se facilita una propuesta de enseñanza-aprendizaje fundamentada en teorías socio-constructivistas, socio-cognitivas, y socio-culturales del aprendizaje, con el propósito de brindar a la comunidad estrategias para validar ecológicamente ambientes de aprendizaje, desarrollar marcos conceptuales de aprendizaje, y diseñar procesos de enseñanza-aprendizaje orientados a fortalecer los procesos de resolución de problemas, pensamiento creativo, pensamiento crítico, comunicaciones, representaciones, conexiones y el razonamiento y prueba.

Se busca impactar en el agente educativo un cambio radical en sus creencias y conocimientos, de tal forma que sus prácticas faciliten la formación de seres buenos que contribuyan positivamente a la sociedad global, y a la preparación de estudiantes que respondan de forma óptima al mundo cambiante que enfrentan.

Por Luz Stella López

Ph.D. en Psicología Aplicada a la Educación
Profesora del Instituto de Estudios en Educación de la Universidad del Norte
Coordinadora Académica del Colegio Marymount de la ciudad de Barranquilla.
luz.lopez@marymountbq.edu.co

 

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