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Latitud 14 de Junio de 2015

Mitos del conflicto palestino

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El pasado 5 de junio se cumplieron 48 años de ocupación israelí en Palestina. En 1967 comenzó la Guerra de los Seis Días entre Israel y una coalición integrada por Egipto, Siria y Jordania, que concluyó con la ocupación de gran parte del territorio.

Víctor de Currea-Lugo, PhD @DeCurreaLugo
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Toda guerra tiene cosas comunes con otros conflictos, pero también sus particularidades, y eso sucede en el caso palestino:

1 La cronicidad del conflicto, un conflicto crónico hace que la población pierda el límite entre lo usual y lo normal. Así, las demandas inmediatas se mezclan con las necesidades de desarrollo acumuladas.

2 Las partes del conflicto no parecieran ser partes armadas, como lo definen los Convenios de Ginebra, sino sociedades enfrentadas. Esto hace que la frontera entre combatiente y persona civil sea frágil y maquiavélicamente negada, contribuyendo a las dificultades de acceso a las víctimas y al deterioro general de la situación.

Tal percepción es inexacta pues el conflicto sucede, principalmente y de manera resumida, entre un pueblo ocupado y un ejército ocupante. En otras palabras, la naturaleza del conflicto es esencialmente la de una ocupación donde hay grupos de resistencia identificados e identificables, y, por tanto, se puede hacer la distinción entre civiles y combatientes, si se quiere hacer.

3 El antisemitismo como tema. Además de la complejidad de querer ver el conflicto solo como dos sociedades enfrentadas, una de ellas tiene cierto velo de protección nacido de su condición de víctima durante la Segunda Guerra Mundial: el pueblo judío. Resulta curioso que la expresión “antisemitismo” olvida que los palestinos también son semitas.

Esta característica no existe en otro conflicto y cualquier crítica hecha a Israel es asumida como una postura antisemita. Por ejemplo, mi experiencia en una serie de conferencias sobre el muro en diferentes ciudades de Holanda, casi siempre se mencionó el genocidio nazi como un atenuante a la hora de evaluar el comportamiento israelí contra los palestinos. Es importante recordar que hay una gran diferencia entre antisionismo y antisemitismo; siendo el sionismo una forma de racismo es incompatible por definición con los derechos humanos, tal como lo definió Naciones Unidas.

4 La impunidad. A diferencia de algunos conflictos donde la llamada comunidad internacional trabaja en su solución, en el caso palestino el conflicto fue creado en parte por las Naciones Unidas como consecuencia del manejo dado al Oriente Medio tras la disolución del Imperio otomano y a la forma como ha sido manejada la formación de un Estado palestino; a esto se agrega la lista de resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General violadas por Israel. Además, la actitud de Estados Unidos y su poder de veto en el Consejo de Seguridad hace que las posibles medidas para modificar las condiciones de los palestinos no sean realmente exigidas a Israel.

5 El contraste de poderes y de sociedades. Estamos ante un conflicto que compromete a dos sociedades, siendo una típica del primer mundo y otra con niveles de vida del tercer mundo. Como dijo John Ziegler en las Naciones Unidas: “(Palestina) es un pueblo con hambre viviendo en una tierra fértil”. La FAO acepta que el problema no es la disponibilidad de alimentos sino el acceso a ellos como consecuencia de las medidas israelíes de control. Las sociedades en conflicto no son política, jurídica, militar ni económicamente comparables.

6 El mito del judío como “eternamente víctima” sumado a la figura del árabe como “terrorista”, especialmente después del 11 de septiembre de 2001. Estas imágenes, apoyadas en los medios de comunicación y la deformación de la historia hacen que cualquier debate sobre el conflicto palestino se contamine con prejuicios. Además, se asume que los judíos son modernos y los árabes premodernos; especialmente cuando se intenta hacer creer que modernidad es lo mismo que Occidente, y a pesar de esta muy documentada realidad, la presentación del conflicto como un problema de “terrorismo” se alimenta de un excelente manejo publicitario.

 

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