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Latitud 30 de Abril de 2017

Maelo, el incomprendido

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Una evocación del ‘Brujo de Borinquen’, el músico que hace 30 años se llevó su son para otra dimensión.

Por Rafael Bassi Labarrera
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Yo traigo un sabor a playa en este cuerpo
y un sabor a coco que me quema
una canción nocturna en mi garganta
manchas de plátano corren por mis venas

Traigo un rumor de olas en mis orejas
y ecos de tambores que arrebatan
un dolor de tristeza en mi sonrisa
tengo la piel morena y me encanta
y por eso yo

Traigo puestas en mi cintura
Ritmo de amor y en mis manos
lindas maracas alegres de un rico
seis borincano.

‘Seis de Borinquen’, Ismael Rivera

Retirado y marginado del ambiente salsero desde fines de los años setenta, los fervientes seguidores de Maelo siempre esperábamos el milagro de que su voz recupera su antigua potencia y reapareciera en el escenario con su arrollador tableteo de frases y melodías, entre coro y coro, con el que ya había revolucionado el cantar sonero de los años sesenta dejando ver una forma agresiva para entrarle al montuno y su capacidad de inspirar, cabalgando sobre el coro.

A Ismael Rivera lo conocí con mi pandilla de adolescencia una noche de luna llena en El Paraíso, desaparecida sala de cine con techo de estrellas del Barrio Abajo, cuando la sabrosura y sensualidad de la música de Rafael Cortijo y su Combo nos atrapó con la frescura y espontaneidad  marina que brotaba de la pantalla donde se proyectaba la película Calypso. Desde aquella mágica noche la voz de Maelo se convirtió en algo familiar a nuestros oídos y las pícaras e inteligentes frases de sus canciones en contundentes argumentos para resolver discusiones en medio del fragor de un partido de chequita o de una sesuda partida de damas en el sardinel de una esquina del barrio. Así, escuchando Quítate de la vía Perico, Maquinolandera, Severa, Con la punta del pie Teresa, El bombón de Elena, Las ingratitudes, o El chivo, aprendimos a quererlo como a ese hermano mayor que se las sabe todas y siempre aparece cuando lo necesitamos, acompañándonos con el bálsamo de su canto.

EL CIUDADANO DE LA CALLE CALMA

Ismael Rivera nació el 5 de octubre de 1931 en la Calle Calma de Santurce, en la capital de Puerto Rico, calle que lo vio crecer e iniciar su vida artística al lado de su amigo Rafael Cortijo. Al salir del colegio, ambos se iban a la playa y se dedicaban a tocar tambores y cantar plenas. En esas caminatas infantiles están los orígenes del sonido que en los años cincuenta se apoderó de todos los rincones caribeños, llenándolos de bombas y plenas. La sabrosura y sensualidad de la música de Rafael Cortijo atrapó a los seguidores de la música antillana y oxigenó el ambiente un poco saturado de tanta Sonora Matancera.

Ismael Rivera entró a los 17 años a la Orquesta Panamericana de Lito Peña, su primer hit fue la plena El charlatán, dando comienzo a la leyenda.

Encontramos en los archivos de prensa que el 28 de enero de 1954 se organizó el primer “vente tú” de lo que sería después el Combo de Rafael Cortijo. Este maravilloso grupo representó un rompimiento con el sonido demasiado blanco y limpio de las grandes orquestas boricuas de la época, irrumpiendo con una sonoridad más ágil y espontánea. En su momento de mayor esplendor el combo de Cortijo estuvo formado por Rafael Cortijo como director y timbalero, Martín Quiñones en las congas, Rafael Ithier en el piano, Miguel Cruz en el bajo, Héctor Santos y Eddie Pérez en los saxofones, Roy Rosario y Sammy Ayala en la percusión menor y coros, Roberto Roena en el bongó, y Rogelio Kito Vélez en los arreglos y trompeta. Lógicamente, el cantante era Ismael Rivera.

Fueron cinco años de éxitos en la televisión boricua de lunes a viernes en el Show del Mediodía, y en la taberna India de Reguerete y Floripondia los viernes en la noche. Auténticas joyas se deben encontrar en los archivos radiofónicos puertorriqueños, si se tiene en cuenta la originalidad y creatividad de los integrantes del Combo de Cortijo.

En el libro El entierro de Cortijo, su autor, Edgardo Rodríguez Juliá, afirma del Combo de Cortijo: «Cantidad y calidad, de eso se trata el genio y en ello la combinación de Cortijo como líder, Kito Vélez de arreglista y el Ismael Rivera sonero que jamás ha sido superada en la música popular puertorriqueña».

Lastimosamente el flujo jadeante y sudoroso de Ismael y Cortijo se vio abruptamente cortado por las trasgresiones sociales de los virtuosos artistas que disgregaron el grupo. Paradójicamente, eso mismo los condujo al umbral de la leyenda.

LOS CACHIMBOS

El retorno de Ismael Rivera, después de cumplir cinco años de prisión acusado del intento de homicidio de una mujer, fue muy duro a pesar del gran recibimiento que le hicieron miles de admiradores en el Aeropuerto de Isla Verde. Reinició su vida artística grabando dos discos, Bienvenido y Con todos los hierros, con la nueva agrupación de su compadre Rafael Cortijo. La situación en la Isla del Encanto no era buena para Maelo, los señalamientos de la élite social puertorriqueña, que nunca había visto bien a esos «negritos», descargaban toda la fuerza de la censura social sobre Maelo, quien entonces decidió radicarse en Nueva York. Su sociedad musical con Cortijo no funcionó en la Babel de Hierro ya que Rafael Cortijo no se adaptó y regresó a las playas de Santurce. Para esos días, Maelo grabó un disco extraordinario con Kako, titulado Lo último en la avenida, que incluye una magnífica versión de El cumbanchero y su jacarandoso Entierro a la moda.

Ya en los años setenta, cuando se inicia el boom de la salsa, Ismael Rivera conforma su propia banda, Los Cachimbos. Deja a un lado los ritmos boricuas que lo hicieron famoso con Cortijo y se lanza con todos los hierros al son. Con la dirección musical del veterano pianista cubano Javier Vázquez y una pequeña banda conformada por trompeta, saxo alto y trombón, además de piano, bajo, congas, bongó y timbal, Ismael Rivera con sus Cachimbos realizó notables grabaciones, con discos en los que no se encontraban temas de relleno. Vale la pena señalar que los músicos colombianos Justo Almario y Joe Madrid trabajaron en diferentes ocasiones con los Cachimbos de Ismael Rivera.

Convertido nuevamente en ídolo, Rivera encontró una forma honesta de identificarse con su público. Investigando con lo nuevo y rebuscando en el repertorio de compositores como Pedro Flores y Rafael Hernández, que junto a Bobby Capó y Tite Curet Alonso fueron sus autores preferidos, alcanzó a consolidar uno de los repertorios más respetables de la salsa.

Comercialmente se aprovechó del título de Sonero Mayor que algunos dicen le diera Benny Moré, mientras otros señalan que fue puesto por un empresario neoyorquino. En su primer disco con Los Cachimbos se encuentra el tema El incomprendido, compuesto por Bobby Capó, expresamente para Maelo. En su larga lista de éxitos podemos destacar, de Pedro Flores: Orgullosa y Traigo de todo; de Rafael Hernández: El cumbanchero y El pañuelito; de Bobby Capó: Las tumbas y Sale el sol; de Tite Curet Alonso: De todas maneras rosas y Las caras lindas; de Henry Williams: El Nazareno.

El Sonero Mayor fue un rebelde, un desordenado, un irreverente, un hombre generoso que derrochó su canto, su arte y su sabiduría popular. En su afán por tranquilizar su volcánico espíritu se acercó a la religión, dejando para el patrimonio cultural popular del Caribe dos inolvidables clásicos: El Nazareno y El Mesías. Hay otra dimensión de Maelo, poco reivindicada en nuestro medio, su profundo sentimiento nacionalista que se expresa claramente en canciones como Profesión esperanza y La Perla, de Tite Curet Alonso, o en La llamaría Borinquen, de Bobby Capó, e incluso en composiciones propias como Lejos de ti y Borinquen.

Dentro de la mitología farandulera de la música tropical se relatan candentes enamoramientos de Maelo con algunas diosas de la música latina. Admirado y respetado por sus colegas, Ismael Rivera ha sido homenajeado en muchos discos.

Su fascinante personalidad lo convirtió en un símbolo popular y en motivo de inspiración no solo de sus colegas cantantes y compositores, sino también de intelectuales, melómanos e investigadores socio-musicales que se han sentido obligados a descargar su admiración por el Ciudadano de la Calle Calma en sabrosos libros. 

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