EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/136236
Latitud 13 de Diciembre de 2015

Los socios de ‘La víspera de Año Nuevo’

El usuario es:

Foto:

Édgar Caballero Elías

La autoría de la popular canción decembrina se ha debatido por años entre el hombre que la escribió y el intérprete que la inmortalizó. Aquí, un texto que media entre el uno y el otro.

La famosa canción del maestro Tobías Enrique Pumarejo, dada a conocer e inmortalizada por el gran Guillermo Buitrago, más que una grabación es una empresa fabulosa que ya cumplió más de medio siglo de vigencia y en la que muchísimas personas (por no decir todo el público) tienen acciones.

Esta obra fue compuesta por ‘don Toba’, como cariñosamente lo llamaron sus amigos y allegados, el 31 de diciembre de 1945, y la primera agrupación que realmente tocó este porro fue la exitosa orquesta argentina de Eduardo Armani, que lo interpretó como cualquier agrupación costeña y hasta mejor que muchas de la región. La canción no fue más de allí, no pegó, se quedó guardada en el baúl de los recuerdos del compositor, hasta el año 1947.

Quiso el destino y la suerte que la canción llegara a poder de El Jilguero de la Sierra Nevada –el gran Guillermo Buitrago, que en aquellos tiempos estaba en la cúspide de la popularidad y había sacado muchos cantos vallenatos que estaban condenados a quedarse en el anonimato– para darle proyección no solo en Colombia, sino en el plano internacional.

Por el tema que trata, por la importancia que recobra cada año y por el motivo de celebración que impone, la obra evidentemente es de todos los que cada año, en medio del bullicio de las sirenas y el chocar efusivo de las copas en brindis alegre, se desean toda suerte de venturas para el año venidero.

Pero, como en toda sociedad, es preciso establecer los socios mayoritarios y poder así discernir quiénes son los que cuentan, los que tienen la potestad para señalar senderos y trazar pautas, en una palabra: los verdaderos dueños, aún aceptando que la canción pertenece sentimentalmente... a todos.

Es el momento de quitarle a este asunto el aspecto enojoso de una polémica en torno a su verdadero autor, que nadie, a estas alturas, repito, niega que es don Tobías Enrique Pumarejo. Tampoco es cuestión comentar con torcidas intenciones que el fabuloso intérprete que la sacó del herrumbroso baúl del anonimato quiso en algún instante apropiarse de algo que no le pertenecía.

Simplemente, Guillermo Buitrago debe tener el mérito innegable de haberla convertido en éxito, perpetuando el recuerdo de su creativo, ‘don Toba’, y además, de abrir el camino para que otros compositores trabajaran por esa línea, que nunca antes había sido tomada en cuenta.

Y es que en realidad, antes de 1947, cuando sonó por vez primera en un disco del sello Discos Fuentes La víspera de Año Nuevo, nadie le había cantado a esta celebración, y los discos de diciembre (pocos, por cierto) se referían a la Nochebuena con sus estrellas plateadas, a la Navidad propiamente dicha con líricas que hablaban del pesebre, del portal de Belén, del Niño Dios, y otros cantos alusivos a la fecha clásica de la cristiandad.

¿Qué hacer si cuando se grabó y se produjo la etiqueta correspondiente, las directivas de la casa fonográfica determinaron roturarla a nombre de Buitrago, quizás porque don Toba, con todo y su grandeza, que nadie le desconoce, no era conocido en aquel momento? Más aún: siguió existiendo la confusión por mucho tiempo, porque nadie, absolutamente nadie, hizo reclamos en torno a esto, cuando 18 años después de grabada originalmente por Buitrago, la Orquesta Billo’s Caracas Boys, con el vocalista Cheo García, también fenecido, se ocupó de la canción, su autoría fue asignada no a Tobías Enrique, ni siquiera a Buitrago que la había grabado... sino al maestro José Barros.

Tampoco en esta oportunidad se produjeron reclamos por parte del legítimo e interesado autor, y, sin embargo, sí hubo interés para que Billo y su disquera cambiaran la asignación, registrándose en la segunda edición de ese volumen con Buitrago... como autor.

¿Por qué? Pienso que las partes consideraban que El Jilguero de la Sierra Nevada ya tenía acciones en la obra por haberla interpretado, por sacarla de la casa de lo desconocido y por haberle introducido ciertas reformas en la lírica y enriquecerla con una estrofa, esta sí totalmente suya.

Al respecto, Julio Bovea también grabó La víspera de Año Nuevo, pero no lo hizo secundando a Buitrago y con los Trovadores de Barú, para convertirse, motu proprio, en socio también.

En efecto, Bovea la grabó tiempo después con sus vallenatos, pero en la canción original, la que se convirtió en inmortal, no tuvo ningún título, porque, ni siquiera participó en dicho trabajo fonográfico, ya que cuando esta se hizo Bovea ya sonaba con su conjunto que había montado tolda aparte, y la grabación que estos vallenatos hicieron posteriormente no se homologa dentro de la empresa que estamos comentando. Solo se añade a la lista de intérpretes que la célebre canción tuvo posterior a la muerte de Buitrago, entre ellos Billo’s, el mismo Bovea, Willy Quintero, Alejo Durán, Aristo y su Conjunto, y otros más.

En la grabación de la canción original tomaron parte Guillermo el Mono Buitrago, Ángel el Negro Fontanilla y Carlos el Mocho Rubio, que fueron los que conformaron el verdadero y glorioso trío Guillermo Buitrago y sus Muchachos.

Además, estuvieron secundados por los Trovadores de Barú, agrupación fundada en el año 1946 e integrada por Juancho Esquivel Camargo, clarinetista momposino, nacido el 15 abril de 1926, el argentino Joaquín Mauricio Mora, Clímaco Sarmiento y Pedro Laza.

Para la grabación de la famosa canción, en el año de 1947, participaron: Juan Esquivel, clarinete y director; Simón Cabarcas, trompeta; José María Crissón, bajo; Fernando Porto, bongó; Carlos Gómez y Remberto Bru, coristas. Ese fue el grupo que grabó el famoso tema de Año Nuevo.

Pero sigamos. Casos se conocen en que un intérprete, por el hecho de haber logrado una versión exitosa de una página musical, ha sido socio de la misma, compartiendo con su legítimo autor no solo los favores de la popularidad, sino los beneficios de las regalías.

La también famosa Cumbia cienaguera, grabada por Luis Enrique Martínez y también asignada como de su autoría en Discos Fuentes, no solo no era de él sino que correspondía a una canción cuyo título original era La cama berrochona, y al final terminaron repartiéndose la autoría, ya no entre dos, sino entre tres acciones de 33 y 1/3 cada uno, así: Luis Enrique Martínez, arreglista e intérprete; Esteban Montaño, autor de la letra, y Andrés Paz Barros, su verdadero dueño, como autor de la melodía.

Decisión salomónica esta, puesta como ejemplo, como recuerdo de justicia.

Entonces, si esto sucedió con la Cumbia cienaguera, pues ¿cómo no podría hacerse lo mismo, y con muchísima más razón, con la La víspera de Año Nuevo?

Allá por el año 1969, la Billo’s Caracas Boys le grabó al desaparecido Cristóbal Sanjuán el tema Adiós Conchita, y diez años después Juan Piña y sus Muchachos hicieron un trabajo titulado El baile de Nicolasa, con la autoría señalada a Hugo González. La pieza era exactamente igual en su melodía, pero tema y letra diferente, y ante el reclamo del maestro Sanjuán la decisión que se tomó fue la de convertirlos en “socios”, otorgando el 50% de las acciones a Sanjuán y el otro 50% a González.

Aquí, para ser sinceros, debió incluirse al intérprete que había convertido en éxito la canción, tal como se hizo en el caso de la Cumbia cienaguera.

La extraordinaria interpretación que hizo Noel Petro en 1953 de Cabeza de hacha sobre un arreglo de Edmundo Arias a una vieja canción de Cristino Tapia, que habían interpretado Gardel y Razzano, hizo que Edmundo fuese señalado como beneficiario de un porcentaje de su autoría, al cual renunció el también difunto maestro Arias; pero nadie quita de la cabeza de mucha gente que el ‘dueño’ de ese éxito es ‘el Burro Mocho’, y no les falta razón a quienes así piensan, ya que la tal Tupungatina no hubiera vendido una sola placa si Edmundo no la arregla y si Noel no la canta con el título de Cabeza de hacha.

Entonces, ¿por qué el escándalo y el rasgarse las vestiduras, cuando se dice que Buitrago es, por lo menos, copropietario de La víspera de Año Nuevo?

Por supuesto que su autor, repito, es Tobías Enrique Pumarejo, gloriosa figura a quien nadie osaría restarle un ápice de méritos, pero quien esto escribe siente dolor de terruño cuando se quiere hacer aparecer a Buitrago como usurpador, cuando deberían razonar que si él no se ocupa de ese tema, se hubiera quedado dicha canción durmiendo en el sueño del olvido, en el baúl donde el maestro Tobías la tuvo tanto tiempo.

La voz incomparable de Guillermo Buitrago, su sentimiento, el sonido de su guitarra inimitable y todo el halo de misterio que pareció rodearlo desde el comienzo no han sido superados, y lo prueba el hecho de que todavía, medio siglo después, cada año suena de nuevo, y, como en el caso de Gardel, nos provoca decir que «Guillermo cada vez canta mejor».

Hoy sus protagonistas están ante el Supremo Juez, quien seguramente dará a cada uno lo justo, y nosotros acá, simples mortales que solo tenemos el minúsculo porcentaje de acciones que nos merecemos por oyentes y admiradores de los dos grandes, seguiremos pensando que a La víspera de Año Nuevo debe escribírsele un subtítulo que diga: Pumarejo y Buitrago, S.C. —Sociedad en Comandita, o Sociedad en el Cielo... si usted lo quiere.

¡Pero socios en todo caso!
 


En la foto, Guillermo Buitrago, conocido como El Jilquero de la Sierra Nevada. 


Tobías Enrique Pumarejo, ‘Don Toba’, compositor de canciones como ‘Callate corazón’.


De izquierda a derecha: Luis Enrique Martínez, ‘Don Tito’ y ‘Don Toba’ Pumarejo.


En la foto, Eduardo Armani, violinista y director de orquesta argentino. 


Noel Petro, ‘el Burro Mocho’, famoso por su versión de ‘Cabeza de hacha’.

Etiquetas

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
Más de revistas