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Latitud 22 de Junio de 2014

Los días del inicio de la Primera Guerra Mundial, en Barranquilla

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Fotografía de la Academia de Música del Atlántico, en 1914.

Adlai Stevenson Samper

En junio de 1914 el veranillo de San Juan soplaba con fuerza en Barranquilla. Quizás con sortilegios premonitorios que eran percibidos por la ciudadanía como asunto normal de la época y que mostraban en la prensa los rumores de guerra que se cocinaban en Europa. El día 17, una noticia aparecida en El Diario, cuyo editor era Adalberto del Castillo, señalaba escuetamente que “El Emperador de Alemania ha dicho que la paz de Europa da miedo. Teme que una gran revolución derribe los imperios y que las monarquías, urgidas de renovación, cedan el puesto a las repúblicas democráticas”.

En medio del trafago comercial portuario de una ciudad con 47.000 habitantes que domina el 42,7% de la carga nacional, es un referente lejano para tomárselo en serio. La vida prosigue a su ritmo agitado con espectáculos culturales: el teatro Cisneros presenta las obras El barbero de Sevilla y El Chauffer, con mediana acogida del público, mientras en el teatro Municipal se presentaba, con lleno completo, la Compañía Caralt con un amplio repertorio entre los que se incluía La corte del rey Octavo y Los dos pilletes.

Nadie decía nada en la prensa de la epidemia de peste bubónica a lo largo del río Magdalena y los puertos de Barranquilla y Cartagena, que obligaba a los barcos que atracaban acá a un severo proceso de cuarentena en otros puertos del mundo. Ni tampoco sobre la notoria escasez de terrenos urbanos por parte de unos cuantos ciudadanos, situación que habría propiciado la primera invasión urbana por parte de trabajares del río de la ciudad en los predios de la finca La Cueva de Montecristo, dando origen al actual barrio de ese mismo nombre. Ni qué la actividad sindical se consolidara con desde 1911 con los albañiles, los tipógrafos en 1913 y los braceros del río.

El afán de progreso en 1914 tapaba todo, pues el acueducto se extendía por toda la ciudad construyendo un tanque en donde hoy se encuentra la catedral María Reina, y la Electrificadora de Barranquilla levantó sus líneas de alta y baja tensión. Ese mismo año se funda la primera Normal, ubicada en la calle de Felicidad, y llega a Barranquilla, proveniente de Ciénaga, Ramón Vinyes, el Sabio Catalán, montando librerías, ejerciendo como editorialista de prensa y emprendiendo proyectos como el de la revista Voces, junto a José Félix Fuenmayor, Julio Enrique Blanco y otros. El 29 de junio se abre con una convocatoria pública la Academia de Música del Atlántico, dirigida por M. E. De la Hoz, en la casa de la presidenta del Centro Artístico, Clementina de Freud, en la calle del Real 8.

Alemanes en control

La colonia alemana era la más numerosa en la ciudad. Controlaban empresas, comercios y el sector del transporte, e incluso contaban con un club fundado en 1904. Tenían un pie en la ciudad y el corazón en la no tan lejana patria, pues solían reunirse con regularidad en algunos sitios de la ciudad para intercambiar ideas y promover negocios. Dice Franz Evers, mecánico de aviación de la Scadta, que “los alemanes formaban en Barranquilla una colonia bastante numerosa y unida. Existía en la calle del Divi Divi –actual Murillo– en la esquina del callejón del Rosario –actual Olaya Herrera–, una tienda-cantina de un cervecero alemán que se llamaba La Victoria, punto de reunión de muchos alemanes, referencia para los recién llegados, que podían inmediatamente entrar en relaciones con sus paisanos”.

La idea del montaje de una empresa de aviación venía desde 1912, cuando el aviador Smith trajo su máquina, volando en exhibición por toda la ciudad. Relata el periódico El Imparcial el 19 de junio de 1919 que este propósito se frustró porque “llegaban importantes noticias de la política europea. Luchas, huelgas y crímenes de Estado vislumbraban un panorama nada halagüeño. América y nuestro puerto sufrían serias consecuencias con esa situación. Los negocios iban decayendo sensiblemente. Y nadie, menos los comerciantes, iban a invertir sus ahorros en una empresa que no tenía inmediato porvenir comercial”.

Los crímenes de Estado que señala El Imparcial fue el detonante de la Primera Guerra Mundial, el asesinato del archiduque Francisco Fernando, el 28 de junio de 1914, en Sarajevo, en un complot en el que participaron varias organizaciones, entre ellas Mlada Bosnia (Joven Bosnia). A partir de este histórico suceso, las alianzas formaron dos bloques entre los que se contaba, por un lado Alemania y Austria-Hungría, y por otro, los aliados con Gran Bretaña, Francia, Rusia y otros. Desde 1907 el Reichstag alemán había dispuesto mayor presupuesto para las fuerzas armadas bajo una visión reflexiva del canciller Von Bulow: “la guerra con Gran Bretaña es una cercana posibilidad”. Así que cuando en 1914 estalla el conflicto, los alemanes han desarrollado una verdadera infraestructura de modernización y logística de su aparato militar a través de todo el mundo.

En Barranquilla, ciudad en donde los alemanes ejercían gran control, se percibieron algunos de estos movimientos minimizados por la prensa de la época. En el periódico El Diario, del 16 de junio de 1914, se anuncia que un destacamento de 150 marinos alemanes visita la ciudad “recorriendo las calles en completa formación militar”. El Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia le envía un telegrama al gobernador del Atlántico Pablo J. Bustillo: “Urgente. Bogotá. Gobernador, Barranquilla. El Excelentísimo señor Ministro Alemán acaba de avisarme por telegrama del cónsul alemán en esta ciudad, que soldados alemanes se encuentran en la ciudad para relevar la guarnición del crucero alemán Nürnberg llegando a Puerto Colombia. Ruégole prestarle facilidades. Urrutia”.

El Nürnberg era un crucero ligero clase Königsberg. Fue construido por el astillero Imperial, en Kiel, en 1908. El Nürnberg estaba armado con diez cañones de 105 milímetros (4,1 pulgadas), ocho cañones de 52 mm (2,0 pulgadas), y dos tubos de torpedo sumergidos de 450 mm. Su velocidad máxima era de 23,4 nudos. La comunicación del Ministro de Relaciones Exteriores indica que otro buque alemán, no determinado, traía 150 marinos de relevos, lo que completaría la cifra de 300 efectivos militares alemanes entre Puerto Colombia y Barranquilla.

Dos días después del asesinato de Francisco Fernando, la prensa de Barranquilla seguía minimizando esos graves acontecimientos saludando, el 30 de junio de 1914, la perspectiva de nuevas empresas e industrias que se creaban en esos días como la Compañía Azucarera Central Bolívar, cuya maquinaria la traería de Cuba el ingeniero Ruiseco, y que contaba con el poderoso músculo financiero de los grandes hacendados de las sabanas de Bolívar, encabezados por Arturo García –el mismo del famoso porro–, Adolfo Támara, Leónidas Arrázola, Olimpo del Valle y Tomás de la Torre.

Efectos de la Primera Guerra Mundial sobre Barranquilla

Si bien hubo alguna contracción económica en la ciudad, esta no fue dramática por un hecho nacional histórico previo. La Guerra de los Mil Días había represado capitales en todo el país que fluyeron hacia Barranquilla, que era el único espacio que mostraba mejores posibilidades de rendimiento. Síntoma de lo anterior es la fundación en 1916 de la Cámara de Comercio, el barrio El Prado, la Scadta, la construcción del edificio de La Aduana en 1919 y otras importantes empresas.

Para el historiador y escritor Milton Zambrano, hubo importantes aspectos que trajo aparejada esta guerra: “Primero, migrantes europeos llegaron a propósito de la guerra, sobre todo «migración empresarial». Lo segundo, hubo impacto en el comercio exterior, más que nada en las exportaciones cafeteras. Tercero: se reforzó la relación comercial con los Estados Unidos. Cuarto: se estimularon las condiciones para un desarrollo «hacia adentro», es decir, para el impulso de la industrialización y del mercado interno. No es gratuito que los años veinte sean de despegue industrial en varias ciudades colombianas, entre ellas Barranquilla”.

El aparente desinterés en Barranquilla por los pormenores del inicio de la Primera Guerra Mundial el 28 de junio de 1914 podría ser consecuencia de una visión de prosperidad que acallaba cualquier duda o suspicacias fundamentadas sobre el conflicto y sus influencias negativas sobre la ciudad. O un respeto por la presencia económica fuerte de la colonia alemana, nada desdeñable si nos atenemos a que en esas épocas floreció el contrabando y la logística a las naves de guerra que se metían por estos lares del Caribe, como fue el caso del Prince Wilhem, hundido por su tripulación en Puerto Colombia el 22 de abril de 1918, en los prolegómenos de la terminación de la Primera Guerra Mundial.

¿Coincidencia que barcos alemanes se encuentren en la ciudad al inicio y final de la Primera Guerra Mundial? ¿Que posteriormente, en la Segunda Guerra Mundial, la poderosa colonia alemana hiciese ceremonias nazis en clubes y colegios, tal como lo muestra el libro Colombia Nazi, de Silvia Galvis y Alberto Donadio? ¿O la leyenda urbana que señala a Adolfo Hitler deambulando en Barranquilla bajo otro ropaje, tras su salida de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, yendo todas las tardes al Club Alemán en la antigua Mansión de Mares, en El Prado, a tomar té, para después emprender un recorrido, llevado por su chofer y escolta en el flamante Mercedes Benz, por los burdeles cercanos del Cementerio?

Preguntas y respuestas vigentes que se llevan los vientos alisios y el veranillo de San Juan cien años después del inicio de la Primera Guerra Mundial.

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