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Latitud 26 de Octubre de 2013

La seducción artística femenina: Lou Andreas-Salomé

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De personalidad mágica, traviesa incansable  y amorosa, ojos azules profundos,   inteligencia deslumbrante e inquisitiva, nuestra cuarta protagonista en el ciclo de la mujer y las artes es la inspiración y el recurso de una de las obras más leídas, discutidas, amadas y odiadas,  referidas, pero también mal entendidas y flageladas en la historia de la poesía, arte y la música occidental: Lou Andreas-Salomé.

Gustav von Salomé llegaba a su casa, después del trabajo como general en la armada rusa, a ver a su pequeñuela. Casado tardío, logró bien utilizar su tiempo familiar en casa. Nuestro general hablaba alemán, francés y ruso, y de ascendencia hugonote, carácter fuerte, alto y musculoso, profesaba como muchos de los altos oficiales que el buen decoro, el arte, la música y la buena literatura eran esenciales para la buena vida. Pushkin, Lérmontov  y muchos de los grandes autores rusos eran regulares en su círculo de amigos. Su residencia era el centro de la tertulia, y esa gran mujer se formó desde sus recuerdos al lado de su padre, y con los hombres más inteligentes y poderosos de San Petersburgo.

Dejó escrito en sus memorias...  “Desde mi más temprana niñez, mi padre y yo estábamos atados el uno al otro con un cariño y ternura secreta...”

Y como si esto no fuese suficiente, sus  hermanos, todos hombres, la adoraban y la protegían.

Una noche nevada, oscura, fría, la muy joven Lou al llegar a un establecimiento toma nota de una pareja cubriéndose y cobijándose lo más cerca posible de la edificación. La pequeñuela los mira desgarradamente y los invita a que se acerquen. La pareja se mueve un poco. La dulce niña fija sus ojos en la pareja que con hielo y nieve afijada entre las pequeñas sinuosidades de sus caras lentamente se mueven hacia la entrada de la edificación. La niña implora a que ayuden con cobijas o que la dejen entrar a la edificación para que se calienten. No hay manera, y Lou, con su mente activa no deja de pensar en cómo ayudar.

El general Von Salomé se aseguró de que sus hijos tuviesen educación clásica y acceso a su herencia religiosa si deseaban. Lou, absorbida en el pensamiento de cómo ayudar a la pareja en nombre de Dios rogaba por la ayuda. Oídos sordos encontraron sus sentimientos, y al despertar en la mañana, Lou sale a ver cómo está la pareja y encuentra solo retazos de sus vestidos. ¿En dónde se encuentra Dios?, preguntaba Lou, que nadie quiso ayudar a estos señores. ¿Dónde está nuestro amor por el prójimo que tanto nos han enseñado?, se preguntaba. ¿Dónde esta Dios?… dijo adolorida la pequeñuela…

Con este episodio y un super ‘hombre héroe’ Lou Andreas-Salomé crece, continúa sus estudios clásicos y religiosos, y sale luego de la muerte de su padre, al mundo filosófico cultural europeo. Años después, y al haber conocido y pasado largos ratos en charlas filosóficas con Nietzche, el filósofo alemán escribe en su poema “Así habló Zaratustra” estas frases paralelas a la experiencia de la joven von Salomé:

Ay, ¿quieres bajar a tierra?
Ay, ¿quieres volver a arrastrar tú mismo tu cuerpo?
Zaratustra respondió: «Yo amo a los hombres».
¿Por qué, dijo el santo, me marché yo al bosque y a las soledades? ¿No fue acaso porque amaba demasiado a los hombres?
Ahora amo a Dios: a los hombres no los amo. El hombre es para mí una cosa demasiado imperfecta. El amor al hombre me mataría.
Zaratustra respondió: «¡Qué dije amor! Lo que yo llevo a los hombres es un regalo».
No les des nada, dijo el santo. Es mejor que les quites alguna cosa y que la lleves a cuestas junto con ellos –eso será lo que más bien les hará: ¡con tal de que te haga bien a ti!
¡Y si quieres darles algo, no les des más que una limosna, y deja que además la mendiguen!

Friedrich Nietzche y Lou Salomé se habían conocido en Italia cuando nuestra protagonista tenía unos 21 años de edad y él unos 38. El tema común, la filosofía y la religión. Lou, con su mirada profunda, atención sin distracción, inteligencia y percepción singular lo mantuvo al borde del enloquecimiento romántico. Aunque ella muy boca cerrada, y él encantado con su compañía y atención, pasaban tiempo en largas caminatas. Luego ella  insistía en estar fuera unos días. A cada regreso él más se agitaba y más la quería. A solas ella lo distraía y nunca accedió o se negó. Él le propuso matrimonio y como Ninon y Manuelita, pensando en la esclavitud de ser mujer de casa, se negaba. Ella entonces, como Manuelita, salía de su alcance nuevamente. Friedrich la llamaba, y ella regresaba y luego otro viaje, otra comida. Al final Nietzche rotundamente enamorado y lleno de energía  escribe Zaratustra con parte de las ideas discutidas con su Salomé en diarismos silábicos griegos, prosa alemana y la sensualidad apasionada de la energía que le dio su enamorada, todo en diez días. Ambos luego en el Monte Sacro toman una caminata y con la  diplomacia Salomé quedan de amigos.

Tan diplomática era Lou, que casó a los 31 años con Freidrich Carl Andreas, bajo la promesa de no tener relaciones íntimas sino netamente sociales. Lou escogió con quién tener su primera relación íntima. Inspiración de Paul Klee, pasión incesante de Rainer María Rilke, filósofa predilecta y amor platónico de Sigmund Freud, von Salomé sobrevivió cáncer de seno y problemas cardiacos. Con una imaginación sobre activa, Lou von Salomé legó a la mujer el derecho absoluto sobre su expresión femenina.
Frase de Lou: La mujer sensual se convierte en el punto de apoyo para el hombre, es decir la energía para realizarlo.

Por Roberto McCausland D.

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