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Latitud 23 de Marzo de 2014

La realidad de un conflicto

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Jorge Simán Abufele
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CAPíTULO 7
“Culpar a las víctimas ha sido el recurso común del culpable. De esta manera procura racionalizar y distorsionar el horror de su propio crimen”.

Hanan Asharawi, activista, académica y legisladora palestina.

“LOS PALESTINOS HABÍAN SALIDO DEL PAÍS POR SU PROPIA VOLUNTAD”, OTRO MITO SIONISTA QUE LA REALIDAD PULVERIZA.

Para el movimiento sionista “el retorno a la tierra de Israel” (Eretz Yisrael) está unido a su dogma ideológico, el cual reposa sobre un postulado simple: la posesión total de la Palestina histórica, expulsando sus habitantes autóctonos para realizar de esa forma en ella su utopía. El sionismo jamás ha deseado una convivencia en un Estado binacional pues su solo objetivo ha sido y es la creación de un Estado Judío. De ahí que olvidar este hecho fundamental impide la comprensión del conflicto palestino-israelí.

Es un hecho que poco después de votada la Resolución de Partición, la Haganah empezó a trabajar en la elaboración del plan que bautizaron con el nombre de Dalet (letra D en hebreo), cuyo objetivo era conquistar el territorio para el futuro Estado Judío. Su consigna estratégica consistía en “que ninguna colonia judía, situada fuera de los límites del Estado Sionista, definido por la Resolución de Partición de la ONU, sería abandonada o evacuada y que la Haganah haría cuanto estuviera a su alcance para organizar los hostigamientos de manera tal que toda aldea palestina que se resistiera a evacuar a sus habitantes sería destruida. Todas las aldeas árabes entre Tel Aviv y Jerusalén deben ser tomadas y todos los barrios palestinos de Jerusalén Este y Oeste y sus alrededores han de ser conquistados”. El Plan Dalet empezó a ejecutarse a partir de la primera semana de abril de 1948, cuando para entonces los sionistas lo aplican implementado por etapas cada vez más devastadoras, durante las primeras seis semanas y aun estando Palestina bajo la vigencia del Mandato Británico.

En su libro La limpieza étnica de Palestina, basado en documentos desclasificados, Ilan Pappé denuncia que desde el 10 de marzo de 1948 en el cuartel general de la Haganah (bandas armadas sionistas) se había adoptado el ya mencionado plan Dalet, cuyo objetivo era la “destrucción tanto de las áreas rurales como de las áreas urbanas de los palestinos” y, en vinculación con ese plan, los días 8 y 9 de mayo los sionistas lanzaron la operación Mabí (Macabeos) que apuntaba a permitirles a las fuerzas sionistas, primero ocupar y segundo borrar totalmente las aldeas palestinas de la llanura central entre las ciudades de Ramle y Latrun. Los días 11 y 12 de mayo, tomaron la ciudad de Safad, cuyos habitantes fueron expulsados no teniendo ellos alternativa distinta que huir a Siria y a El Líbano. La ciudad de Besan conoció la misma suerte el 9 de mayo y sus habitantes, forzados a salir, buscaron refugio en Jordania y Siria. Ese mismo día los sionistas lanzaron la operación Barak contra las aldeas del sur de Palestina, paralelas a la carretera que pasa por el Neguev, sus habitantes huyeron hacia Hebrón.

Hacia mayo de 1948 más de 300.000 palestinos habían sido expulsados de sus hogares y campos por ese terrorismo, no teniendo alternativa diferente que salir de su país víctimas del pánico que suele invadir a las poblaciones civiles vulnerables. Toda esa campaña de violencia física y mental enfermiza, la propaganda sionista ha querido hacerla creer como que los refugiados palestinos abandonaron su país por voluntad propia y/u obedeciendo las exhortaciones de sus dirigentes (El conflicto árabe-israelí: causas y efectos, Sami Hadawi, 1967).

Resulta evidente, haciendo un examen retrospectivo, que desde el comienzo de la invasión al territorio palestino, el sionismo sabía que al concebir la idea de establecer un Estado Judío en dichas tierras ajenas, no tenía otra alternativa que provocar la expulsión masiva de todos los habitantes de las áreas de las que iban a tomar posesión. Para el sionismo nunca hubo opción para que un Estado Judío que fuese “tan judío como Inglaterra es inglesa” pudiera ser implantado en Palestina sin violentar los derechos legítimos y básicos de sus habitantes.

Cuando el sionismo concibió la fábula de El retorno, Palestina no era una tierra sin pueblo como tampoco lo fue en 1948 cuando a sangre y fuego proclamaron de facto la “Independencia del Estado de Israel”; no sobre el 56% que le fue asignado por la Resolución de Partición sino sobre el 78% del territorio palestino. Para los fundadores del Estado Judío el dilema era que no podían respetar los derechos de los palestinos como nación y al mismo tiempo concretar su objetivo en Palestina, a la que el sionismo, a partir de los albores del siglo XX, bautizó como “Eretz Yisrael”. Para estos falsos profetas el Estado propio tenía que empezar por expulsar de sus hogares y sus tierras a los legítimos propietarios palestinos.
Adicionalmente a la variedad de medios terroristas que se utilizaron para lograr ese cometido, se estimaba que la forma más determinante para esa tarea de limpieza consistía en, además de expulsar a sus habitantes, destruir completamente sus aldeas, independientemente de que si esos habitantes habían participado o no en la resistencia y en los combates contra las fuerzas sionistas o si deseaban vivir en paz e igualdad con los judíos como le había sido prometido en la Declaración Balfour (El nacimiento de Israel: mitos y realidades, Simha Flapan, Editorial Pantheon, 1987).

Son diversos y numerosos los testimonios existentes que avalan el cruento proceder de las fuerzas invasoras que con su táctica de “tierra arrasada” fueron masacrando y desalojando a los nativos palestinos de sus heredades. Moshé Sharett, ex Primer Ministro de Israel, en su diario personal, de acuerdo con lo reseñado por el periódico judío Davar, el 9 de septiembre de 1979, declara lo siguiente: “En la ocupación del pueblo árabe de Dueima, en 1948, mataron entre 50 y 100 árabes, mujeres y niños incluidos. Para matar a sus niños, ellos fracturaron sus cabezas con palos. No había casas sin cadáveres. Metieron a los hombres y a las mujeres dentro de las casas y luego las dinamitaron”. En las ciudades de Lydda y Ramle, entre el 12 y 13 de julio, más de 50.000 de sus habitantes, a punta de fusil fueron llevados hacia las carreteras con órdenes de seguir marchando en dirección al este, so pena de ser ejecutados. (Crímenes de guerra, lo que debemos saber, Roy Gutman y David Reiff, 1999).

El sionismo, consciente que en su actuar incurrió en graves crímenes contra la humanidad, trata de adormecer la conciencia de los judíos y de confundir a la opinión pública del mundo entero, con base en falacias en la que son expertos con el único propósito, siniestro por cierto, por la desfachatez como lo presentan, de inventar otro de los tantos mitos que adornan su historia oficial y que su poderosa red propagandística se encarga de difundir profusamente. Su cinismo continúa con la falsedad que el éxodo de unos pocos palestinos rápidamente se convirtió en una fuga masiva y relata que de la noche a la mañana se despoblaron ciudades y aldeas mintiendo en esa fábula al afirmar que a menudo, la gente tenía tanta prisa que abandonaba objetos valiosos, no obstante ser de fácil transporte. Con el mismo cinismo afirma que algunos dirigentes judíos trataban de disuadir a los árabes palestinos para que se quedaran pero que estos ya habían recibido de la Liga Árabe la orden escueta de abandonar el territorio: “Tan pronto como se retiren los ingleses nos arrojaremos contra los judíos y los echaremos al mar. Necesitamos mucho espacio para nuestra campaña de aniquilamiento. Por el momento, conviene que ustedes se retiren a un lugar seguro. Ya habrá tiempo de volver como triunfadores a una Palestina que les pertenecerá por completo”. (David y Goliat, Ernst Horst, noviembre 1967).

La BBC de Londres (British Broadcasting Corporation) monitoreó todas las transmisiones radiales del Medio Oriente a lo largo y ancho del año 1948; los registros y otros procedimientos similares de una unidad de monitoreo estadounidense, que aún hoy día, pueden ser verificados en el British Museum, dan cuenta sin ninguna duda y confirman por lo tanto de manera fidedigna que durante todo el año de 1948 no hubo una sola orden, llamado, incitación o sugerencia para una evacuación de Palestina emitida por ninguna emisora o estación de radio árabe dentro o fuera de Palestina. En cambio, existen registros de repetidos llamados árabes, incluso de órdenes directas, a los civiles de Palestina para que permanecieran en su sitio (Erskine Childers, investigador británico citado por Sami Hadawi, en su libro “Cosecha Amarga”, 1967).

La tendenciosa y falsa argumentación sionista de que los árabes palestinos se habían marchado por su propia voluntad, ha venido siendo repetida tan frecuentemente, que hoy en la centuria XXI muchos judíos han terminado por creer semejante falta a la verdad histórica. Sobre este tema, un informe de las Naciones Unidas describe la situación de los habitantes palestinos así: “El terror que se extendió entre la población palestina fue un factor fundamental que influyó en los acontecimientos de ese país. Se tradujo en un éxodo masivo de refugiados hacia los países vecinos. El número de refugiados palestinos resultantes de esas hostilidades se calculó inicialmente en 726.000, es decir, la mitad de la población autóctona de Palestina. La afirmación de que tal éxodo fue alentado por los dirigentes árabes ha sido refutada en un informe de las Naciones Unidas en el que se señala que los refugiados, como resultado del conflicto existente en Palestina, o bien habían huido o habían sido expulsados de la región ocupada por los judíos… existe un número alarmante de personas desalojadas de sus hogares. El éxodo de estas personas se produjo como resultado del pánico sembrado por la lucha desarrollada en sus respectivas localidades y por los rumores relativos a actos de terrorismo reales o supuestos, o bien como resultado de la expulsión…” (“Orígenes y Evolución del Problema Palestino -Primera Parte- Terminación del Mandato”, publicado por las Naciones Unidas, 1990).

Por su parte, Giles Delueze (1925-1995), filósofo francés, refiriéndose a todos estos desafueros sionistas contra la autóctona población palestina, expresó: “Duele e indigna que quienes padecieron uno de los peores genocidios de la historia, se hayan convertido en verdugos del pueblo palestino; duele e indigna que la herencia del Holocausto sea la Nakba. E indigna, a secas, que el sionismo siga haciendo uso del chantaje del antisemitismo contra quienes se oponen a sus atropellos y a sus crímenes. Israel ha instrumentalizado e instrumentaliza, con descaro y vileza, la memoria de las víctimas y lo hace para actuar con total impunidad contra Palestina. De paso, no es ocioso precisar que el antisemitismo es una miseria occidental, europea, de la que no participaron los árabes. No olvidemos además, que es el pueblo palestino, este sí semita, el que ha venido y viene padeciendo una limpieza étnica practicada por el Estado colonialista de Israel”.

OPINIÓN DEL EDITOR

Por Hernando De la Rosa Anaya

‘Mitos y realidades del conflicto palestino-israelí’ es una magistral obra que no es resultado de una vivencia personal, pero sí está inspirada en ella. Tampoco es la solución al conflicto palestino-israelí, pero sí expone, con fundamentos serios, argumentos sólidos y hechos verídicos, que para poder comprender y solucionar este conflicto hay que quitarle el velo a la mentira para descubrir la verdad y así dejar a un lado aquellos mitos que han querido hacer creer por años a la humanidad.

Su autor, Jorge Simán Abufele, fuente inagotable de conocimiento e incansable defensor y luchador de una causa justa, vivió en carne propia el sufrimiento de tener que dejar, en pleno florecer de su infancia, la tierra que lo vio nacer, sus raíces, y con ello muchos sueños y esperanzas, para emprender un forzoso viaje hacia una tierra desconocida y hacia un futuro totalmente incierto, dejando atrás la ilusión de vivir una niñez feliz para afrontar la realidad de un conflicto cuyas dimensiones no lograba comprender en ese entonces.

Han sido muchos meses escribiendo de día y de noche, investigando, revisando una y otra vez el texto, buscando plasmar con la mayor claridad, precisión y veracidad una historia que necesita ser conocida y contada por todos, y haber sido testigo y víctima de este conflicto le confiere toda la autoridad moral que se requiere para hacerlo.

Pese al sentimiento de dolor que el autor siente al recordar lo vivido desde antes de su partida del suelo patrio, luego durante el viaje huyendo de la injusta agresión, no hay en un solo párrafo de su obra una palabra de resentimiento contra los creyentes de la religión judía y jamás pierde la objetividad al presentar los hechos, por demás debidamente comprobados y comprobables.

Al invitarme a ser su corrector, su asesor editorial y colaborarle en la investigación, esto último que resultó innecesario dada su versación en el tema tratado, hasta el punto que terminé siendo su alumno, la responsabilidad terminó siendo al mismo tiempo un honor”.

EL AUTOR

“Jorge Simán Abufele, betlemita e inmigrante, colombiano por adopción, llegó al país en la década de los 50, acompañado por sus padres. Las condiciones de vida en el Medio Oriente, difíciles y tortuosas, obligaron a la familia Simán a buscar un mejor porvenir. En Colombia ya se habían establecido sus dos tías en la ciudad fronteriza de Cúcuta, Norte de Santander, y su padre tomó la determinación de trasladarse allí. La trayectoria de viaje de la familia fue similar a la que siguieron sus compatriotas. Salieron hacia Colombia desde el puerto de Beirut, en Líbano, en 1952, e hicieron escalas en Egipto –Puerto Said y Alejandría–, en Grecia –Atenas–, en Francia –Marsella y en La Rochelle–, donde tomaron el barco que los conduciría a su destino final. Pero tuvieron que hacer escalas más o menos breves, en Kingston, Jamaica, en Barranquilla y finalmente arribaron a Cúcuta. Sin embargo, a los pocos años se trasladaron a Barranquilla, ciudad que los acogió y allí se radicaron”.

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