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Latitud 12 de Febrero de 2017

La paleta de cumbia de Nithto Cecilio

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Se le conoce también como el Pintor del Carnaval porque sus lienzos están pintados de los polvos de las carnestolendas de Barranquilla, remecidos en la sandunga solar y lunar del azul sensible y el oro del pabilo lujurioso derramado de esperma de la noche de cumbia y su cadera quebrada de viento del millo, golpe ancestral del llamador y la tambora. El Carnaval gravita en sus cuadros con toda su pureza esencial ingrávida levitando en el tiempo inmemorial del arte. Carnaval vivido en su entraña, mimado con el aletear del sombrero ‘palmeflecha’, subrayado por el revoleo de la pollera y su ventolera de incitaciones paganas. En esta memoria de nuestra fiesta el Carnaval alcanza un nivel al tiempo épico y lírico, la sensibilidad de la danza excitando movimientos emotivos de una evocación poética. Arde la noche azafrán bajo la luna preñada del dios de la parodia, de la burla y el desenfreno báquicos: Momo, sus leves y atrevidas manos de brisa hacen de las suyas debajo de la pollera colorá, eriza la piel de cobre del mulato entrón.


Es una completa fiesta del ojo voyeur esta interesante muestra del trabajo de Nithto Cecilio, sin duda el color y movimiento del Carnaval encarnado en estas piezas que se bailan solas de sol y luna. Bienvenidos a bailar y a disfrazarse como quieran en la fiesta del arte que captura y exalta la belleza autóctona y al tiempo de la gran fiesta unánime de la sangre, piel y pasión de América triétnica.

Por: Leo Castillo

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