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Latitud 06 de Septiembre de 2015

La literatura del Gran Caribe, según Pedro Antonio Valdez

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Entrevista al escritor dominicano que estará como conferencista invitado al III Congreso Internacional de Literatura organizado por Uninorte y Uniatlántico.

Julio Penenrey Navarro
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Junto con Rita Indiana Hernández y la escritura diaspórica de Junot Díaz y Julia Álvarez, Pedro Antonio Valdez (Ciudad de La Vega, 1968) se inscribe en el panorama caribeño y latinoamericano como una de las más representativas voces de la literatura dominicana actual. Su producción literaria, cargada de humor, música, sátira, erotismo, lenguaje mordaz y burlón, y de ambiente citadino, transita sin dificultad por varios géneros. Papeles de Astarot (1992), La rosa y el sudario (2001) y Mitología de bolsillo (2012) conforman su tripleta libresca de microrrelatos, y Narraciones apócrifas (2005) su libro de cuentos. Naturaleza muerta y otros poemarios (2014), reeditado hace poco por Isla Negra Editores, compila los poemarios Naturaleza muerta, Versos virtuales y Poemas asesinos. Ha sido galardonado tres veces con el Premio Nacional de Novela, primero por Bachata del ángel caído (1999); después por Carnaval de Sodoma (2002), tal vez su novela más conocida, adaptada al cine en el 2006 por el mexicano Arturo Ripstein en una cinta de nombre homónimo, y por último con La salamandra (2012), una obra de misterio y amor ambientada en la ciudad de Nueva York. Su otra novela, Palomos (2009), junto con la primera (Bachata del ángel caído) conforman su particular proyecto literario musical.

P  ¿Por qué caminos transita la literatura dominicana actual y cómo se proyecta en el contexto caribeño y latinoamericano?
R  La literatura dominicana goza de buena salud, tanto dentro de la isla como en su capítulo de la diáspora. Existe una mezcla de todos los temas y tratamientos, aunque en los más jóvenes se puede encontrar un diálogo cercano con la cotidianidad que involucra un lenguaje marcado a menudo por los valores de la oralidad. Se podría decir que últimamente se ha dejado descansar el tema de la dictadura de Trujillo, lo cual no deja de ser un alivio. En cuanto a la proyección hacia otras fronteras, ahí entra en juego la debilidad de promoción, algo muy de moda en las sociedades actuales. En nuestro país no se cuenta con una industria editorial sólida, y eso dificulta mucho el diálogo más allá de las fronteras. Fíjate que el diálogo con las obras de Junot Díaz y Julia Álvarez es muy efectivo... porque ellos están insertos en la industria editorial gringa, que es muy poderosa.

P  La literatura dominicana cuenta con una tradición cuentística, representada internacionalmente por el escritor Juan Bosch. ¿Posee de la misma manera una tradición poética y novelística?
R  La mejor literatura dominicana la encontraremos en la poesía. Contamos con grandes poemarios y grandes poetas. Luego sigue, en cantidad y calidad, la cuentística. El cultivo sistemático de la novela es un fenómeno relativamente reciente, del último cuarto de siglo. Aunque anterior a ese tiempo contamos con diversas novelas de importante facturación, no es sino a partir de la década de 1990 cuando se intensifica la novelística en nuestro país; desde entonces se han producido novelas de buena calidad.

P  Miguel Ángel Fornerín, ensayista y crítico literario dominicano, apuntó que la existencia de la crítica literaria dominicana actual está en cuestionamiento, pese a ser un país pionero de la crítica literaria hispanoamericana de la mano de Pedro y Max Henríquez Ureña y Federico García Godoy. ¿Qué opinión le genera el planteamiento de Fornerín?
R  Fornerín tiene toda la razón. Nuestro principal problema es que en el ambiente académico no se estimula el estudio serio ni la creación de estudios de la crítica. Como consecuencia casi natural, no contamos con crítica formal y organizada en las escasas revistas y espacios de prensa dedicados a la literatura. Actualmente no contamos con un solo suplemento de prensa dedicado a las letras, cuando antes teníamos varios a la vez. Creo que habría que formar críticos en la academia, para empezar a cambiar esta situación, pues realmente es una pena que esto esté sucediendo en el país de los Henríquez Ureña.

P  ¿Cree en una identidad caribeña, una noción común de lo caribe?
R  Para nada. Creo que solo las compañías de turismo han logrado eso, creando un referente de mar y palmeras, conveniente a sus intereses. El Caribe es una realidad amorfa, complejísima, detritus de idiomas, accidentes geográficos, isla y continente, sabores, sonidos, instancias políticas... Tal vez lo que más nos haga comunes es el drama del golpe colonial y la diversidad.

P  En la actualidad usted es el director ejecutivo de la Feria Internacional del libro de Santo Domingo. ¿Cómo contribuye la FIL con la promoción de la lectura, con el apoyo a los nuevos escritores, con la difusión y el reconocimiento de la literatura dominicana?
R  Nuestra FIL pertenece al Ministerio de Cultura. Esto hace que no sea un simple evento, sino un organismo involucrado continuamente con una política cultural hacia el libro y la lectura. Nos caracteriza la pluralidad en la participación, lo cual permite que todo el país se involucre, en especial los escritores. La FIL Santo Domingo es la principal plataforma para la difusión del libro dominicano; en este sentido, contamos con concursos literarios, reconocimientos y otros recursos que ayudan a mover la coctelera de las letras.

P  Su obra novelística está influida por el elemento musical. Su primera novela, ‘Bachata del ángel caído’, tiene como base estructural la bachata; en ‘Carnaval de Sodoma’, ‘Palomos’ y ‘La salamandra’ el carácter emocional y conductual de algunos personajes está construido a partir de canciones de balada, merengue, música disco, reguetón, rap, jazz, R&B y rock. ¿Continúa una tradición literaria-musical en particular? ¿A qué se debe esa vinculación musical en su narrativa?
R  Más que a una tradición literaria-musical en sí, mi vínculo entre la letra y la música tiene que ver con el carácter dominicano. Aquí en Santo Domingo la gente es muy rítmica, y aparte de su música particular, nos reboza socialmente con la música. A veces no se puede ni descansar por el musicón. Se puede decir que la música es una institución en nuestro país. No es extraño que lo más conocido de nuestra cultura fuera de aquí sea la música.


Fotograma del largometraje ‘El Carnaval de Sodoma’, basado en el libro homónimo de Pedro Antonio Valdez.

P  Sus dos primeras novelas, ‘Bachata del ángel caído’ y ‘Carnaval de Sodoma’, están ambientadas en un mismo escenario: el burdel. Este lugar ha sido abordado por autores como Luis Rafael Sánchez, José Donoso, Mario Vargas Llosa, Rosario Ferré y Guillermo Cabrera Infante. ¿En qué medida su tratamiento temático se inscribe en los anteriores planes narrativos o, por el contrario, propone una mirada novedosa y resignificativa?
R  El burdel de mis novelas es el que me ha tocado. Curiosamente, las principales novelas que me han influenciado (como por ejemplo Pedro Páramo o Cien años de soledad) no se caracterizan propiamente por ser burdelianas. Yo diría entonces que el burdel de mis novelas se inscribe en el burdel que existe fuera de la literatura. Cualquier relación con la literatura es pura coincidencia.

P  No solo cultiva la novela, también hace drama, narrativa breve (cuentos, microrrelatos) y poesía. ¿En qué género se siente más cómodo y cómo en algunas de sus novelas, específicamente en ‘Carnaval de Sodoma’, decide mezclarlo todo?
R  Para mí no existen los géneros en sí, sino la escritura con sus accidentes, que son los que le dan especificidades formales a un texto. Aunque tengo claro las diferencias, para mí todo es escritura. Por eso me siento igual de cómodo en cualesquiera de sus manifestaciones. La novela, históricamente, a lo mejor por su amplitud cuantitativa y por su vínculo cercano con el lenguaje, permite diluir los diversos accidentes de la escritura, por lo que se me facilita realizar mezclas en Carnaval de Sodoma.

P  Participó también como antólogo en ‘Última flor del naufragio: antología de novísimos cuentistas dominicanos’ y en ‘L@s nuev@s caníbales: antología de la más reciente cuentística y poesía del Caribe hispano’ (en dos volúmenes), ¿cuál cree que fue el mayor beneficio de este trabajo de compilación?
R  Permite intentar aportes hacia el corpus literario dominicano. También, como antólogo, esta labor me sirve de motivo para realizar lecturas panorámicas y detalladas a la vez de las letras dominicanas. Próximamente saldrá Los nuev@s caníbales de microrrelato.

P  En varias de sus entrevistas ha confesado una influencia garciamarquiana. ¿De qué manera ha contribuido a su proyecto literario la obra del Nobel colombiano?
R  La visión de conjunto, esa herencia bien diluida de Balzac, que permite concebir las historias como realidad interconectada. La manera teatral de contar, de ir llevando paso a paso los personajes. También, y esto es quizás lo más importante, esa sensación de que no hay límites en la escritura, de que en el espacio de una historia se vale todo.

P  ¿Qué autores y obras de la literatura colombiana conoce? ¿Algún autor u obra que le haya sorprendido?
R  Imagínate. Colombia es un bastión para las letras hispanas. No puede olvidar uno a Jorge Isaac, a García Márquez, a Fernando Vallejo, a William Ospina, a Mario Mendoza, a Juan Gabriel Vásquez, a Horacio Benavides. Todos sorprenden, algunos, como Vallejo y Mendoza, por servirnos a la mesa el gusto cadavérico en forma de libros; otros, como Ospina, por esa manera de conocer tan personalmente la historia, de una forma tan íntima. Y de García Márquez... ¿qué más se podría decir?

P  ¿Prepara algún nuevo proyecto literario?
R  En la actualidad trabajo un libro de microrrelatos. (En realidad, siempre estoy preparando un libro de microrrelatos). En las próximas semanas saldrá a la luz mi poemario El arte de singar, de poesía erótica.


Algunos de los títulos que ha firmado el escritor dominicano, entre estos, ‘Palomos’, una novela que hace parte del proyecto literario-musical de Valdez. 

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