EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/134230
Latitud 21 de Junio de 2015

La cultura logrará desencallar la isla

El usuario es:

Foto:

Alberto Abello Vives, ex director del Observatorio del Caribe y creador de la maestría en Desarrollo y Cultura, de la U. Tecnológica de Bolívar.

David Lara Ramos / david28lara@gmail.com

Alberto Abello Vives presentó su libro de ensayos ‘La isla encallada’, una aguda reflexión sobre ese inmenso espacio que conocemos como Caribe, y cuyo origen está en los recuerdos de su infancia y en sus aventuras adolescentes.

Alberto Abello Vives llegó a Bogotá cuando tenía 7 años. Las diferencias con su natal Santa Marta las sintió al instante. El paisaje era oscuro, gris, lluvioso. Los suéteres de lana le picaban el cuerpo y los de paño le impedían moverse con soltura. Son atuendos por los que aún siente una aversión incurable. De su primer año en Bogotá, hay un recuerdo que describe con detalles.

Su mamá Judith llegó a buscarlo a la Institución Zamora, muy cerca de la iglesia Divino Salvador, en Chapinero, lugar donde Alberto cursaba segundo de primara. Cuenta que una de las profesoras gritó: «Llegaron por Alberto», al tiempo que la rectora de la institución, para tratar de hacer un cumplido, exclamó: «Fíjense ustedes… Abello, qué muchachito tan juicioso, tan aplomado, tan buen estudiante… no parece venido de la Costa, donde malean al individuo».

La reacción de su madre fue inmediata. Discutió con la rectora. Luego de alegatos mutuos, Judith Vives cerró la polémica con el ímpetu de una madre ofendida: «Vea señora, Alberto estará aquí hasta este año, porque el año entrante… va para un colegio serio».

Aquella experiencia fue contada por su madre a familiares y amigos, historia que Alberto vino a comprender en su juventud, cuando conoció que existían razones culturales, históricas y políticas para que la rectora dijera que «en la Costa malean al individuo».

Ahora en su apartamento en Cartagena, frente al mar que bordea el barrio Crespo, Alberto agradece ese ímpetu materno que es también un rasgo de su personalidad, algo que sus estudiantes reconocen en las clases que imparte, y los lectores distinguen en las columnas de opinión que publica en el diario El Universal, cada quince días. 

En un estante de su biblioteca están los retratos de su mamá, Judith, y su papá Edmundo, ambos fallecidos. «Si te das cuenta, me parezco más a mi mamá. Saqué los ojos y la nariz de mi papá, digo yo…», comenta con serenidad, mientras agradece por la formación recibida y por haber despertado en él la pasión por estudiar el Caribe.

Cuando tenía 11 años, su papá lo llevó a ver las Danzas Tradicionales Colombianas que dirigía Delia Zapata Olivella. Eso para él fue un descubrimiento. Por primera vez escuchó la música que provenía de pequeños pueblos del Caribe. Estaba emocionado con las cumbias, gaitas, son de negro, bullerengue y mapalé, interpretados por campesinos de la región.

En 1968, un año después de aquel encuentro con la música y las danzas, guarda en su memoria la disputa familiar sobre una novela que era el boom editorial del momento. Los comentarios de las esposas de sus tíos, damas bogotanas, establecían que era una obra vulgar, con relatos fantásticos y mágicos. La disputa, hoy recuerda Alberto, era sobre Cien años de soledad, que alcanzaba su segunda edición.

El suceso que más impactó a Alberto fue ver a su familia alrededor de un radio, escuchando la transmisión que se hacía de un debate promovido por el senador Nacho Vives, primo de su madre, contra el ministro de Agricultura, Enrique Peñaloza, y el supuesto tráfico de influencias en el Instituto de Fomento Industrial, bajo la dirección de Miguel Fadul. «Todo un acontecimiento, Nacho era el gran orgullo costeño, tenía una alta capacidad discursiva, en mi casa lo adoraban…  no entendía mucho qué estaba en disputa, pero sí alcanzaba a percibir que aquello involucraba a gente de mi región», explica.

Todas las vacaciones, Alberto regresaba al Caribe a casa de su abuela paterna, Esther, y su tía-madrina, Aura Abello. En esas vacaciones, las caminatas y acampadas en la Sierra Nevada y el Parque Tayrona no faltaban. Volver a Bogotá le causaba un doloroso desprendimiento que solo se sanaba con el regreso. En una de esas vacaciones, su padre, que acostumbraba entregar un libro a cada hijo en cada periodo de vacaciones, le dio a leer a Alberto la Biografía del Caribe, de Germán Arciniegas. «Tenía como catorce o quince años. Mi papá fue un tipo preocupado porque sus cinco hijos leyeran. No sé por qué me dio ese libro, recuerdo que ni lo terminé, quizá hubo algo profético en ese gesto…», comenta, al tiempo que se levanta y busca en un estante amplio, fuera de su estudio, el mismo ejemplar de la Biografía del Caribe que su padre le dio. Una edición de 1959, en pasta dura, forrada con percalina vino tinto y cuyas hojas, impecables, han tomado un ligero color óxido.

A los 18 años, Alberto entró a estudiar Economía en la Universidad Nacional. «Cada semestre duraba ocho y hasta 10 meses —recuerda—, por las huelgas y las protestas, poco a poco me voy haciendo a la idea que debo cambiar de universidad y me voy a terminar en el Externado, que estaba pegada a los cerros. En la Nacional se hizo militante del Moir y trabajó en el periódico Tribuna Roja. Recuerda su participación en el montaje de la obra de teatro El sol subterráneo, de Jairo Aníbal Niño, cuyo fondo es la masacre de las bananeras, obra que refleja el anhelo de justicia y la lucha contra un gobierno injusto y desequilibrado.

Una mañana, viendo los cerros orientales de Bogotá, se preguntó qué hacía tan lejos de su tierra y, como urgido, buscó la forma de regresar al Caribe. Meses antes de graduarse, recibió una oferta para trabajar como docente en el programa de Economía de la Universidad Tecnológica de Bolívar y luego en la Universidad de Cartagena. Tenía 24 años.

En Cartagena se integró a la vida cultural de la urbe. Comenzó a investigar lo que significaba ser del Caribe y aquella memoria de la infancia fue guiando sus búsquedas. Comprendió por qué aquella rectora le dijo a su madre que «en la Costa malean al individuo»; o por qué decían Costa Atlántica, o «la Costa» y no Caribe; o por qué aquellas damas bogotanas despreciaron la obra de García Márquez y a otros escritores de la región; o por qué esa música de juglares, gaitas, pitos y tambores era esencial para narrar la cultura de nuestros pueblos. Descubrió que en aquella Biografía del Caribe, escrita por Arciniegas, solo se narraba el Caribe insular, así comenzó a argumentar sobre las razones para incluir al litoral.

Esas reflexiones, realizadas en distintos periodos de su vida, son las que entrega en su libro de ensayos La isla encallada, presentado en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2015 y más recientemente en Cartagena. El libro cuenta con prólogo del historiador, exvicepresidente de la República y actual embajador de Colombia en La Habana, Cuba, Gustavo Bell Lemus. En cada página se va rompiendo de manera académica la idea de un Caribe antillano y nos acerca a un litoral extenso que busca juntarse con esas otras islas. Esa es la metáfora que da título al libro. Más allá de la geografía, o el territorio, está la fuerza de una cultura interconectada, que para Abello es el elemento que logrará desencallar la isla.


Apartes del prólogo de Gustavo Bell Lemus

Los textos reunidos en ‘La isla encallada’ constituyen, pues, un paso adelante en los estudios sobre nuestra región y se leen como juiciosas reflexiones a partir de una laboriosa investigación sobre algunos aspectos que hasta ahora no habían sido abordados detenidamente por la academia. Varias de ellas representan un meritorio aporte a una mejor comprensión del proceso histórico que le dio origen a esa “isla”, en tanto que la insertan dentro del contexto del Gran Caribe, inserción tan imprescindible para su entendimiento como su pertenencia a la República de Colombia.

En el artículo titulado “La región más estudiada: entre la diversidad y la adversidad”, Abello Vives señala el notable avance del conocimiento interdisciplinario que en las últimas tres décadas ha tenido la Región Caribe hasta el punto de afirmar que es la región más estudiada de Colombia. Ese mejor conocimiento de sí misma, además de contribuir a la deconstrucción de nocivos estereotipos que por décadas se crearon y reprodujeron en el imaginario nacional sobre la “costeñidad” (aunque varios de ellos todavía subsisten y se reproducen, especialmente en las series de televisión), de elevar su autoestima colectiva y de identificar con mayor precisión las causas de su rezago relativo, ha servido para incidir en la formulación de algunas políticas públicas que benefician su desarrollo.

No obstante lo anterior, el Caribe colombiano dista mucho de asumir plenamente el control de su propio destino, de integrarse más como región, como también con el país y con el Gran Caribe. Si bien hoy existe una gran proliferación de programas, entidades, estudios y órganos de difusión encargados de socializar el creciente conocimiento que a diario se produce en los centros de investigación y en la academia, el desconocimiento de nuestra historia política regional, de nuestra pertenencia al Gran Caribe y de nuestra diversidad cultural es aún muy extendido en todos los sectores de la sociedad. Y si esto se puede predicar al interior de la región, ¿qué se podría decir del resto del país?

Perfil

Alberto Abello Vives es economista y magíster en Estudios del Caribe. Fue gestor y creador de la maestría en Desarrollo y Cultura de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Fue coordinador del Consejo Regional de Planificación Económica y Social, Corpes, hasta 1989. Desde 1998 hasta 2004 fue director del Observatorio del Caribe Colombiano, allí dirigió la revista ‘Aguaita’, que sigue siendo un referente sobre los recientes estudios de la cultura, la historia y el desarrollo del Caribe colombiano. Ha sido consultor del Banco Mundial y del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Editor de más de 10 libros sobre el desarrollo regional y la cultura del Caribe. Se destacan ‘La savia del desarrollo’, ‘El Caribe en la nación colombiana’ y ‘Poblamiento y ciudades del Caribe colombiano’. En la actualidad está dedicado a la edición de un libro sobre discriminación racial y desigualdad social en la Cartagena del siglo XX, el cual espera publicar a finales de octubre de este año.

Sobre el autor
Escritor y periodista
Docente de la Universidad de Cartagena

Etiquetas

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
Más de revistas