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Latitud 10 de Noviembre de 2012

La adoración a Diomedes entre La Junta y Carrizal

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La adoración a Diomedes Díaz Maestre, entre La Junta y Carrizal, que es su terruño querido, no tiene límites. Nada más es asomarse a ese territorio guajiro para sentir de cerca la fuerza del cariño a ese hombre que ha dibujado con cantos esos lugares que hoy son conocidos a través de sus cotidianas historias y donde también ha destacado a sus amados viejos, a sus familiares, sus amores, sus amigos y una que otra travesura como cuando su papá Rafael Díaz le pegaba sus pencazos y su mamá Elvira Maestre, para consolarlo le daba un pedazo de panela.

De salida emergen los recuerdos a través de Bertha Rosario Mejía Acosta, el primer amor de Diomedes y con quien inauguró el listado de 26 hijos con que cuenta actualmente. De esa unión nació Rosa Elvira, cuando Diomedes contaba con 17 años, tres meses y 12 días.
“La alegría por el nacimiento de su primera hija fue grande, pero mi mamá, Eugenia Acosta, no gustaba de él y nos veíamos a escondidas. Cómo será que un día tuve que volarme un ratico de la casa para que Diomedes conociera a Rosa Elvira, y él le regaló unos areticos de oro. De eso sacó una canción que grabó Daniel Celedón. A él lo quise mucho, y cómo olvidar eso si fue un amor puro, y le pido a Dios y a la Virgen del Carmen por su pronta recuperación”.

Mientras ella hablaba de esa bella historia que vivió con “Medes”, como lo ha llamado siempre, ese joven humilde, detallista, tierno y que apenas daba cortos pasos en la música al lado de su tío Martín Maestre, quien era acordeonero y compositor, en la esquina sonaba la música de Martín Elías Díaz, quien al lado de Juancho De la Espriella acaba de sacar su nueva producción musical. Seis jóvenes cantaban y bailaban al ritmo del boom del momento que tiene al hijo menor de Diomedes, con Patricia Acosta, en los primeros lugares de popularidad.

Bertha seguía dando la explicación de esos momentos felices que vivió con Diomedes Díaz, a pesar de la oposición de su progenitora. Contó que se escapaba para Carrizal a encontrarse con su amor. Los ojos le brillaban y de un momento a otro el poder del corazón la traicionó y de sus ojos se escapa una lágrima que de inmediato atrapó con los dedos de su mano derecha.

La hija mayor
y Rosa Elvira, y Rosa Elvira
que es la mayor,
de esta familia tan bonita.

Rosa Elvira escuchaba la historia que su mamá contaba, incluso se sabe en su totalidad la canción Los areticos de oro, y al tocarle su turno dice: “Siempre es una gran felicidad hablar de mi papá. Es un hombre fuerte, detallista, que ha vencido todas las adversidades. Su vida está atada a la gloria de la música vallenata y por eso tiene una fanaticada inigualable. No hay necesidad de realizar una encuesta para comprobarlo. Mire, no más se supo de su accidente, la clínica se llenó de gente y cada cual tenía un testimonio a favor de Diomedes Díaz”.

Seguidamente hizo el relato del amor de padre que, a pesar de sus ocupaciones, ha tenido tiempo para mimarla y halagarla. “Conmigo ha sido extraordinario. No tengo queja, de igual manera con mis hermanos. Soy testigo de eso porque viví muchos años en Valledupar con mis hermanos Rafael Santos, Luis Ángel, Diomedes de Jesús y Martín Elías, a quien mi papá le avizoró un gran futuro en la música y lo llamó El Gran Martín Elías, cosa que ahora se está cumpliendo al pie de la letra”.

Rosa Elvira, el pasado mes de julio, presidió el 43 Festival Folclórico del Fique, celebrado en La Junta, La Guajira, y que fue en homenaje a su hermano Martín Elías, como estímulo a su promisoria carrera musical.

Después de conocer detalles de esa historia de Diomedes y su encuentro directo con el amor, se realizó un paseo por La Junta y Carrizal y aparecieron los recuerdos como La ventana marroncita, que ahora cambió de color y es cafecita, esa misma donde Diomedes Díaz le pidió al compadre y acordeonero Elberto El Debe López que interpretara tres canciones bien bonitas para una linda morenita. Además, escuchar de cerca el amor que le tienen a su ídolo y por el que elevan oraciones de más para que regrese pronto a los escenarios.

En medio de esas exaltaciones sinceras al artista, al llegar a Carrizal, luego de pasar por dos ríos y recorrer una vía en mal estado, encontró la casa moderna que construyó Diomedes, hace muchos años, a Graciela María Maestre Hinojosa, más conocida como Gachi. Es nadie menos ni nadie más que la tía consentida.

“Si me viene a preguntar por mi sobrino Diomedes, de una le entrego el reporte. Es el super cantante de la música vallenata, el más vendedor de discos y para completar es más grande que el mismo mapamundi. Mi sobrino amado, que nació en este monte, fue un niño inteligente y que ha dado siempre sopa y seco a todos los que han pretendido atravesársele en el camino, y lo digo de una, que a nadie se le ocurra hablar mal de él”.

De repente hizo una pequeña parada a sus elogios y se le preguntó sobre su conocimiento del estado de salud del artista. “De esta vuelve y alza el vuelo como el cóndor. No, de eso no hay duda, y con el favor de Dios y de la Virgen del Carmen que lo acompaña, saldrá bien y por acá lo tendremos nuevamente. Oiga, y le voy a mandar un beso a mi sobrino”. Enseguida soltó una carcajada que se extendió por todo ese territorio Diomedista.

Diomedes pa’ rato. Cuando nos aprestábamos al regreso de uno de los billares del pueblo donde naturalmente sonaba la música de Diomedes, salió un hombre veterano y al reconocer a Rosa Elvira Díaz le manifestó: “Amiga linda, no se preocupe que El Cacique de La Junta sale de esta, como ha pasado otras veces, porque él nació pa’ semilla”…

Atrás quedaron en las sabanas de La Junta esas queridas personas que fueron testigos de su sufrir, que lo vieron con la cartilla abecedario y que le escucharon decir que la vida es un baile, que con el tiempo todos damos la vuelta.

Por Juan Rincón Vanegas
juanrinconv@hotmail.com

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