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Latitud 20 de Agosto de 2017

Jim Jarmusch, el lado B del cine norteamericano

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Mitad ‘rocker’, mitad poeta, conozca al director de cine que revolucionó el cine enlatado ‘Made in U.S.A’.

Héctor Romero
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Escasos directores de cine norteamericano han conseguido que el aburrimiento cotidiano sea entretenido, una proeza nada sencilla viniendo de una tradición fílmica consolidada por el entretenimiento hollywoodense. Pero Jim Jarmusch (Akron, Ohio, 1953), es uno de ellos; un autor que eligió seguir caminos diferentes para integrar al bando opuesto. Desde su universitario debut con Permanent Vacation (1980), hasta su más reciente testimonio cinematográfico, Paterson (2016), una cualidad predomina en su íntimo trabajo: la austeridad como laboriosa búsqueda estética.

La vida en blanco y negro
Jim Jarmusch siempre caminó por el lado salvaje del cine norteamericano. Desde temprana edad mantuvo contacto con las películas Serie B que proyectaban en los cinemas de su ciudad natal, Akron, distrito industrial con fábricas y chimeneas apuntando directo al cielo gris. Hijo de una reseñista de cine y teatro para un periódico menor y fanática a la poesía Beatnik, creció en un hogar con hábitos intelectuales que hicieron del joven Jarmusch un gran aficionado a la lectura y las artes.

“Me convertí en cinéfilo a la edad de veinte años. Antes me atiborré de series Z, films de horror… Crecí en Akron, un pueblo de Ohio, y las opciones eran limitadas. Solo cuando llegué a Nueva York me di cuenta de que existía un número infinito de géneros, de estilos de películas procedentes del mundo entero”, afirmaba el cineasta.

Cuando tuvo que elegir un destino escogió estudiar Literatura Inglesa en la Universidad de Columbia. Empezó a escribir pequeñas piezas narrativas que exponían una fundamental influencia de los poetas modernos de la Escuela de Nueva York: John Ashbery, Frank O’ Hara,  y Kenneth Koch. La noción de ser poeta marcaba a fondo su ambición creativa y no tardó en ingresar al equipo editorial de la revista universitaria The Columbia Review.

Fue en París, tras un viaje de intercambio, donde el cine reapareció animando nuevamente su fascinación por las películas. Ciclos enteros vistos en la Cinemateca francesa de directores como: Bresson, Dreyer, Ozu y Samuel Fuller. El contacto con este tipo de obras determinó en gran medida su futuro como cineasta. “Cuando volví de París, todavía escribía y mi escritura se estaba volviendo más cinemática, en cierto modo, más descriptiva visualmente”, recordaba.

Muchacho Punk
A mediados de los años setenta una nueva cultura alternativa adquiere auge. Jim Jarmusch regresa a la ciudad de Nueva York cuando la ola del Punk alcanzaba su mayor altura. Por las calles de la gran manzana una efervescencia artística hacía erupción. El centro de mando era el mítico bar CBGB y Max’s Kansas City. Junto a sus contemporáneos armaron una escena paralela denominada No Wave. Contraposición del establecimiento musical del entonces popular genero New Wave. El Punk les parecía una tendencia fashion alejada de la tradición underground neoyorquina. La naturaleza de la No Wave resultaba demasiado abstracta para trascender. Rompía los límites del campo sonoro y atrapaba diversas manifestaciones artísticas. The Del-Byzanteens sería la banda de Jim Jarmusch y su pandilla de incomprendidos músicos amateurs.

La transgresión del No Wave Cinema

Paralelamente, Jarmusch cursaba estudios de cine en la Universidad de Nueva York. Del movimiento No Wave surgió una vanguardia cinematográfica llamada No Wave Cinema. Un grupo de cineastas poco experimentados que filmaban películas en las que básicamente hacían énfasis en los estados de ánimos y en las texturas cromáticas, por encima del argumento. Las obras eran notablemente experimentales, de corta duración, a menudo descuidadas en su factura y grabadas en 8 mm (Súper 8), con escenas a veces violentas y sadomasoquistas, y momentos de la vida diaria. Dos reconocidas vertientes saldrían de este movimiento: los transgresores compuestos por Nick Zedd, Richard Kern, Scott B y Beth B., y los formalistas, que integrarían el Nuevo Cine Independiente Norteamericano: Jim Jarmusch, Steve Buscemi y Vincent Gallo.

Un cineasta bajo
la influencia

Siguiendo la ruta de sus pasiones cinematográficas, Jarmusch emprende una búsqueda personal que lo remite constantemente a las películas vistas en su estancia en París. Del cineasta japonés Yasujiro Ozu adquiere el estilo riguroso de la composición visual  y el ritmo pausado en la narrativa, una sensibilidad propia del cine oriental. De Bresson asimila la tranquilidad atmosférica y la importancia de la construcción sonora. La poesía adhiere una cualidad espontánea a sus elaborados diálogos, escritos con matices de oralidad. Todo ello bajo una puesta en escena y una estética puntualmente sacada de la Nouvelle vague y un sentido de libertad creativa cedido por Jean Luc Godard, con referencias pop, historias fragmentadas en pequeñas viñetas, saltos de tiempo y una narración ausente en donde lo relevante ocurre fuera de plano.

Pero quien realmente le enseña los secretos del oficio es Nicholas Ray, con quien tiene la suerte de trabajar junto a Wim Wenders para el testamento fílmico elaborado por Ray: Lightning Over Water. El cine no se enseña, se vive, es lo que se aprende durante los días de rodaje. Entusiasmado, Jarmusch decide entonces gastar los fondos de su beca universitaria para autofinanciar su primer largometraje, Permanent Vacation.

Las películas de su vida
Desde el principio de su carrera como realizador cinematográfico, Jarmusch procuró darle un sello distintivo a sus películas. Permanent Vacation es la historia de un joven a la deriva en la empañada atmósfera neoyorquina. Un cuestionamiento sobre la capacidad de supervivencia y el aislamiento en la jungla de cemento. Jarmusch no crea drama o tragedia en los episodios cotidianos repetidos a lo largo de la película. Quizás esta sea su obra más radical cercana al movimiento No Wave.

Cuatro años tardaría en conseguir los fondos necesarios para filmar su segundo largometraje, Stranger Than Paradise (1984). Muy pocas películas significaron un hito en el desarrollo del cine independiente norteamericano de los años ochenta como esta. No solo en la consolidación de una tendencia cinematográfica en el creciente genero Indie, sino en sus posturas estéticas de llevar a un extremo minimalista una puesta en escena llana, con una historia tan simple y rutinaria. Lo que plantea Jarmusch es una obra extrañamente estadounidense y totalmente europea. Hay una comunión exacta entre estas dos vertientes, un relato taciturno y contemplativo; un Road Movie y una comedia con un humor en apariencia flojo; una fábula profunda sobre la identidad extraviada y la cultura norteamericana de los años ochenta.

En 1986 se estrena Down by Law. El filme marca el nacimiento de un autor con una filosofía cinematográfica y una narrativa llena de personajes perdedores y estrafalarios, que buscan su destino, la concreción de un espacio monótono y una agobiante cotidianidad. La música revela mayor protagonismo siendo dos de los protagonistas de la película, músicos: Tom Waits y John Lurie. Asimismo la comedia adopta finos ribetes con la presencia de Roberto Benigni. Con elementos similares a sus dos anteriores trabajos, Jarmusch da muestras de ser un sólido realizador.

Sus dos siguientes películas, Mystery Train (1989) y Night on Earth (1991), conservan una similitud estructural al tener una narrativa con relatos múltiples y paralelos. La primera de ellas, un viaje profundo a las raíces culturales norteamericanas, plantea un juego de identidades que cuestiona la propia imagen del sueño americano y los íconos de la cultura norteamericana. El segundo filme es una pieza episódica en la que varias historias transcurren dentro de un taxi en distintas partes del mundo. Una propuesta enteramente literaria por el virtuosismo de sus diálogos.

Este factor literario se agudiza en Dead Man, filme de 1995, singular Western psicodélico lleno de referentes filosóficos que distorsionan el tradicional género con asociaciones directas a la obra de William Blake. Diálogos proverbiales, paisajes sombríos y una banda sonora elaborada por Neil Young, caracterizan una película que adentra a Jarmusch por caminos espirituales que ya predicen su próxima producción cinematográfica, Ghost Dog: The Way of the Samurai (1999), relato fílmico de un cruce cultural encarnado en la figura de una asesino que rige su vida con el Hagakure, el ancestral código samurai. Un festín metafórico donde lo furtivo y la supervivencia urbana se acentúan.

Los años noventa marcarían el periodo menos prolífero del cineasta. Pese a estos altibajos y la variación de temáticas, logra apartarse del espectro cimentado en los años ochenta y ganar una libertad creativa que le dio el reconocimiento internacional.

A partir del año 2000 Jarmusch configura trabajos personales como Coffee & Cigarrettes (2003) y otros de un perfil más comercial como Broken Flowers (2005), éxito que le permitió fundar su propia productora, con la que vio el nacimiento de The Limits of Control (2009), en donde regresa a los personajes solitarios y al estilo contemplativo y silencioso, creando una historia de crimen sin acción alguna.

Su periodo actual es de una mayor austeridad estética. Only Lovers Left Alive (2013) y Paterson (2016), al igual que un documental centrado en la figura del rockero Iggy Pop, Gimme Danger (2016), son prueba de ello.

Probablemente Jarmusch sea un director generacional que sabiamente logró fundir la herencia cinematográfica de su país con el cine asiático y europeo para dar origen a una mirada de inconfundible estilo, un hecho que, como en sus películas, comprueba porqué la vida para este cineasta siempre va estar en otra parte. 

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