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Histórico 03 de Septiembre de 2011

El fantasma de Darío ‘El Gordo’ Gómez ronda ‘Cheverísimo’

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Darío Gómez Ballestas se convirtió en uno de los inolvidables humoristas costeños porque supo trasladar la picardía del campesino al escenario urbano. “Recurría a las exageraciones que de niño le escuchaba a los labriegos en las fincas cercanas a El Difícil (pueblo magdalenense donde nació el 17 de agosto de 1948, es decir, en estos días cumpliría 63 años de edad) y le ponía la gracia picante para hacer reír a todo el mundo, sin ridiculizar ni mucho menos burlarse del labriego”, recuerda Belissa Posso Meza, nacida en Pivijay, Magdalena.

El Gordo Darío, como se le recuerda con cariño, murió el 28 de mayo de 2009  a consecuencia de un paro cardíaco acelerado por un coma diabético y una insuficiencia renal. Murió tranquilo. Belissa recuerda que, después de la diálisis, lo regresaron a su cama, en la habitación que ocupaba en la unidad de cuidados intensivos de una clínica barranquillera. Empezaron a hablar de planes. De algunos contratos pendientes para alegrar con sus chistes algunas fiestas patronales costeñas. En un momento se quedó mirando fijamente a Belissa, la mujer que lo acompañó a centímetro durante los últimos 20 años de su vida. “Me voy muy agradecido por todo lo que me has dado, Beli”, comentó de repente. Suspiró profundo y se fue quedando dormido. Su rostro reflejaba quietud.

Cuentos inventados

“Un día me dijo Mike Char: ‘Necesito que consigas un coequipero para que tú y él cuenten chistes en el nuevo programa que tenemos al aire’ (Cheverísimo). Y del primero que me acordé fue del gordo simpático y bonachón que nos hacía reír con sus cuentos inventados mientras nos atendía en la subgerencia regional de Concasa”, recuerda Álvaro Ariza Rocha, su compadre y amigo de toda la vida. Se conocieron cuando El Gordo recién regresaba de Bogotá, graduado de economista de la Tadeo Lozano, y Alvarito Ariza alternaba su trabajo de locutor de cabina en La Voz de la Patria y la promoción de discos de la empresa Sonolux. En esa época El Gordo Darío ganaba bien. Ocupaba importantes cargos y trataba de ayudar a los otros hermanos que se habían quedado en El Difícil con sus padres Manuel Hernando (fallecido hace unos 15 años) y Juana Ballestas (quien murió en 2007).

El domingo 9 de abril de 1989 Darío Gómez, El Gordo, debutó en la televisión regional como humorista. En aquel primer capítulo compartió honores con Julio Rojas (el dos veces Rey Vallenato del Acordeón), Roni Laitano Cara e Perro, Divina Rosa y Mingo Martínez. Después se unirían al grupo Rafael Díaz, Rafael Zequeira Compadre Lencho, Bollo e Yuca, Martha Rebaje, Helena Lozada, Jacob Guerra (el presentador del programa) y Jairo García El Zorro.

De ese excelente grupo de actores naturales de nuestra televisión han muerto seis: Darío Gómez, Rafael Díaz, Martha Rebaje, Helena Lozada, Jacob Guerra y Jairo García El Zorro.

La pareja explosiva

Tan pronto llegó al grupo Rafael Díaz (nacido en Plato y criado en Valledupar), hizo liga con El Gordo Darío. Fue empatía total. Y muy poco tiempo después se les asignó un segmento dentro del programa Cheverísimo, denominado “Las vainas de mi pueblo”, en donde personificaban a un par de buenos corronchos que no olvidaban la abarca trespuntá ni el sombrero vueltiao  mientras le daban rienda suelta al chascarrillo del hombre rural. Con admirable maestría y buen tino trasladaron esa broma rural sana al paisaje urbano. Para muchos eran “unas mentiras bien tramacúas”. Para Darío Gómez eran “simples exageraciones rurales”.

“Nosotros no hacíamos libreto. Ni guión. Nada. Las cosas nos salían de manera fácil y espontáneas. Eso era lo bueno”, recuerda Ariza Rocha, un barranquillero raizal que comenzó en la radio de la mano del desaparecido Tomás Barraza Manotas, en compañía de Gilberto Estor y en “El Combo Deportivo” junto a Lao Herrera, el difunto Lucho Madrid Comas y El Búho.

Durante 10 años el elenco de Cheverísimo vivió su época de oro. Belissa recuerda que no tenían una semana de descanso. Los contrataban de todos los rincones de la región. El Gordo, que había tenido tres hijos con su primera esposa la samaria Betty Palacio, pudo organizarse mejor. Se sentía orgulloso de que su hija Katerine se convirtiera en médico y que Estefanny hubiese optado por estudiar comunicación; el tercero, Cristian, estudia producción de radio y televisión. Con Belissa tuvo a David, aún estudiante de primaria.

“Nosotros llegábamos a los pueblos y la gente nos recibía con dichos que El Gordo repetía en Cheverísimo. Especialmente ese que decía: ‘Te vas a mamá un planazo’. Pero como no hay alegría que dure toda la vida, de la mano de la fama y el éxito vinieron los quebrantos de salud de Darío. Se le disparó la diabetes. Él era un hombre sano. No bebía, ni fumaba. Eso sí, comía mucho. Se engordó más de la cuenta. Le practicaron un  by pass y perdió 30 kilos de peso. En 2006, en Fundación, mientras nos bañábamos en el río, le dio el primer infarto y lo trasladamos de emergencia a Barranquilla”, recuerda Belissa.

Sus exageraciones

A pesar de todo, la vida le alcanzó a Darío para ser feliz y hacer reír a mucha gente. Para participar en numerosas películas como Maten el león, Juana tenía el pelo de oro, El siniestro de Ovejas y una inédita que no se sabe cuándo saldrá a las salas de cine.

De él siempre serán recordadas esas exageraciones simpáticas. Como la vez que se hizo un par de abarcas con los cueros de dos vacas, se quedó dormido y los perros lo arrastraron desde Sincelejo a Corozal. O la cometa que cuando era niño en El Difícil hizo con cuatro láminas de zinc, la cola la hizo con 48 pantalones de su papá y, en vez de cuchilla para cortar la pita a los rivales voladores de cometa, le amarró una rula que sirvió para cortar la maleza de los potreros vecinos, algo que los ganaderos le agradecieron.

Era un hombre sencillo y bonachón. No dejó que la fama lo atrapara. En una ocasión, durante un acto en una guarnición militar en Coveñas, se sentó en el último rincón del auditorio a la espera de su turno para subir a la tarima. Cuando lo descubrió el Comandante de las Fuerzas Militares que estaba presente en la ceremonia, fue personalmente hasta donde estaba El Gordo, le puso las manos en los hombros y le dijo: “Venga, que usted es un personaje que debe estar allá al lado de nosotros, en la mesa principal”.

Murió pobre, pero feliz. A Belissa solo le quedó una pequeña pensión de los años en que Darío trabajó en el sector financiero. De eso viven ella, Cristian y David, en una casita humilde en el barrio Recreo de Barranquilla.

Por Rafael Sarmiento Coley

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