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Histórico 17 de Septiembre de 2011

El arquero que lleva su pueblo en el sobrenombre

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Luis Enrique Neco Martínez es futbolista profesional desde hace más de diez años, y aunque sus habilidades y destrezas como portero le han labrado una prodigiosa carrera en este deporte, uno que otro madrazo y varias embarradas que muchos no olvidan, su historia que empezó en un lugar alejado del bullicio de las urbes, uno de esos lugares que aparecen en los mapas, pero cuya ubicación exacta muy pocos conocen; una comarca de la que poco se habla en los noticieros o en los diarios, un territorio donde empezó a gestarse la vida de un nuevo continente, un pueblo llamado Necoclí.

Aunque territorialmente está en Antioquia, su cultura está marcada por las tradiciones del Caribe. Necoclí es aquel espacio social donde se pensó todo un continente, pues allí se fundó el primer poblado en América continental de origen europeo; son entonces más de 500 años de abandono institucional, pero lleno de talentos humanos, muchos de ellos desconocidos: Neco brilla ahora como una estrella en el firmamento urabaense, mostrándonos que aunque el abandono institucional ha sido una constante en la historia, es posible construir sueños de gloria, no solo personales, sino también comunitarios. Neco es la imagen de progreso de todo un pueblo.

En su infancia, Neco Martínez “fue un pelao travieso, vago, callejero, recochón, mamador de gallo, que jugaba cartas en los andenes del pueblo y era un cliente fiel en la ruleta del señor Navales”. Así lo recuerda Manuel Lucio Correa, uno de sus amigos de la época y con quien compartió muchos momentos. “Cuando empezó a practicar no ponía mucho entusiasmo en el asunto, como si no le interesara el fútbol –asegura Correa– y tampoco tenía porte de arquero, aunque contaba con la estatura. Era muy flojo, al punto que se ponía a llorar cuando un niño más pequeño que él le anotaba un gol”.

Si bien Kike —como conocen a Neco Martínez sus amigos de infancia y familiares— ha tenido una carrera vertiginosa en seis clubes, Atlético Huila, Envigado, Santa Fe, Sakaryaspor, Vestel Manisaspor (ambos de Turquía) y ahora Once Caldas, sus inicios como futbolista se remontan al principio de la década de los noventa y a torneos menos exigentes, donde el asedio mediático, el aliento de una hinchada, los fichajes y transferencias en el fútbol se consideraban una quimera.

Neco inició su carrera en una posición contraria al arco, aunque no parezca. Este paisa de tierra caliente, hijo del sol ardiente del norte de Urabá y de la mar chocolatosa, hizo sus pinitos en el fútbol jugando como delantero, pero su habilidad con el balón no estaría en sus pies, anotando goles de lujo, sino en sus manos, colosales atajando remates de media cancha, disparos directos al arco y balones que muy pocos arqueros podrían darse el lujo de detener.

Shadit Serrano –quien hoy se encuentra alejado del fútbol y de las chanchas– fue uno de sus primeros entrenadores, y recuerda con nostalgia los campeonatos pre-junior que Fabián Berrío –otro precursor del balompié en Necoclí– organizaba en la cancha La Batea, campo polvoriento, lleno de huecos, con poca grama y en cuyo terreno a principios de año durante las fiestas del coco se construye la corraleja. En estos torneos participaban niños con edades entre los nueve y los doce años. Y fue allí donde Neco empezó a soltarse y a mostrar su talante en la arquería.

Atrás quedaron esos días donde Neco, al igual que sus compinches de la infancia, representaban a Necoclí en los juegos intercolegiados que se realizaban en los municipios de Urabá. Este recuerdo ha acompañado desde mediados de los años noventa a Fabián Berrío, el hombre que le ha entregado varios de sus años al fútbol; el entrenador que tuvo bajo su mando no solo a Neco Martínez sino otras figuras como Carlos Díaz: Fabiancito, aquel provinciano que un día soñó con estudiar una carrera de D.T. en Europa, pero que por cuestiones de la vida terminó administrando su propio restaurante al lado del mar de los antioqueños; el mismo que alentó el sueño de Neco de convertirse en un profesional, el cómplice, animándolo a dejar su tierra natal para labrarse su carrera en otras latitudes. Pero, aunque la mona se vista de seda ‘necocliseño se queda’, pues su identidad afrocaribeña está intacta.

Doña Lourdes Gutiérrez, la mamá de Neco Martínez, cuenta que era tal la devoción de su hijo por el fútbol, que a los 14 años, su ambición de triunfar y de llegar lejos en el deporte más popular del planeta lo impulsaron a dejar a sus amigos, su familia y su tierra, embarcándose en un bus intermunicipal con rumbo a Medellín, donde continuaría con su travesía, cuyo destino final era el municipio de Tuluá (Valle del Cauca). “Allá lo esperaba el señor Giordanelli Arbeláez”, relató su madre, Lourdes, mientras confesaba que Neco se había ido solitario para Tuluá, y no en compañía de Guzmán –otro de sus compinches– como le había hecho creer.
Quince días después de su discreta partida, regresó a su tierra, la Perla Solitaria del Caribe, acompañado por el empresario Giordanelli Arbeláez, el hombre que le abrió las puertas al fútbol profesional, y que de inmediato se presentó ante sus padres para manifestarles la intención de llevárselo a Tuluá y ofrecerle un contrato a los 14 años de edad.

Desde entonces, este necocliseño ha contado con el apoyo incondicional de sus viejos, Lourdes Gutiérrez, una barranquillera que sentó raíces en este terruño de Antioquia, y Bienvenido Martínez, un cartagenero al que le heredó el porte y la estatura.

Sus viejos siempre lo han acompañado, le han seguido los pasos en su carrera, conocen cada uno de sus movimientos, los mismos que exhiben con orgullo las fotografías enmarcadas que muestran la trayectoria y que adornan la sala de la casa, la misma donde creció al lado de sus hermanos Luz Esther y Daniel Martínez, en el barrio Caribe.

Sus padres han sufrido con él cada derrota, han sentido todos los insultos y los elogios que recibe su hijo en el campo de juego o fuera de él, y sobre todo han celebrado cada una de sus victorias. Así mismo, rezan por él para que le vaya bien.

El esfuerzo que ellos han hecho por este “buen muchacho”, como lo define don Bienvenido, ha sido recompensado ya que, aunque él esté por fuera, siempre ve por la casa.

Pese a que Neco Martínez ha estado en la Selección Colombia en todas sus categorías, su mamá guarda la esperanza de verlo jugar en la Liga Española y, ¿por qué no?, en el Barcelona F.C. Mientras llega ese momento, se conformaría con al menos verlo jugar en el equipo de sus amores, el Junior de Barranquilla. No obstante, su papá es más modesto al afirmar que “si está en el Once Caldas es porque Dios así lo quiere”.

Por Esneyder Negrete
Twitter: @esnegrete

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