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Latitud 31 de Agosto de 2013

Historia gráfica de Barranquilla

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LA ADUANA DE SABANILLA: UN CASTILLO CON HISTORIA
Sobre las ruinas de lo que fue el Fuerte de Santa Bárbara, construido en el siglo XVIII en la costa de la ensenada de Sabanilla, por la Corona Española, para el control del tráfico del contrabando, se ordena construir, a finales de 1847, un edificio para la aduana del lugar. Se diseñó una estructura cuadrada de cuarenta varas y se levantó un edificio semejante a un castillo medieval. Su estructura de calicanto soportó dos pisos y varios patios para la verificación de la mercadería de tránsito por el puerto local.

La construcción se financió con recursos nacionales gestionados por el presidente de la época, el general Tomás Cipriano de Mosquera, apoyado a nivel local por el banquero Esteban Márquez, mediante un empréstito del Banco Márquez, de su propiedad. Esta obra también fue apoyada con las donaciones de varios comerciantes de Barranquilla. Su lejana posición estratégica y la dificultad para la verificación de las mercancías obligaron a trasladar la aduana a esa ciudad. Efectivamente, mediante orden del presidente Santiago Pérez Manosalva, en 1876 la aduana se trasladó a la ciudad y la edificación quedó abandonada por muchos años.

Abandonado el edificio, y con sus estructuras ya debilitadas, se sometió a mediados de 1940 a un proceso de reconstrucción, según un proyecto presentado por la Universidad del Atlántico ante la Asamblea Departamental, donde el filósofo y rector Julio Enrique Blanco De la Rosa sustentó la necesidad de habilitar el Castillo de Salgar como un centro recreacional de la Secretaría de Educación Departamental. Esta aspiración de transformación social estaba dentro de los lineamientos académicos del Museo del Atlántico, cuyo proyecto buscó construir una gran ciudadela deportiva y fomentar la cultura ciudadana y la transformación turístico-recreacional del municipio de Puerto Colombia y del Departamento. Para 1942 se había rescatado su arquitectura original, la entrada principal, los extensos pasillos y la terraza alterna ubicada estratégicamente en segundo y tercer pisos.

En la década de los años cincuenta nuevamente la edificación queda a merced del abandono por parte de los entes patrocinadores. Así, destruido, en la década de 1980 se habilita como cárcel de menores y como institución para personas con cierta discapacidad. A finales de 1989 el centro es trasladado al municipio de Suan, y nuevamente el edificio queda en el olvido. Diferentes proyectos de restauración son objeto de estudios que se presentan a varios ministerios, hasta que el 13 de julio 1988 fue declarado “Patrimonio y Bien Cultural de la Nación” por el Gobierno Nacional a través del Ministerio de Cultura.

La Gobernación del Atlántico y el Ministerio lograron en septiembre de 1999, mes de Patrimonio, suscribir un convenio que permitió rehabilitar la edificación, cuyo fin principal sería especialmente un sitio de reencuentros culturales, personales, colectivos y familiares. A este acto asistieron en su momento el vicepresidente de la República Gustavo Bell Lemus y la directora de Patrimonio Nacional, Katia González, al igual que los mandatarios locales. Los recursos para su restauración sumaron 750 millones de pesos, de los cuales 500 millones fueron aportados por la Dirección Nacional de Patrimonio; 250, por el Departamento del Atlántico, y varios millones, por las administraciones locales de Humberto Rosales y Camilo Torres Romero, en la década de los años 90.

En la actualidad este Monumento Nacional está otra vez en pie y presenta una nueva cara restaurada, gracias a la inversión de 1300 millones de pesos que recibió de la Caja de Compensación Familiar del Atlántico (Comfamiliar).

Helkin Alberto Núñez Cabarcas
Funcionario Archivo Histórico del Atlántico.
Con la colaboración especial de Adelaida Sourdis Nájera

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