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Latitud 05 de Noviembre de 2017

Eventos

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Puntos de Bizca

Ramón Illán Bacca
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El mes pasado Barranquilla disfrutó de una serie de eventos académicos y culturales de primer orden. ‹Caribe negro›, un congreso internacional de literatura organizado por la Universidad del Norte y la Universidad del Atlántico, hizo posible reflexiones de primer orden sobre el influjo histórico de la negritud en los distintos campos culturales de la Región Caribe. No pude estar en todas las exposiciones, como es de entender, pero sí me pareció muy importante el homenaje que se le hizo a Derek Walcott por parte de Ariel Castillo, Claudia Caisso y Amilkar Caballero De la Hoz.

Mientras lo oía recordé la llegada de ese premio nobel a Barranquilla en una anterior feria del libro. El poeta había perdido su equipaje y no estaba del mejor humor. Todas esas incidencias las contó Ariel Castillo en un artículo con el que obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

Todo fue excelente, pero las intervenciones que más me marcaron, porque llegué a tiempo, fueron las del profesor Juan Duchesne, de la Universidad de Pittsburgh, titulada ‹Delirio y esquizogamia en La isla, de Rita Indiana›. El profesor logró interesarnos en la obra de esta autora portorriqueña que pinta a una mujer de lujuria volcánica, libro que infortunadamente no tenemos en nuestras librerías.

La conferencia ‹Negritas Puloy: una imagen que se desdobla ante el espejo que porta el Carnaval de Barranquilla›, de Mónica Gontovnik, fue, en una palabra, luminosa. Después, Isabel Ramírez nos habló sobre ‹Lo negro y la idea de modernidad. Jorge Artel, Enrique Grau y la vanguardia maricielista en Cartagena›. Tema que ilumina la historia literaria de la Región, pues este fue un grupo anterior al llamado Grupo de Barranquilla. Los integrantes de ambos grupos tuvieron una excelente relación, aunque no dejo de recordar una nota agridulce de Vinyes sobre el grupo cartagenero. Recuerdo un momento inolvidable: oír al poeta Artel hablar en Bar-bar-O del galanteo que tuvo con la rumbera Rosa Carmina, una estrella del cine mexicano. Fue una obra maestra de la literatura oral.

‹Mito e historia en el Caribe: de Changó el gran putas a La ceiba de la memoria›, de Julio Olaciregui, fue una performance que nos dejó a todos meditando y pensando cómo podría llegar a ser una gran obra musical en el futuro. ‹Entre Bernabé y Apolo Bolongongo, los amantes negros de Genoveva› fue una conferencia muy ilustrativa de Orlando Araújo que me obligó a desvelarme esa noche releyendo La tejedora de coronas, de Germán Espinoza.

La conferencia de cierre: ‹Concierto barroco, de Alejo Carpentier: valoraciones musicales›, hecha por Pablo Montoya, actual premio Rómulo Gallegos y un miembro de los cinco mejores novelistas de la actualidad en el país, fue erudita, precisa y musical.

La semana siguiente presentó La Galería del Libro, en la Plaza de la Paz, organizado por la Secretaría de Cultura, con apoyo de otras entidades públicas y privadas. En este evento estuvo la pléyade de la literatura colombiana con una abundante presencia de escritores jóvenes. También pude escuchar unas pocas intervenciones, porque era imposible asistir a toda esa fastuosa programación. Las intervenciones de Martha Guarín, Valeria Fuenmayor y Gisselle Massard en ‹Revistas culturales en Barranquilla› dejaron claro cómo fue la historia de esas publicaciones en las últimas décadas. Las entrevistas a Octavio Escobar Giraldo, Evelio José Rosero, Giuseppe Caputo, Julio Olaciregui y Daniel Ferreira que alcancé a oír me aclararon el momento literario que estamos viviendo. La respuesta contundente, indignada y el levantarse de la mesa de Pilar Quintana a una pregunta que consideró machista fue inolvidable. La frase de Tim Keppel «Todo el arte es la búsqueda de la forma» definió la esencia del evento. 

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