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Latitud 07 de Julio de 2013

“Este cantar es para ti, barranquillero”

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“Yo no iba a cantar el tema, solo hice una voz guía para que el cantante titular se la aprendiera”. José Mangual Jr.
La primera sorpresa de José Mangual Jr. al llegar al conversatorio programado en la Sala Musical Joe Arroyo, de La Troja, el pasado 28 de junio, se la dio Liliam María Ospino, la barranquillera que mejor caracteriza a Celia Cruz en el Carnaval, ganando incluso un Congo de Oro este año. Ella y su hijo Andrés Felipe Molinares estaban allí esperándolo con un bongó, una clave y, por supuesto, una campana. Su propósito era rendirle tributo de admiración y transmitirle a Andrés Felipe su amor por la salsa. Y qué mejor ocasión que presentándole al artista que la ha hecho bailar y gozar tantas veces.

Aunque esa situación rompió el protocolo, José Mangual Jr. no se podía negar. Por el contrario, se emocionó tanto que de inmediato se dispuso a estampar su autógrafo en los instrumentos musicales. A continuación empezaron a caer sobre la mesa, como salidas de la nada, decenas de carátulas de viejos discos de larga duración como el Tributo a Chano Pozo en sus dos volúmenes y varios de Héctor Lavoe, Willie Colón y la Fania All Stars, donde él participó de diversas formas.

Es que es más fácil saber con cuáles estrellas de la salsa no ha grabado este ‘newyorrican’ nacido en el Barrio Latino de Nueva York, o a quienes no ha acompañado con su bongó y su famosa campana. Ya son cincuenta de sus sesenta y seis años de edad los que ha dedicado a la percusión, los coros, la producción, dirección y hasta la administración de orquestas, como lo hizo por algún tiempo con Héctor Lavoe, quien le dijo en 1974, al disolverse el grupo de Willie Colón: “Mira, Mangual, si tú te haces cargo de escoger los músicos y manejar la banda, yo me monto en esa guagua (bus). Lo único que yo voy a hacer es cantar. Si tú no aceptas, entonces no canto más y me regreso pa´ Ponce”.

El sábado 29 de julio, Mangual Jr. dio hizo una demostración fehaciente del porqué se mantiene vigente. Y sobre todo de la forma en que se gana al público, invitando a la tarima de La Troja, que celebraba su aniversario 47, a varios espontáneos campaneros que lo acompañaban desde sus mesas. Seguramente ellos nunca olvidarán que compartieron escenario tocando al lado de uno de los más grandes percusionistas de la historia.

El domingo, en medio del asedio a que es sometido por salseros de todas las edades luego de su apoteósica presentación con KY Latina Orquesta, en Guararé, Salsa Disco Bar, en el llamado planeta sur de Barranquilla, le pregunto qué opina de que haya jovencitas de escasos dieciocho años ansiosas por tomarse una foto con él e incluso por darle abrazos y besos siendo que sus éxitos más recientes fueron grabados hace veinticinco años, como es el caso de Barranquillero arrebatao.

“No será por lo lindo que soy –y suelta la carcajada–. Eso pasa cuando tú haces las cosas a conciencia –dice con seguridad. Yo toco para el bailador, no para satisfacer mi ego, como ocurre con muchos músicos. Cuando tú estás pensando solo en satisfacerte a ti mismo, lo que hagas, por muy bueno que sea, se queda ahí, no trasciende.

Eso lo aprendí de mi padre, José Mangual, Buyú, quien llegó a Nueva York a comienzos de la década del cuarenta, en el siglo pasado, y logró abrirse paso en esa ciudad tan grande y culturalmente ajena a su vida, donde la música latina estaba relegada a espacios muy pequeños. Pero mi padre se unió a la orquesta de Machito, junto con Chano Pozo y Tito Puente. Ellos empezaron a escribir esta historia, a echar las bases sólidas de esto que ahora se conoce como salsa”, sentencia mientras firma carátulas de elepés que algunos llevaron al lugar.

Y es necesario contar, aunque sea en forma somera, lo que sucedió en esa época en que se imponían las big bands con su esplendoroso sonido llenando las noches neoyorquinas con el ritmo del swing. José Mangual padre se codeó con los grandes del jazz y aportó en gran medida a la creación del bebop, junto a Machito y Dizzy Gillespie, Stan Kenton, Cal Tjader, Gato Barbieri, Charlie Parker y otros que diseñaron la matriz, noche a noche, nota a nota, golpe a golpe, para lo que hoy se conoce como latin jazz.

Precisamente en esas andaba José Mangual Jr. a los 16 años con Monguito Santamaría, el hijo del gran Mongo, cuando Héctor Lavoe le dijo: “tú estás perdiendo el tiempo con ese latin jazz, tú no vas a llegar a ninguna parte con un ese co ki co ki co kikico o con el kon kon tiki kon kon… tú tienes que darle otro sabor a esa campana…tienes que sonar el kon tikikon tikikon ti kon y tienes que hacer coros… deja ya de perder el tiempo y vente con nosotros”.

Así fue como entró a formar parte de la orquesta de Willie Colón y Héctor Lavoe desde antes de grabar el primer disco, El malo, en 1967. Se dio el caso de que el bongosero titular de la banda era muy joven y no podía tocar en centros nocturnos por no tener la llamada cabaret licence, la cual sí poseía Mangual. A partir de ahí es historia conocida. Largas giras por todo el mundo, días enteros en los estudios de grabación y muchos éxitos cosechados. Temas como Cuero na’ ma, Campanero, El mil amores, Salta Perico y Campana Mayoral, entre otros, son suficientes para definirlo como gran compositor.

Pero la canción que merece especial atención es Barranquillero arrebatao, por varias razones. Como reza el dicho popular: “lo que viene derecho no trae arrugas”. Así cuenta la historia Mangual: “En 1987 fui a Houston, Texas, a tocar unos bailes con Pedro Villanueva, Melcochita, el cantante peruano, famoso por el tema Pegaso. En el grupo estaba el pianista Isidro Infante y él y yo fuimos contratados por el señor Eliécer Tenorio para producir un disco de la Orquesta Sarabanda. Una de las canciones era Barranquillero arrebatao.

Lo primero que me llamó la atención fue ese calificativo: arrebatao. Porque en Puerto Rico y otros países tiene una connotación más bien sexual o relacionada con la locura. Pero bueno, le metimos mano al guiso y cuando se iba a grabar la voz, el cantante del grupo no le daba el sabor que se requería.

Entonces Tenorio me pidió que hiciera una voz guía, es decir, que la cantara con mi estilo para que el cantante titular se la aprendiera y le cogiera el tumbao sabroso. Así lo hice, pero en medio de la grabación empezó una discusión entre Eliécer y Víctor Raúl Sánchez, Patillas, autor de la canción, que es de Dagua, Valle del Cauca, pero estaba casado con una barranquillera y quería hacerle un homenaje a la tierra de su mujer.

A raíz de la pelea, Tenorio le prohibió a Sánchez que entrara al estudio y me tocó mantener el contacto con este por teléfono. Así él me iba diciendo las cosas relacionadas con Barranquilla, porque yo no conocía nada de esta bella ciudad. No tenía idea de qué era eso de “la Cien y la veintiuna”, o “la guerra de picoteros”, ni quién era Lafaurie, pero con paciencia, Sánchez me iba explicando y así fui armando los pregones e inspiraciones que hoy se conocen en el tema. Lo más curioso es que a los pocos días llega Tenorio a Nueva York con la cinta matriz a hacer la mezcla final y me dice: Mira, Mangual, mi cantante grabó el tema, pero he estado escuchando bien la grabación y la he comparado con la guía que tú hiciste y de verdad, no hay comparación. Quiero que negociemos para dejar tu voz. Yo le pedí un dinero y me lo dio enseguida. El problema era que yo estaba firmado con una compañía y no podía figurar en los créditos, así que tuvimos que acelerar un poco la cinta para ‘disfrazar’ mi voz y en el disco original no aparece mi nombre”.

A estas alturas de la madrugada del lunes festivo 1° de julio ya han pasado por la mesa de Mangual muchos admiradores a tomarse fotos con él y a pedirle autógrafos. Eso dibuja en su cara un gesto de satisfacción. Además, aunque ya había interpretado en vivo sus éxitos, los rumberos seguían pidiéndole al DJ que volviera a poner las grabaciones para seguirlas disfrutando y demostrarle a este gran músico su agradecimiento por esta canción que, casi por accidente, se convirtió en emblemática para los barranquilleros, aquí y en el mundo entero.

Al momento de partir hacia su hotel, nos da una primicia: es casi seguro que regrese en octubre a la celebración del bicentenario de la ciudad. Para entonces, existe el proyecto de interpretar Barranquillero arrebatao en versión sinfónico-rumbera. Con seguridad será algo espectacular.

Por Juan Carlos Rueda Gómez
Especial para EL HERALDO

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