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Latitud 23 de Agosto de 2015

El zoológico de Escalona

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Daniel Samper Pizano
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La temática del gran maestro vallenato menciona en sus cantos a numerosos animales. Hay, sin embargo, interesantes ausencias…

No existe probablemente ningún compositor vallenato que haya creado un temario tan rico como Rafael Escalona. Como a Terencio, el famoso autor latino, nada de lo humano le era extraño. Ni lo rural ni lo urbano, ni lo tradicional ni lo moderno, ni lo lírico ni lo anecdótico, ni su región ni otras regiones…

Escalona les cantó sobre todo a las mujeres y el amor. En ‘asuntos de mujeres’ se dirigió a las que lo querían y a las que no lo querían; a las jóvenes –como las mellizas Juana y Graciela– y a las viejas –como Sara–; a sus hijas y a sus comadres; a la vecina –como Feliciana– y a la lejana brasilera; a la humilde campesina –como Juana Arias– y a la estrella internacional –como Paloma San Basilio–; a la mujer propia y a la ajena.

En cuanto a los asuntos del corazón, se dejó conmover igualmente por el amor soñado, el disfrutado, el despechado y el que se perdió en la neblina: “Yo quiero a la que me quiere y olvido a la que me olvida”.

A Escalona lo emocionaron la vida y la muerte, la amistad y la enemistad y con frecuencia rinde homenaje a sus colegas y maestros (Emilianito, Moralito, Tobías Enrique Pumarejo, Colacho Mendoza…).

El compositor vivió hasta el 13 de mayo de 2009. Falleció por complicaciones respiratorias, entre otros problemas 
de salud. 

 

Pero el registro de su inspiración iba más allá. Les cantó a los compadres, tanto para invitarlos a la parranda como para echarlos de menos (es la dulce añoranza que le produce La nostalgia de Poncho) o incluso para llorarlos, como en la Elegía a Jaime Molina. Les cantó a las autoridades, ya para burlarse de ellas –como en La custodia de Badillo– o para brindarles apoyo político, como en López es el pollo. Les cantó a las personas que respetaba (Alfonso López, el doctor Molina, el doctor Pavajeau, Pedro Castro, el doctor Maya, el general Dangond, el general Torrijos…) y también a las que eran materia de sus dardos (como “el godo decente”, el mayor Blanco, el Cachaco Benavides…). Les cantó a los personajes históricos (el sabio Salomón, Blas de Lezo, Rafael Uribe Uribe, Laureano Gómez, Rojas Pinilla, Olaya Herrera, en lo que debe de ser una confusión con el general Benjamín Herrera) y a modestos vecinos.

También le cantó a la naturaleza: a los ríos, a la Sierra Nevada, a los playones, a las selvas, a la montaña, al arroyo que hizo el diablo (Paraguachón), a la sabana, al mar, al cielo… y recordó aldeas, ciudades, regiones y países: Badillo, Patillal, Guachoque, Manaure, Codazzi, El Ramal, Valencia, Villanueva, Fundación, Valledupar, Santa Marta, Riohacha, Cartagena, La Guajira, Antioquia, la Amazonía, los Llanos Orientales, Panamá, Venezuela, Brasil, España… en fin: se necesitarían muchas páginas para cubrir la geografía que recorren las canciones de Escalona. Recordemos que llega hasta el Asia: “una fiesta le he ofrecido cuando un submarino lo voltee en Corea”.

Para inspirarlo bastaba un pequeño detalle –por ejemplo, el co
pete de una muchacha– o una pena que estaba a punto de costarle la vida, como en Honda herida. Así como no le fueron ajenos los caminos polvorientos ni las orillas del Magdalena, muchos inventos modernos le atrajeron: el avión, el carro, el camioncito, el cine, el revólver, el submarino, el acorazado Almirante Padilla… hasta marcas comercialmente salen de manera espontánea en sus cantos: la Caja Agraria, Avianca, Mejoral, Chevrolet…

En fin: ¿a qué no le cantó Escalona? ¿Qué tema no excitó su imaginación? Se los voy a decir: los animales domésticos y los de granja. Busquen ustedes un gato, un canario, un perro (salvo el perro Pavajeau, pero no porque interesara el perro sino porque le preocupaba Pavajeau), una vaca, un conejo, un pavo, una gallina, un burro, un chivo, un ratón, una rata, y verán que no lo encuentran. Mucho menos una humilde pulga, un inevitable piojo, un pececito dorado o uno de esos hamsters cursis.

¿Es que no hay gatos en Valledupar? ¿Y si no hay gatos, cómo es que no hay ratones? Y, con tanto ganado, ¿Por qué ningún homenaje a la vaca, como lo hizo Chente Munive en La rabo’e plata? ¿Nunca comió chivo en La Guajira el maestro Escalona? ¿Nunca emborrachó y degolló un pavo para la Navidad? ¿Nunca vio una gallina? ¿De dónde cree que salían los huevos? De la iguana, no, porque tampoco incluye a la iguana en sus versos. ¿Y qué fue de esos burros que uno ve caminar a la orilla de los caminos costeños con el campesino al lado o trepado en sus ancas?

Es que ni siquiera el caballo, un animal tan presente en la vida rural y en el zoológico vallenato (El Liberal, de Pacho Rada, El caballo pechichón, de Julio Erazo), ocupa un lugar importante en el temario de Escalona. Para hallar uno de estos cuadrúpedos hay que viajar al Meta y Casanare de la mano de La llanerita; solo así descubrimos que ella le habla a Rafael de los potros y el cantor ensaya una metáfora: “yo soy su potro y ella mi potranca”. En ese mismo canto menciona a “las yeguas cuando paren en los Llanos”.

No es que el maestro ignore a los animales. Animales abundan en su obra: vuelan muchas palomas, gorjean algunos turpiales y desfilan el toro que deja huella en los playones, el ya mencionado perro de Pavajeau, el tigre de La María, el gavilán cebao, la mariposa urumitera, el novillo cuya carne añoran los estudiantes del Liceo, la golondrina “que nadie sabe a dónde va”. No faltan animales mágicos: procedente del río Orinoco llega “el caimán encantado que vuelve a uno loco” y, procedente del Amazonas, “la piraña de bellos colores” que se come a la gente (El arco iris). No falta siquiera el prosaico invertebrado con ganglios dispuestos en serie longitudinal y cubierto por un tegumento blanco sin caparazón. Es decir, aquel gusano que se comió el arroz “y no me queda con qué responder”.

Como buen vallenato, los gallos de raza formaron parte de su vida y aparecen citados con frecuencia en su obra. En Los tres monitos (también conocido como La nostalgia de Poncho) relampaguea una alusión a las peleas de gallo que tanto gustan a Poncho Cotes, pero no se recrea con descripciones detalladas ni alabanzas a determinados ejemplares, como lo hacen los cantos de Adolfo Pacheco. Sí hay referencias metafóricas: López es el pollo, el general Torrijos es “el gallo panameño pa’ enfrentárselo a los gringos”. Resulta frecuente, por lo demás, que Escalona oculte tras un animal un personaje. Sabemos que ‘el gavilán cebao’ era un cura apasionado por las muchachas y que el tigre de La María usaba cotizas.

No hay duda de que el consentido de Escalona es el armadillo. El compositor dedica varios cantos al jerre-jerre, hasta el punto de que este animal con aspecto de carro blindado es uno de los más simpáticos protagonistas de la teleserie inspirada en sus cantos. Su imagen constituye el símbolo de la marca de sombreros que dejó Escalona.

Cuando le pregunté a Taryn, una de las hijas de Escalona, si su taita tenía alguna mascota pechichona, me contestó que no, pero que sí. «A mi papá poco le gustaban los perros y gatos; ni en la finca tuvo. La única mascota que le conocí fue una lagartija, Nicolás Lagartija, sobre la que escribió un cuento y que murió, según él, porque se sentía en cautiverio».

Desde tigres hasta gusanos y desde caimanes hasta palomas: de casi todo hay en el bestiario escalonense. Sería interesante averiguar por qué no aparecen en él algunos de los animales más cercanos al hombre, más cotidianos y más sencillos de la creación. Pero al cabo de tantos rugidos, píos, quiquiriquíes, relinchos, arrullos y mugidos, es hora de que hagamos silencio. Así que, como “la errante golondrina, ya me despido: adiós, adiós…”.     

Acerca del Libro

Fue creado, desarrollado y editado por la Fundación Rafael Calixto Escalona Martínez y el apoyo de la Gobernación del Cesar. La idea original fue de Taryn Escalona Gil, hija del compositor. Está ilustrado con fotografías de Rafael Escalona Bolaño y archivo familiar de la familia del músico. Escriben en él: Juan Gossaín, Natalia Springer, Alberto Salcedo Ramos, Hernán Urbina Joiro, Vicente Silva Vargas, Miguel Barrios Carrillo, Juan Manuel López, Daniel Samper Pizano, Daniel Coronell, Taryn Escalona Gil, Ernesto Samper Pizano y Rosa Rosado Quintero. 
 

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