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Latitud 19 de Junio de 2016

El lado B de la música

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Laura Camargo
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La historia de la música en el litoral Caribe colombiano ha estado marcada en estas últimas décadas por talentosas y carismáticas figuras como Joe Arroyo, Diomedes Díaz, Shakira y Carlos Vives, por nombrar apenas algunos. Su mensaje y su sonido han trascendido en el imaginario popular y hacen parte de nuestras vidas, además de ser siempre recordados en épocas de carnaval y momentos de parranda.   Pero existe otra cara de la movida costeña reciente –una especie de lado B del casete–, o del lado B de la música, y me refiero al circuito de músicos independientes que en ciudades como Barranquilla y Santa Marta han sabido traducir las preocupaciones y sentimientos de su generación, fusionando ritmos propios del folclor tradicional con géneros extranjeros como el rock, el pop y la música electrónica.

Tal escena, por algunos llamada under (oculta), también ha tenido a sus propios protagonistas, cuyas canciones han llegado a ser conocidas y vitoreadas por un público ávido de nuevas propuestas, de sonidos tropicales más atrevidos y contemporáneos. Estos artistas han sido especialmente apreciados por los más jóvenes y por el público extranjero, que los ha conocido gracias a la magia de internet y que ha sido cautivado por su originalidad y frescura. Ya a comienzos de los 2000, empezaban a cocinar sus propuestas personajes como Humberto Pernett, Walter Hernández (Systema Solar), Li Saumet (Bomba Estéreo) y José Rebimbas (Cielito Drive, Monoplónicos y Son Broders), todos ellos hoy referentes de la movida alternativa surgida y nutrida en la Región Caribe.

Para ahondar un poco más en la historia de este fenómeno, entrevistamos a uno de esos personajes icónicos, José Rebimbas, o José  Re, como le dicen muchos. Él se hizo popular en esa incipiente escena con temas como Pregón caribe con feeling para ti –más conocido entre su público como 100 pesos– que es, por cierto, una canción perfecta para conocer sus comienzos. En el video promocional de aquel sencillo, grabado en el Centro barranquillero, es posible apreciar escenas típicas de la ciudad, así como camuflado el humor y una pegajosa melodía con la que José aprovecha para hacer críticas sociales: la inflación, excesos del mundo de la publicidad y la confusión que vivía una generación joven marcada por la falta de oportunidades.

Desde entonces y hasta ahora ha transcurrido más de una década y José Re sigue en la escena. Algunas veces más visible y activo que otras, pero siempre creativo e inquieto, con una gran franqueza e irreverencia, moviendo los hilos detrás del under, atreviéndose, en compañía de sus amigos, a incursionar en géneros no tan convencionales para el oyente promedio en Colombia.

«Yo nací en Caracas y recuerdo que a mis cinco años tenía mucho interés por la música y los instrumentos. Mi interés motivó a mi madre a comprarme un cuatro llanero y desde ahí empezó mi aventura. Con el cuatro tuve mi primer acercamiento a hacer canciones y desde entonces no he parado, tuve lapsos en que dejé de tocar entre la mudanza de Venezuela a Colombia, pero al llegar acá empecé a darle a la guitarra, toda una nueva experiencia, un mundo de posibilidades. Mi primer proyecto lo conformé a los 16, se llamaba Alicia, inspirado en la banda Alice In Chains; no duró mucho, pero alcanzamos a grabar un demo que para ese entonces programaba Andrés Güette en Uniautónoma. Después de eso conocí a Jorge Quintero, un pelao muy talentoso y con quien tenía muchos sonidos en común, ambos estudiábamos en la U. Autónoma y formamos Cielito Drive. El nombre estaba inspirado en un documental que habíamos visto por esos días sobre Charles Manson. Con esa banda empezamos en un carnaval, tocábamos en los buses Yoryi (Jorge) y yo canciones propias como 3.000 coletos y Quién tiene la pelota, así como algunos covers de Manu Chao. Después, Yoryi me presentó a quienes conformarían la banda hasta la fecha, Mauricio Barranco y Diego Villabona, ellos para ese entonces tenían una banda de punk llamada Peter Pan. Con Cielito Drive es el proyecto que más he compuesto».

José parece conocer de cerca las dificultades que supone el dedicarse a hacer música alternativa en Colombia. Entre muchos otros factores destaca la poca receptividad por parte de algunos gestores culturales que parece forzar a los artistas a encontrar la forma de autogestionar sus eventos y demás emprendimientos. Al preguntarle cómo es el intentar armar una fecha para tocar en Barranquilla, entre risas y preocupación, nos contesta: «¡Es un viaje! Muchos amigos me maman gallo diciéndome que escogí el género equivocado al dedicarme a la música que hago y haciendo referencia al reguetón o el vallenato como ‘el camino fácil’ o ‘del éxito’. Lógicamente, en una ciudad como Barranquilla es más rentable tocar cualquier género menos rock, jazz o música clásica. Aquellos diría que son los géneros más marginados. La región está en todo caso pasando por un momento muy bello, hay muchos proyectos y la ciudad está adquiriendo un nivel muy bueno, pese a que todavía le faltan muchas cosas: en particular más formación de público y más espacios. Los circuitos acá están monopolizados, así que si eres amigo o tienes intereses en común con los promotores te incluyen en las fechas. Y por el contrario, en caso que no llegues a tener una media o buena relación con los programadores, literalmente harán lo que esté a su alcance para negarte oportunidades. Y a pesar de todo, el trabajo de muchos artistas durante años hace que hoy en día haya mucha diversidad».
Considera que los espacios para tocar son pocos, para algunos termina siendo más fácil «armar una moña» y tocar covers que desarrollar su proyecto con material propio. “Cuando armo una fecha lo hago porque quiero tocar y yo mismo consigo desde el lugar hasta los recursos técnicos. Por lo general siempre hay que invertir, y no siempre se gana, pero a mí me hace feliz y los pocos que van quedan superfelices, así que vale la pena. A veces salen eventos grandes a los cuales nos invitan a tocar, algunos porque quieren apoyar la banda y otros por necesidad».

Frente a esa situación desfavorable, conversamos sobre posibles cambios o acciones a implementar y esta es su reflexión respecto de lo que falta en la escena para los artistas emergentes: «Hace falta más espacios, más inversión, tanto de la empresa privada como pública (para las nuevas sonoridades sobre todo). También más apoyo de la gente, pero para que esto pase debe haber más igualdad; en general hacen falta muchos aspectos de la sociedad. Una persona que no tiene para desayunar no te va a pagar 10, 20 o 30 mil pesos por ir a ver un show en vivo. Necesitamos, además, que la gente que tiene monopolizada la cultura con el folclor y el vallenato le dé más cabida a las demás propuestas del ecosistema sonoro de la región».

Rebimbas señala además que algunas emisoras les cierran las puertas de entrada, aunque hay quienes están prestos a dar a conocer su música, como las emisoras universitarias. Destaca especialmente a Radiónica y Vokaribe como las estaciones que más compromiso han tenido con los nuevos artistas regionales. En cuanto a los temas que más lo motivan a escribir su música menciona los siguientes: «La pobreza, la desigualdad y todo el rollo de la venta de los recursos y bienes del Estado me traen rayado desde siempre, así como el tema del abuso policial. De un tiempo para acá en mi música hablo más de mí y de cosas personales, pero de cuando en vez le dedico un tema a otros asuntos».

Así mismo, la paternidad es otro tema recurrente al momento de inspirar sus canciones, y a su vez es una situación que lo hace cuestionarse la manera en cómo son criadas las actuales generaciones. «A mi hijo le he compuesto muchos temas, él me inspira de maneras desproporcionadas. De hecho, tenemos un proyecto llamado Marte y Remolino. Está en preproducción y en algún momento de este año verá la luz. Cuando veo a mi hijo a los ojos recuerdo la importancia de no dejar de ser niños de espíritu. Por ejemplo, todos nacemos con dotes para las expresiones artísticas y lastimosamente en el colegio y en las casas no se apoya a los niños, ahí es cuando muchos toman caminos que luego lamentarán. Pero bueno, algunos dicen que ‘el jefe manda aunque mande mal’. A mi hijo lo apoyo desde la barriga, y creo que la estimulación se ha visto reflejada en su inteligencia y es sus habilidades musicales».

Volvemos luego a hablar de su música, y José aborda sus planes futuros con Cielito Drive, confirmando que están preparando su tercer álbum titulado Pasado prometedor, disco que describe de la siguiente forma: «Cronológicamente debió ser el primero,
pero es el tercero y pronto estará el primer sencillo al ruedo. Son los temas viejos,

pero con el sonido de la banda ya madurada con los años (risas). Y bueno, el esperado tributo a Diomedes Díaz, ya se viene, ya se viene… Y está tremendo».

De cualquier modo, más allá de ser un vasto conocedor del panorama cultural, y debido a la gran cantidad de proyectos e ideas que ha liderado a nivel local, José se ha convertido en una suerte de hombre de las mil bandas. Hace poco empezó a ser conocido otro proyecto del que hace parte: Los Monoplónicos. Hablando con él de ese asunto, nos cuenta: «Alguna gente me vive diciendo que el que mucho abarca poco aprieta. Y yo no los entiendo. A mí me apasiona tocar y estar produciendo, y lo hago. Nunca me detengo y siempre estoy creando, haciendo colaboraciones y moviendo los proyectos. Aunque no es fácil, no es nada fácil estar metido en varias cosas, yo lo disfruto demasiado. Y ahí va cada proyecto en su proceso, andado a paso lento, pero firme.

Monoplónicos es otra banda de la cual hago parte, el líder del proyecto es Ricardo Orozco,

es llave mía del colegio y siempre soñamos con armar una banda, no fue sino hasta hace unos años que él empezó este proyecto. Yo entré tocando el piano, pero terminé en la batería, y estamos muy contentos porque la gente nos ha recibido con mucho cariño y
pronto sacaremos un EP».

Otro proyecto del que hace parte José es Son Broders. Llama la atención lo bailable de las canciones de ese dúo, aunque aún encierran cierta melancolía o ánimo reflexivo. Él ríe cuando menciono que tal vez lo cadencioso de aquellas melodías puede lograr que su música tenga un mejor impacto en el público costeño, a lo que agrega: «El otro día hice un Tutifruti (un festival medio clandestino que vengo manejando hace años) para darle espacio a lo que hago y a lo que hacen amigos; sonamos Exhausto, el primer sencillo del disco, y el chico que estaba haciendo la ingeniería del evento me pregunto: ‘Hey, ¿qué es eso? ¡Suena muy bueno!’ Yo solo me reí. Después me dijo: ‘¿Eres tú? Nojoda, está genial’. Y pues la gente estaba como bailándola, así que vamos a ver qué pasa...»

Cuando le pregunto por sus planes de llevar esa nueva propuesta al exterior me comenta: «A veces pienso que nadie es profeta en su tierra, eso me ha tocado vivirlo full con Cielito, pero por lo visto a los Son Broders les va a ir mas chévere. Además de que su sonoridad es más ‘alterlatina’ (alternativa latina) y el formato pequeño, es más fácil mover la propuesta. La idea es tocar afuera, conocer otros sitios y otros públicos, creemos que afuera a menudo valoran más la música, vemos el caso de muchos artistas colombianos que están girando full afuera, como Frente Cumbiero, Mitú, Bomba Estéreo y Systema Solar, entre otros».

También me adelanta, con optimismo, que con los Son Broders está en planes de publicar un álbum para mediados de este año. Se despide siendo realista y haciendo gala de su humor: «Hay que seguir abriendo espacios. Aunque las cosas no son fáciles cuando además de músico te toca ser mánager, publicista, aguatero, ingeniero, recogecables, productor, el que hace los videos... y la lista sigue». 

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