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Latitud 12 de Abril de 2014

El hijo del Cañaguate

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Alonso Sánchez Baute

Enero de cañaguates florecidos en Valledupar. Ventea una brisa fuerte que ayuda a soportar el desafiante calor de las tres de la tarde. Aníbal Martínez Zuleta me recibe, muy juvenil y elegantemente vestido con pantalones verdes y mocasines cafés, en la biblioteca de su casa de la que resalta, entre textos de derecho, su gusto por la literatura clásica, mientras el resto de paredes está tapizado con originales de –entre otros– Alejandro Obregón y Álvaro Barrios.

Próximo a cumplir los 90 años, su voz sigue siendo clara y recia, mientras que su rostro luce alegre y radiante. “Tengo el entusiasmo de la creación de la Región Caribe y estoy feliz porque se celebró aquí en la ciudad un congreso entre los gobernadores de la costa, quienes están de acuerdo con esta idea, que vengo trabajando desde hace doce años”.
Como Richard Nixon quien –20 años luego de haber renunciado a la Presidencia de EEUU por cuenta del escándalo de Watergate–, se convirtió en uno de los estadistas de mayor respetabilidad mundial, Martínez Zuleta, condenado hace varias décadas por delitos contra la administración pública luego de una sonada controversia con Consuelo Araújonogera, es hoy una de las voces autorizadas de Valledupar.

No en vano fue el segundo alcalde de elección popular de los vallenatos, una de las administraciones más recordadas por haber gestado  la mayor reforestación de la ciudad a partir de avenidas como la de Los Trupillos; y planificar la ronda del río Guatapurí, convertida hoy en zona de salud y recreación.

Además de buen humor, conserva una memoria de excepcional lucidez, capaz de devolverse hasta los vericuetos de su niñez y de las pocas calles que para entonces cruzaban el Cañaguate –donde nació–, El Cerezo, el Centro, La Guajira y La Garita, los únicos barrios con los que contaba Valledupar, una ciudad que, en menos de un siglo, pasó de tener dos mil a quinientas mil almas.

Fueron contados los vallenatos –Rafael Valle Mesa, Ciro Pupo Martínez, Clemente Quintero– que en ese entonces abandonaron el pueblo hacia el interior del país, un trayecto que con frecuencia tomaba dos o tres días, contando con el pésimo estado de la carretera hasta Barranquilla y la oportunidad de que el avión a Bogotá saliera a tiempo. La mayoría de amigos de su generación, hijos de terratenientes dedicados a la ganadería, no dieron importancia a la educación superior. “Yo le rindo un culto tremendo a mi abuela, quien era lavandera y siempre dijo que nosotros teníamos que estudiar. Primero mandó a mi hermano mayor a Bogotá, quien se graduó como médico laureado; luego partí yo, al terminar el bachillerato en el Liceo Celedón”.

Al llegar a la capital, el primer vestido que tuvo fue un préstamo de su amigo y paisano José María Castro Palmera, quien fuera confidente y socio de Alfonso López Michelsen y uno de los vallenatos más importantes en toda su historia. “Estudié en la universidad al tiempo que trabajaba. El 9 de abril trajo como consecuencia la unión liberal y a Pedro Castro Monsalvo lo nombraron ministro. Su hermano Juancho, que era el más político de ellos, me quería mucho y me consiguió un trabajo en el Ministerio. Me tocaba empacar los libros y la correspondencia para luego llevarla al correo en una especie de carretilla, pero yo prefería cargar los libros al hombro porque si aparecía una persona conocida podía esconder la cara. Tan pronto pude me compré un vestido de paño: en la mañana vestía como lord y en la tarde era un jornalero”.

En su paso por la facultad de Derecho de la Universidad Nacional, las dificultades económicas lo obligaron a convertirse en buen estudiante como una manera para lograr ser becado durante toda la carrera. “Además, sin quererlo, conseguí un padrino increíble, el doctor Gustavo Orjuela Hidalgo, un procesalista muy severo que un día me encontró discutiendo con un teniente de la Policía que decía que los costeños éramos delincuentes y amigos del contrabando. Le contesté que, siendo él boyacense y chulavita, debía ser asesino. El doctor Orjuela me mandó a callar y yo seguí peleando, de modo que me retó para rajarme en los próximos exámenes. Pero yo me dije: ‘Usted a mí no me raja por nada’, y eso me obligó a estudiar mucho. Y así fue: me calificó con 4.5”.

Ese mismo profesor luego lo hizo juez Municipal de Bogotá y, más adelante, juez de circuito. Ocurrió en la época de los grandes oradores penalistas del país y él aprovechó para darse a conocer a nivel nacional, a través de las audiencias públicas, en casos de repercusión en la prensa y la televisión como el del célebre Pájaro Azul, aquel delincuente a quien nadie se atrevía ni a defender ni a acusar. “Yo le dicté auto de detención y eso aumentó mi prestigio en Bogotá”, afirma orgulloso.

La política
Otro que lo ayudó en su carrera, esta vez sin conocerlo, fue Alberto Lleras Camargo al nombrarlo, primero, en el equipo de jueces y magistrados que adelantó el proceso luego de la caída de Rojas Pinilla y, luego, como secretario de Gobierno del Magdalena. De esa época su memoria archiva otra anécdota que lo ayudó en su ascenso como figura pública:

“Nacho Vives era un hombre inteligente y brillante. Tenía un movimiento muy antiguo y fregado en Santa Marta y se le metió que tenía que tumbar al alcalde de Santa Marta, una persona muy distinguida en la ciudad. Nacho tenía atrincherado detrás del ferrocarril a entre siete y diez mil personas dispuestas a todo, alimentados con ron Caña. Al otro lado estaba el Ejército con ametralladoras, dispuestos a hacer respetar la decisión del gobernador, a quien ese día le dio una diarrea y le tocó pedir licencia, encargándome a mí de semejante problemón. Le pedí a mi escolta que me acompañara a hacerle una propuesta a Vives. Le dije: Si quieres, me puedes matar, pero eso no va a favorecer tu vida pública. Mi propuesta es que te dejes poner preso y con eso aumentas tu prestigio. Lo discutió con sus aliados. Estuvo preso durante unos cuatro meses y salió heroico porque el alcalde terminó renunciando”.

Este evento lo catapultó a la política, abandonando para siempre el Derecho. Su nueva carrera la comenzó siendo diputado y, luego, una y dos veces representante a la Cámara por el Magdalena. Eran finales de los sesenta y en Valledupar cada vez crecía más la idea de la creación de un nuevo departamento. El pueblo entero se alió en esta gesta, trazando estrategias y desbordando simpatías. La casa de Carlota de Baute, donde vivían Alfonso Araújo Cotes y Lucho Alonso, se convirtió en un fortín del MRL, el movimiento liderado desde Bogotá por López Michelsen. Sin medios periodísticos ni recursos económicos, luego de las ponencias favorables de Luis Eduardo Adamo y Germán Bula Hoyos, el Cesar se alzó como nuevo departamento, un éxito que se completó con el nombramiento de López como su primer gobernador.

“Tuvimos el gesto, no digo de grandeza pero sí de desprendimiento, de que la Gobernación –que le correspondía a cualquiera de nosotros– se le entregara a él. Eso nos permitió nacer con un padrino muy importante”. Martínez Zuleta fue elegido otras dos veces representante a la Cámara, esta vez por el Cesar, antes de asumir como Contralor General de la República, cargo que ocupó durante los períodos de López Michelsen y Turbay Ayala.

Pérdidas familiares
No toda su vida ha estado cubierta de triunfos y sonrisas. En un accidente de autos, en 1971, murió Raúl, su hijo mayor. “Estudiaba en el colegio y había alcanzado buenas calificaciones. Como premio le regalé un BMW. Un día se pasó de tragos. Tenía 16 años pero era brillante y lo querían mucho porque era muy atento y cordial. Le gustaba la política y era buen orador”. Su vida cambió por completo a partir de esta pérdida. De hecho, es el único tema, a lo largo de la entrevista, que Martínez Zuleta intenta pasar por alto, dejando claro que su recuerdo todavía lo afecta. “Quedé impotente, no podía ni siquiera caminar. Ha sido el golpe más duro recibido en mi vida. Luego se me mataron los otros dos hijos varones y la guerrilla secuestró a mi hija María Cleofe. Pero nada me afectó tanto como la muerte de Raulito”.
A pesar de que hoy lo rodean su esposa Ana Julia, sus cuatro hijas, sus doce nietos y dos bisnietos, y de que los golpes y las tragedias han ayudado a hacer de la suya una familia muy unida, admite cierta soledad: “No tengo un hijo varón, ese que uno aspira que siga sus pasos. Y es claro que todavía me hace falta, incluso para los quehaceres de la finca, pues ya yo estoy muy cansado”.

Lo que opina sobre:
El Cesar y Valledupar
*En la Gobernación hay un muchacho juicioso, estudioso, pero la que manda es la mamá. La felicito por su empuje, pero ella debe reconocer que carece del conocimiento o de la experiencia de un profesional, o de expertos en el manejo de lo público, para la planificación o la organización del presupuesto.

*A Fredys Socarrás lo elegimos alcalde bajo el criterio de que, como cañaguatero, es un vallenato raizal. Ha hecho buena imagen ante los medios en Bogotá, pero ha descuidado las necesidades de la ciudad. En dos años de gobierno no hemos visto nada de lo que prometió… Ni de lo que sigue prometiendo, pues al parecer sigue en campaña.

*No nos sirvió la experiencia de la quiebra del algodón. A la ciudad está llegando demasiada gente y todo está muy acelerado, sin planificación. Si vas a la Gobernación, a los bancos, a la Alcaldía no conoces a nadie. Eso tiene de bueno como de malo. Me preocupa terminar perdiendo la idiosincrasia, las costumbres, la moral del ente vallenato.
*En el tema de la construcción, hay un desarrollo incontrolado, que crece como espuma pero del que luego solo quedará la burbuja.
*Si se presentara algún problema en el tema del carbón, ¿cómo se solucionaría el problema de desempleo de toda esa gente?, ¿quién compraría todos esos apartamentos que, masivamente, están construyendo?
*Valledupar es una ciudad amable. Diría que la más alegre y hospitalaria del país. Es también la más arborizada. Sin embargo carece de parques. No hay planes adecuados, ni a pequeña ni a larga distancia. Para colmo, el río Guatapurí ya no existe. Su caudal se está contaminando. Con el crecimiento desbordado de la ciudad, que incluso ya cuenta con área metropolitana, ¿de dónde saldrá el agua para prestar ese servicio?

*Aquí es alcalde el que tenga la plata para comprar los votos. La gente vota si le dan los $20.000. Hago un llamado a los que ya estamos viejos para evitar la compra de votos. Hay que ponerse de acuerdo para trabajar de manera unida, como hacen los antioqueños.

El Gobierno nacional y las próximas elecciones
*Voté por Santos. Es un hombre de una audacia peligrosa. No sé hasta qué punto sea aconsejable su reelección. Si se consigue la paz, maravilloso, pero no creo que se dé porque ya la guerrilla ha hecho metástasis con unos movimientos similares.

*No me gusta que haya esa laxitud con respecto a la guerrilla luego de haber cometido delitos de lesa humanidad. Uno de los graves problemas del país es la falta de justicia, la impunidad, la corrupción de la justicia y el problema de la salud. Mientras esos puntos no tengan soluciones de raíz, el país no va a salir del atolladero.

*Con Santos, el Gobierno nacional volvió a olvidarse de las regiones, a darnos la espalda preocupándose tan solo por el entorno de la Plaza de Bolívar y del Country Club... es que la burguesía de Bogotá es muy tragona, tal cual lo estamos viendo con las regalías.

*El error más grande que está cometiendo el presidente es establecer una legalidad electoral para la guerrilla. Está corriendo las fronteras, va a modificar el código electoral para hacer factible que ellos vayan al Congreso de la República. Es lo que ellos estaban pidiendo: territorio. ¡Eso es gravísimo! Tampoco sabemos lo que les está entregando con tal de hacerse a la reelección. Y eso asusta mucho. El presidente está demasiado comprometido con tal de quedarse en el poder”.

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