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Latitud 29 de Noviembre de 2015

Doscientos años de Manuel María Madiedo

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Manuel María Madiedo, escritor del Caribe colombiano de principios del siglo XIX.

Roberto Montes Mathieu

Este año se cumplen dos siglos del nacimiento del escritor cartagenero, autor de la novela ‘La maldición’. Aquí, un texto sobre una de las más destacadas plumas del Caribe en el siglo XIX.

La vida de Manuel María Madiedo (1815-1888) fue una tragedia de principio a fin. Su madre lo llevaba en el vientre, en Cartagena, cuando el ‘pacificador’ Pablo Morillo sitió la ciudad durante ciento veintinueve días, entre el 20 de agosto y el 6 de diciembre de 1815. La tercera parte de la población murió. Los sobrevivientes debieron comer carne de burro, gatos, ratas, cuero y beber orines y agua descompuesta. En ese ambiente nació el futuro escritor el 14 de septiembre, y todavía no hay una explicación clara de cómo pudo sobrevivir entre la escasez, la podredumbre, pestes, animales rabiosos, violencia, bombardeos y disparos. ¿Cómo pudo alimentarlo su madre y mantenerlo vivo? Su padre Fermín Madiedo, defensor de la ciudad, huyó con un grupo de patriotas cuando esta cayó, pero los españoles lo persiguieron hasta Momil, población indígena zenú en el hoy departamento de Córdoba, donde lo asesinaron.

Madiedo perdió a su madre a la edad de cinco años. Su familia, aunque empobrecida por las guerras de independencia, lo envió a estudiar a Estados Unidos, donde permaneció durante más de diez años. Regresó en 1832 y continuó los estudios en la Universidad del Magdalena, al tiempo que se iniciaba en el periodismo. Viajó a Bogotá, al Colegio de San Bartolomé, relacionándose con José Eusebio Caro. Ingresó a la Universidad del Rosario y se recibió de abogado en 1839. En la facultad de Derecho fue discípulo de personalidades como Ezequiel Rojas, autor del programa del Partido Liberal que publicó en 1848 en el periódico El Aviso; Florentino González, tratadista y político, uno de los fundadores del Partido Liberal; Salvador Camacho Roldán, historiador, jurista, político y diplomático, y Francisco Javier Zaldúa, presidente de la Convención de Rionegro en 1863, entre otros. Se casó con Bárbara Lezama, cofundadora del Colegio La Merced, con quien tuvo varios hijos, entre ellos a Manuel Justino, motivo de otra de sus desgracias.

En el teatro Santafé de Bogotá, conocido como El Coliseo, inició su vida de escritor el 25 de julio de 1835 con un grupo de actores aficionados dirigidos por Romualdo Díaz, que monta su tragedia Lucrecio, o Roma libre. Un artículo publicado en el periódico El Constitucional, de Cundinamarca, resumió así aquella presentación: «Por último, señores editores, diré a ustedes que anoche vi una tragedia de aficionados, titulada Lucrecia, o Roma libre. Los jóvenes que la representaron están adornados de talento y buenas disposiciones, y si hubieran tenido más ensayos, habrían hecho algo más en favor del autor, siendo verdad que la composición de éste tampoco brindaba a aquéllos campo para lucir. Sin embargo, sus elegantes y costosos vestidos, su laudable afición y el naciente talento del compositor de 19 años exigen que se tenga indulgencia con el uno y con los otros».

Se radicó en Honda en 1840 y combatió la rebelión liberal. Considerado ministerial, ocupó puestos públicos en los gobiernos de Pedro Alcántara Herrán, 1841-1842, y de Tomás Cipriano de Mosquera, 1845-1849. Se desempeñó como Juez Letrado de Hacienda de la provincia de Mariquita e Interventor de la Administración de Tabaco. Mosquera lo nombró gobernador de Neiva.

En 1849, tuvo una dura polémica con José María Samper, quien defendía la candidatura a la Presidencia de José Hilario López, 1849-1853, que registra en su novela Historia de un alma, donde, entre otras cosas, dice que Madiedo estuvo implicado en un duelo que lo obligó a trasladarse con su familia a Ibagué. Sin embargo, López lo nombró Fiscal del Tribunal Superior de Neiva. En 1852 encabeza la proclamación del radical Manuel Murillo Toro como candidato a la Presidencia, enfrentado a José María Obando, 1853-1854. Durante la administración de Mallarino fue primer designado a la gobernación de Mariquita, provincia de mayoría liberal. Dos años después, el gobernador de Cundinamarca, Joaquín París, conservador, lo nombró prefecto entre 1857 y 1858. En noviembre de este año fue candidato a la Asamblea departamental por el Partido Liberal. José María Rojas Garrido, radical, se enfrentó a Ramón Mercado, draconiano. Madiedo, como draconiano, redactó el documento de apoyo a la candidatura de Mercado, que circuló el 5 de febrero de 1859, donde critica el radicalismo en la misma forma que aparece en su libro Ideas fundamentales de los partidos políticos. Al unirse las dos facciones, Madiedo estuvo al lado de Murillo Toro. En 1856, siendo candidatizado al Senado por liberales y conservadores, maniobras oscuras, a las que siempre estuvo sometido, le frustraron la posibilidad de ser legislador.

RETRATO
Juan Francisco Ortiz, en su columna “Observaciones de viaje a la provincia de Antioquia”, en el periódico El Día, nos da este retrato del escritor: «El joven Madiedo es de una figura distinguida. El color de su rostro, moreno sonrosado; sus grandes ojos negros y su ancha frente animan su fisonomía y revelan su inteligencia superior; su cabellera poblada y la barba crecida hermosean tan varonil figura. Cuando habla (y es de saberse que habla mucho y habla bien) muestra dos hileras de dientes muy blancos. El acento de su voz es algo semejante al de los habitantes de Cartagena, de cuya ciudad es oriundo. Su estatura no es grande, ni pequeña; sus movimientos son fáciles, su acción desembarazada, y su conversación muy divertida».

Alguien que estuvo muy cerca de él, Manuel de J. Barrera, destaca las cualidades propias de Madiedo en el prólogo que le escribió para Ecos de la Noche: «Mirado bajo su faz enteramente personal, el señor doctor Madiedo es un sujeto de muy apreciables cualidades: posee ideas altamente liberales y filantrópicas. En nuestras conversaciones familiares, me ha manifestado muchas veces su deseo de que en todas las sociedades humanas hubiera corporaciones destinadas a intervenir en todos los disturbios domésticos». Dedicado a la profesión de médico homeópata, su botiquín está siempre abierto para todos los pobres. Viendo yo su franca liberalidad le dije en una ocasión: «Pero, doctor, siendo usted pobre y prodigando de balde los medicamentos, llegará el día en que se le agoten», y él, mostrándome el cielo con la mano, repuso: «Amigo, allá está quien nos provee». Su bolsa casi siempre vacía no ha contenido a veces más que una moneda, que ha puesto en manos del primer mendigo que nos hemos encontrado a nuestro paso».

MADIEDO PERIODISTA
Fue periodista combativo desde que se inició a los 18 años en Cartagena en Veteranos de la libertad. Colaborando en La Imprenta y La Voz del Tolima, Ibagué; La Libertad, de Medellín; El Matricario, de Popayán; La revista Municipal, de Zipaquirá; El Comercio, de Cúcuta; El Día, El Neogranadino, La Biblioteca de Señoritas, La Civilización, El Pasatiempo, La Voz, La Voz de la Patria, La Voz del Pueblo, El Catolicismo, El Investigador Católico, La Patria, La Patria Colombiana, El Correo de los Estados, El Monitor Industrial, La Ilustración ( fue director en 1870), La Prensa, El Porvenir, El Conservador, La Alianza, La Palabra y Papel Periódico Ilustrado, de Bogotá. Los seudónimos que utilizó fueron: Cachifo, Cachiporro, Dademio, Deidamo, Lidos, Periquito, Uriel, Venecio y Zurriago.

LIBROS DE MANUEL MARÍA
Su primer libro publicado, Poesías precedidas por un tratado de métrica (1859) o simplemente Tratado de métrica, resalta la sensibilidad por la naturaleza y el amor por la poesía y la filosofía y el espíritu religioso que lo embargaba. Contiene el romance endecasílabo, “Al Magdalena”, uno de los primeros que le hacen al río y que identifica a su autor.
Ideas fundamentales de los partidos políticos de la Nueva Granada (1859), estudia lo que se llama la escuela conservadora, la escuela liberal y la secta radical, esta última como un grupo iluso y antipopular que deja a la sociedad sin protección o control del Estado, lo que afecta a los sectores más débiles. Los estudiosos del fenómeno social creen encontrar en este libro el origen de la opinión de que la independencia defraudó las esperanzas del pueblo, porque los criollos lo que hicieron fue reemplazar al explotador español sin que las cosas cambiaran. Coincide con él Indalecio Liévano Aguirre en Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia (1966).

Tratado de crítica general (1868) son reglas claras y precisas con técnicas y métodos de investigación sobre crítica, política, crítica forense y crítica literaria. Nuestro siglo XIX (1868), colección de cuadros de costumbres publicados por entrega durante dieciocho meses, 1841-1843, en La Prensa, sobre Bogotá, Mompós y la Costa Caribe: una pelea de gallos, un baile en Cartagena, viajes por el río Magdalena, la educación de las mujeres…

Ecos de la noche (1870), miscelánea de artículos sobre filosofía, ciencia, literatura, traducciones del inglés y del francés, principios morales, asuntos económicos, poesías y abundante material de carácter religioso.

Tratado de derecho de gente (1874), sobre derecho internacional público y consular, donde justifica la retaliación en la guerra o en conflictos civiles cuando el enemigo ejecuta actos de ferocidad o barbarie. La represalia era el único medio para imponer orden y «refrenar los malos instintos».

Especial mención merece La ciencia social o el socialismo filosófico, derivación de las grandes armonías morales del cristiano (1863), uno de los libros más importantes publicados por un autor colombiano, que convierte a Madiedo en creador del socialismo católico, en el que combina elementos liberales y democráticos con una fe religiosa y una posición favorable al pueblo y los proletarios, que lo define como socialista.

EL NARRADOR
Su importancia como narrador la encontramos en su novela La maldición, publicada por entregas en El Mosaico, entre septiembre 24 de 1859 y febrero 11 de 1860, la que para el investigador Antonio Curcio Altamar es «el primer intento de describir los paisajes y costumbres populares del Bajo Magdalena…». Transcurre en Mompós, entre los bogas, con sus tradiciones, supersticiones y leyendas, modo de vida y evocaciones de las batallas del general Hermógenes Maza contra los españoles. Se destaca la utilización del lenguaje oral costeño, que definiría la narrativa de nuestra tierra. La maldición fue recogida en libro en el 2010.

EL DUELO
Manuel Justino, hijo de Madiedo, contrajo matrimonio con Mariana Domínguez el 10 de febrero de 1865. Un tío de la novia, Leonardo Manrique, hombre violento y agresivo, se opuso a esa unión por considerar que la familia Madiedo era de inferior posición social. El día de la boda, no solo trató con desprecio al novio sino que lo insultó e irrespetó junto a su madre. Enterado Madiedo, que no estaba en el lugar cuando ocurrieron los hechos, buscó su arma y atacó a Manrique, propinándole tres balazos que le causaron heridas leves. Madiedo y su hijo fueron llevados a juicio y absueltos por un jurado de conciencia. El escritor pidió perdón en público al agraviado, incluso ofreció cruzarse de brazos para que Manrique le diera los mismos tres balazos que le había dado él. Manrique aceptó las disculpas pero le dijo que se cuidara porque lo iba a matar.

Después de dos años de ausencia de Leonardo Manrique en el exterior, al regresar empezó a perseguir a Madiedo, quien pidió protección a las autoridades. Citado ante un juez en el Palacio de San Francisco, antigua Gobernación de Cundinamarca, el 7 de abril de 1869 a las 12 del día, junto con Manrique, cuando este lo vio desenfundó su revólver y le disparó a Madiedo, y al errar el disparo corrió a protegerse detrás de una columna. Madiedo, lleno de valor, desconocido en un hombre tan pacífico, avanzó hacia la columna con su revólver en la mano izquierda. Manrique hizo otro disparo y lo hirió en un brazo. Madiedo, decidido, lo enfrentó detrás de la columna y casi a quemarropa le hizo dos disparos mortales. Manrique cayó al suelo y Madiedo le propinó dos disparos más. Llevado ante la justicia fue absuelto por haber actuado en legítima defensa. Cuenta su amigo Cordovez Moure que Madiedo siempre lamentó que aquello hubiera llegado a ese extremo. 


De izquierda a derecha, José Eusebio Caro, Pablo Morillo y Tomás Cipriano de Mosquera.

La maldición
Manuel María Madiedo
Es quizás la primera novela colombiana en la que el río Magdalena es protagonista. Apareció como primer título de La Biblioteca del Río.

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